lunes, 31 de marzo de 2008

Reseña: La caída de los reyes

La caída de los reyes.

Ellen Kushner / Delia Sherman.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Bibliópolis. Col. Bibliópolis Fantástica # 55. Madrid, 2007. Título original: The Fall of the Kings. Traducción: Manuel de los Reyes. 406 páginas.

En La caída de los reyes, el lector descubre que la Ciudad innominada que ya conociéramos en A punta de espada o en El privilegio de la espada tiene todo un mundo y una Historia alrededor, Historia que será realmente importante en el desarrollo de la trama cuando proveniente de las provincias del norte empieza a tomar fuerza un movimiento en pos de la restauración de la monarquía y, al estar indisolublemente unida a ella, el retorno de la magia: el rey siempre debe tener un brujo a su lado, con unas funciones que van mucho más allá de las de un simple consejero.

Theron Campion, heredero del ducado de Tremontaine, con sangre de reyes corriendo por sus venas, pero cuyo único anhelo es que le dejen vivir su vida con tranquilidad, se verá irremediablemente envuelto en la conjura sin siquiera enterarse demsiado del tema. Su camino se cruzará con el de Basil de Cloud, un erudito doctor en Historia, cuyos estudios le llevarán a postular y defender la existencia cierta de la magia. Una vez llegue a sus manos “El libro del brujo del rey” sus destinos quedarán sellados.

“Rey” y “brujo” se convierten en juguetes en manos de los agentes del cambio, peleles que apenas se dan cuenta de lo que está sucediendo y lo que su unión, intelectual y amorosa, ha desencadenado. Theron es un joven perdido, desorientado y desengañado en el amor; una figura fácilmente manipulable a pesar de su auto proclamada independencia. Se convertirá así en una víctima propiciatoria del juego del poder, juego que él siempre había rechazado. Basil, amante del saber por el saber, de la cultura y de la verdad, es incapaz de prever lo que sus descubrimientos pueden desatar sobre el antiguo reino.

En esta novela la ciudad en sí pierde parte del protagonismo que obviamente tenía en las anteriores entregas (sobre todo en la primera). Deja paso a nuevos horizontes, aunque es algo que choca un tanto tras la evolución que se producía en El privilegio de la espada el que aquí parezca que se da un cierto paso atrás, de nuevo hacia una versión más oscura y peligrosa de la Ribera. Sin embargo, es cierto que ha dejado atrás algo de su atmósfera, ya no es tan cautivadora como fuera en A punta de espada, ha perdido cierta fascinación para ganar en “mundanidad”. La Ciudad es ahora un lugar más verídico para vivir, más habitable, pero ha perdido algo de su emoción, de la sorpresa, por el camino.

Especialmente curiosos me han parecido algunos “cameos” de personajes de las anteriores novelas que parecía imposible que aparecieran por sus páginas (sobre todo por cómo había terminado alguno de ellos, uno en concreto, o por el tiempo trascurrido entre unas y otra) y que sin embargo aparecen, supongo que como una especie de guiño de complicidad con el lector.

Como novedad, ya que no existía mención en las anteriores entregas, hay en la novela un precioso tratamiento de la magia, no exactamente novedoso en cuanto al hecho mágico en sí, si no en la forma en que se encuentra expuesto: vuelve el mito del Rey Ciervo, del venado que debe ser coronado, de una magia salvaje, casi incontrolable, que domina a sus practicantes más que dejarse doblegar por ellos. Una magia que retorna, que se hace presente y de la que casi nadie tiene conciencia, o en la que ni siquiera creen y a la que muy pocos pueden acceder.

Pero es precisamente en la parte de los estudios de Basil de Cloud, tanto históricos como mágicos (de la existencia de la magia en sí), donde La caída de los reyes más se demora, se ralentiza; tal vez para dar precisamente la idea de que se trata de una tarea ardua para los investigadores, de algo difícil y costoso en esfuerzo y en tiempo, pero que al lector se le hace algo pesado y lento.

Inmersa la trama en estos cauces académicos se aleja un tanto de lo que había sido predominante en las novelas anteriores: el mundo duelístico. El mismo permanece, sin duda, pero muy de fondo, produciéndose un predominio del ambiente estudiantil, de la Universidad, apoyándose más en la rivalidad académica, verbal, que en la del acero de los duelos. Se mantienen, eso sí, los enfrentamientos políticos al más alto nivel, donde el inmovilismo del Consejo de los Lores choca con las intenciones de aquellos que desean el cambio, la vuelta a la monarquía, para recuperar sus privilegios perdidos. Así, las alianzas secretas, las traiciones, los engaños y manipulaciones están servidas. Hay en La caída de los reyes un innecesario alargamiento de la narración, con situaciones redundantes que por ello mismo podrían haber resultado obviables, pero que tampoco llegan en absoluto a molestar. Es una novela que sin alcanzar las cotas de calidad e interés de A punta de espada, está sin duda muy por encima de El privilegio de la espada (que es, sin embargo, la que se ha llevado los premios). Entretenida y recomendable.