sábado, 20 de enero de 2007

Reseña: Contra la gravedad

Contra la gravedad.

Gary Gibson.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

La Factoría de Ideas. Col. Solaris ficción # 82. Madrid, 2006. Título original: Against Gravity. Traducción: Raúl Campos Martín y Alicia Moreno Delgado. 345 páginas.

La novela comienza el 13 de octubre de 2096 y termina el 28 de octubre de 2096; 16 días frenéticos en los que al protagonista le dará tiempo de ir desde Gran Bretaña a los EE.UU, bajarse a Venezuela, volver a Los Ángeles y viajar al espacio. Son, en efecto, dieciséis días en los que le tocará vivir casi sin respiración (a veces literalmente) en busca de una serie de respuestas a preguntas que van surgiendo en el propio camino.

El comienzo es espectacular, con la afirmación de que al protagonista, Kendrick, le ha dejado de latir el corazón y sin embargo descubre que sigue vivo. Y a partir de ahí, comienzan una serie de peripecias en las que el engaño será su principal compañero, porque nunca sabrá a ciencia cierta si puede fiarse de las gentes con las que se va encontrando, ya sean viejos “amigos” o nuevos conocidos.

Intercalados entre esos 16 días, nos encontramos con una serie de flashbacks donde se nos contará la estancia de Kendrick en un lugar llamado el Laberinto, un complejo militar estadounidense situado en la selva venezolana, y donde se llevan a cabo macabros experimentos con nanotecnología en busca del soldado perfecto. Y es esta parte del pasado donde más falla la narración, con la descripción de unos experimentos dignos del Doctor Mengele, que nunca llega a estar claro en qué consisten, pero cuyos resultados se nos muestran un tanto inconsecuentes. Parece que el programa busca la supervivencia del más apto en una especie de Gladiadores Americanos en los que los sujetos víctimas de la experimentación tienen que enfrentarse por parejas en unos oscuros y cavernarios corredores donde sólo uno puede quedar vivo. Nunca queda claro cuál es el verdadero objetivo, cuáles son los resultados deseados, o si tan sólo se trata de llevar a cabo los delirantes y sangrientos deseos de algunos dementes científicos bajo el mando de un visionario y bastante loco presidente de los fragmentados Estados Unidos.

En la parte del presente (del presente de la narración, se entiende) la cosa mejora un poco, aunque sólo sea por el ritmo endiablado que el autor imprime a la trama. Kendrick se nos revela como un superviviente de el Laberinto, atormentado porque las mejoras nanotecnológicas que introdujeran antaño en su interior se han descontrolado y amenazan con matarlo si no encuentra antes un remedio o una cura que las expulse de su cuerpo.

Así, asistimos a un thriller de corte post-cyberpunk en que nuestro protagonista se verá impulsado por las circunstancias en una huida hacia delante que le hará descender literalmente a su particular infierno cuando se vea obligado a volver al Laberinto, lugar de sus más terribles recuerdos y el último sitio sobre la Tierra que desearía volver a pisar. Extraños compañeros de viaje se le irán sumando o quedándose por el camino, mientras se ve envuelto en una compleja trama en la que se ve mezclado un fuerte componente místico, proveniente de aquellos que ven algo más que un simple aumento tecnológico en la invasión nanotecnológica de sus cuerpos, con los intereses político industriales de aquellos que tan sólo quieren sacar tajada de los descubrimientos y al mismo tiempo cubrir sus huellas en tan infames experimentos.

Con una narración fluida, ágil y amena, el libro se lee en un suspiro, y se deja descansar tranquilo. Igual no produce mucho poso en el lector, pero tampoco es aburrido. No hay demasiadas cosas que “chirríen”, y aunque algunas de las acciones o comportamientos se nos antojen algo absurdas y traídas por los pelos, ¿no es cierto que en nuestro propio mundo existen muchas cosas absurdas que no alcanzamos a comprender por qué se llevan a cabo? No creo que fuera la intención principal del autor, o tal vez sísegún se nos cuenta en su biografía del final del libro, pero la novela, en medio de tanta aventura, también rezuma una serie de reflexiones críticas contra los totalitarismos en general, la experimentación científica descontrolada, el militarismo y los problemas de orden social, que hacen una vez más de esta clase de ciencia ficción un espejo donde reflejar en un futuro hipotético la realidad que nos toca vivir hoy en día. No trae soluciones, desde luego, pero igual sirve para remover un poco las conciencias. Lástima que quienes podrían aportar soluciones dudo que lean estos libros.