miércoles, 17 de enero de 2007

Reseña: La torre de la golondrina

La torre de la golondrina.
La saga de Geralt de Rivia, libro VI.

Andrzej Sapkowski.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Bibliópolis. Col. Bibliópolis Fantástica # 49. Madrid, 2006. Título original: Wieza jaskólki. Traducción: José María Faraldo. 336 páginas.

Con ésta alcanzamos ya la sexta entrega de la serie de Geralt de Rivia, brujo cazador de bestias y seres mágicos entre otras ocupaciones; aunque cabría preguntarse si se puede o se debería dar su nombre a un libro en el que el citado personaje tan sólo aparece como en un cuarto de las páginas, cediendo en el resto el protagonismo a otras personajes que han ido cobrando paulatinamente mayor importancia y que en esta novela se llevan la parte del león (Ciri, también conocida como Falka, sin ir más lejos; auténtico motor de la trama desde hace algún tiempo).

La serie de Geralt comenzó con dos libros magníficos, de imprescindible lectura por el aficionado a la Literatura Fantástica, en los que nos encontrábamos una serie de relatos sobre el personaje unidos por un pequeño hilo conductor, y que sirvieron para ir conociendo al brujo, al mundo en el que se mueve y a algunos de los ¿secundarios? que habrían de acompañarle con mayor o menos asiduidad a lo largo del resto de novelas. Sin embargo, esta estructura de cuentos enlazados se vio truncada a partir del tercer libro, ya que en el mismo empezaba una larga aventura, apuntada en alguno de los relatos anteriores, y que viene ocupando desde entonces al total de las siguientes entregas, cual de si una sola novela partida en trozos se tratase.

Y ahí reside la madre del “problema” que yo me he encontrado al terminar de leer esta Torre de la golondrina. Reconociendo que el libro destaca por encima de muchos otros de fantasía publicados actualmente, me queda el resquemor de que esta sexta novela tampoco es que me haya entregado demasiado contenido respecto a la resolución de lo que se venía narrando anteriormente. La trama, llena de giros y revueltas, de ir arriba y abajo, de cabalgatas y caminos, me da la impresión de que no ha avanzado en absoluto; estamos tan sólo un poquito más allá de lo que estábamos al final del quinto libro, y para ese viaje no hacían falta tantas alforjas.

Hemos asistido a más luchas, más persecuciones, más enfrentamientos, más muertes, más quiebros en las inestables alianzas, más amenazas, más guerra, más intrigas políticas, más giros sorpresa, más apariciones de personajes que creíamos desaparecidos para siempre, más… de lo mismo.

Si a ello unimos que la estructura narrativa del libro no está precisamente bien rematada, con una serie de flashbacks, de ir adelante y atrás en el tiempo de lo narrado sin especificar demasiado en qué momento de la acción nos encontramos, y con una mezcla de los puntos de vista de los personajes que van apareciendo que lejos de aportar una visión original a lo narrado, tan sólo contribuyen a crear una ligera confusión en la mente del lector… nos encontramos entonces con un libro que, al menos en sus intenciones, resulta fallido.

Quizá el problema resida en que es un libro que se disfruta mientras se lee, pero del que una vez terminado se constata que se esperaba más del mismo. Es lo malo de acostumbrarse a lo bueno.

Y no es un mal libro, no, en absoluto; es, si se me permite una analogía un tanto peregrina, como el que masca un chicle. Al principio, cuando lo metes en la boca y das el primer mordisco, el sabor es intenso; luego llega un momento en que el chicle todavía está bueno, pero no sabe como al principio, ha ido perdiendo alguna de las propiedades por la que nos gustaba tanto. Y hay que saber dónde dejar de mascar, antes de que tan solo tengamos en la boca un pedazo de goma con sabor a caucho. La saga de Geralt de Rivia venía pidiendo a gritos un final, un broche que cerrase todas las tramas y nos dejase un buen sabor de boca como el que nos venía acompañando hasta el momento. No ha sido aquí y todavía queda una entrega más, la séptima y, esta vez sí, última. Esperemos que retome el vuelo, que recupere el pulso, y la conclusión sea todo lo digna que se merece esta serie que tan buenos ratos nos ha hecho pasar.

Mención especial merece, como viene siendo habitual, la estupenda traducción de José María Faraldo, quien plasma perfectamente en castellano el habla particular de cada uno de los personajes que van apareciendo y la forma arcaizante de las descripciones que Sapkowski va utilizando. Sin conocer, por mi desconocimiento de la lengua, el original, me atrevo sin embargo a sospechar que no debe ser una tarea fácil en absoluto, pero el traductor, por lo que podemos apreciar, la lleva a cabo con excelente maestría.

Y ya sólo queda esperar la publicación de La dama del lago, novela en que llegarán a término las peripecias y desventuras de Geralt y sus compañeros. Esperemos que el chicle no haya perdido para entonces todo su sabor.