domingo, 25 de marzo de 2007

Reseña: Calle de magia

Calle de magia.

Orson Scott Card.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Ediciones B. Col. Nova # 198. Barcelona, 2007. Título original: Magic Street. Traducción: Rafael Marín Trechera. 351 páginas.

El mensaje de la novela es claro: «Cuidado con lo que deseas, porque podría convertirse en realidad». Lo malo es que la forma que tienen los deseos de las gentes que viven en Baldwin Hills de hacerse reales es de la manera más retorcida posible, transformando un bello sueño en la más aterradora pesadilla. Mack Street, un niño nacido en las más extrañas circunstancias, abandonado misteriosamente y adoptado con posterioridad, irá creciendo con el conocimiento certero de que no es como las personas que le rodean, y vaya si es diferente. Su vida y las de las gentes de su calle pronto se verán tocadas por un hálito misterioso que les conducirá irremediablemente a enfrentarse a sus propios miedos, a sus odios y a sus anhelos en un combate en que se decidirá el destino del mundo entero.

Card nos sumerge esta vez en un mundo cercano, en las vivencias de los habitantes de un barrio residencial de gente acomodada de raza negra de la ciudad de Los Ángeles, que se ven sacudidas de forma traumática cuando lo inexplicable entra a trompicones en su diario discurrir y no puedan limitarse a cerrar lo ojos ante la evidencia, como sin duda desearían. Y ahí precisamente radica su problema, en la perversión de los deseos, en el retorcimiento de los sueños para convertirlos en algo oscuro y desagradable.

Hábilmente el autor nos va introduciendo en un mundo, aparentemente el nuestro, cuya realidad no es tan sólida como nos gustaría considerar y, poco a poco, convierte la narración en un bello y, al mismo tiempo, terrible cuento de hadas, donde las vidas de los humanos se perciben como meros juguetes en manos de poderes que apenas podemos intuir y que a veces sólo se pueden ver con el rabillo del ojo. El eterno enfrentamiento entre Oberón y Titania, rey y reina de las hadas, se introduce en nuestra realidad con imprevisibles y catastróficas consecuencias. Card va introduciendo en la narración los elementos fantásticos con elegido cuidado hasta el momento en que, cual si de una inundación se tratase, lo fantástico lo invade todo, haciendo a un lado la realidad sin perder la atención del lector que se sumerge con naturalidad en una aventura heredera directa de El sueño de una noche de verano de Shakespeare, habiendo avanzado el tiempo y trasladando por ello la acción a nuestros días. Con naturalidad, Card va haciendo referencia a lo acontecido en la obra teatral, cogiendo los elementos que le interesan y descartando los que no considera adecuados, para ofrecer una obra con un poderoso componente onírico y mágico, y donde los deseos, los sueños, son la auténtica fuerza que mueve el mundo.

No faltan referencias a otras obras como apoyo a la narración, ya sea La tempestad, del propio Shakespeare, u otras como El mago de Oz o Peter Pan (al parecer Barrie no era precisamente un experto en hadas), que sirven para acercar al lector a los personajes al compartir un trasfondo común.

Fiel a su estilo cercano, fluido y directo, Card hace avanzar la trama rápidamente, de forma muy agradable, consiguiendo que el libro se lea sin esfuerzo alguno hasta llegar al explosivo final. En la línea de Niños perdidos y muy por encima del fallido El cofre del tesoro, Calle de magia es una lectura sin demasiada trascendencia, pero que guarda en su interior momentos de auténtico disfrute, algo de filosofía, un poco de moralina y muchos sueños, aunque lo que se sueña y en lo que se convierte ese sueño al hacerse realidad no siempre sea exactamente lo que uno había imaginado. ¡Así que tened cuidado con vuestros deseos!