jueves, 24 de abril de 2008

Reseña: Sauce ciego, mujer dormida

Sauce ciego, mujer dormida.

Haruki Murakami.

Reseña: Santiago Gª Soláns.

Tusquets editores. Col. Andanzas # 649. Barcelona, 2008. Título original: Mekurayanagi to, nemuru onna. Traducción: Lourdes Porta (del prólogo: Jordi Beltrán). 386 páginas.

Siempre me ha parecido complicado hacer una reseña sobre una antología de relatos, sobre todo porque es muy difícil que todos ellos mantengan un mismo nivel. En este caso, sin embargo, con sus altibajos inevitables, los 24 cuentos incluidos en Sauce ciego, mujer dormida, se defienden juntos y por separado como una lectura plena y atractiva. Abarcan los mismos un amplio periodo de la producción de Haruki Murakami, desde 1983 hasta 2005, lo que permite hacerse una buena idea del devenir de la carrera literaria del autor.

Todos los relatos, a pesar de su enorme variedad (muchas veces fruto de la fusión temática entre oriente y occidente que tan brillantemente cultiva este autor), parecen partir de un hecho cotidiano, cercano, para de una forma absolutamente natural desgajarse en cierto modo de la realidad y mostrar al lector una esquina de su mundo que no se esperaba. Un suceso enigmático, una decisión inesperada, algo que se sale fuera de lo común, cualquier pequeña cosa puede dar lugar a lo narrado. Los toques fantásticos que contienen muchos de ellos están asumidos como si no fueran nada en absoluto extraordinario; como si no debieran llamar la atención, sino aceptarse como una faceta más del diario discurrir de sus protagonistas. Muchos relatos, como gajos de la existencia, ni siquiera tienen un final definido, sino que continúan su historia más allá de las páginas del libro.

El lector se encuentra ante auténticos retratos, fotografías en movimiento, tanto de personajes, como de motivaciones o sensaciones. De alguna manera se produce el encuentro con lo extraño, rompiendo la cotidianidad, pero en vez de tratar de aventurar una explicación al suceso, simplemente el autor se hace eco del mismo (hay un recurrente uso de la primera persona, como si se quisiera acercar mucho más a lo narrado) con naturalidad, sin ofrecer respuestas, sino tal vez buscando que el lector se involucre y elucubre sus propias deducciones. Muchas veces, ni siquiera existe ese intento, sino que busca tan sólo provocar un sentimiento, una emoción evocada por las palabras.

Quizá como hilo conductor entre todos ellos, es inevitable darse cuenta de la existencia de una profunda reflexión, a veces irónica, a veces casi filosófica, sobre el propio acto creativo, sobre la escritura principalmente, ya que es indudablemente lo que más de cerca toca al autor, pero también sobre otros ámbitos como pueden ser el mismo acto de la lectura, la pintura o la música (ese jazz que parece impregnar todas las páginas del libro, aunque tan sólo se mencione en unos pocos relatos). Existe un deseo subyacente de querer transmutar la realidad por la creación, de alcanzar un lugar “ideal”, que quizá no lo sea tanto.

Si hay un elemento que se puede decir que es prácticamente inherente a todos los cuentos es el surrealismo, rozando desde lo humorístico (“Somorgujo”) hasta lo grotesco y visceral (“Cangrejo”), ofreciendo siempre una peculiar poesía con las imágenes que se van abriendo ante la mente del lector. Así se puede rastrear en “La tía pobre” (que une ambas cosas, creación y surrealismo, al hablar de un hombre que tiene que acarrear sobre su espalda a la tía pobre del título, creada por su mente sin saber muy bien cómo y al que todos le dan consejos sobre cómo debería librarse de la misma), o en “El mono de Shinagawa” (quizá uno de los más bellos relatos de la antología) o en “La piedra de riñón que se desplaza día tras día” (y creo que el título ya es bastante explicito) o en “Conito” (donde los cuervos hablan, convertidos en descerabrados críticos)…

Pero encontramos muchos temas o reflexiones más aparte de los ya mencionados. En “Hanalei Bay” el autor da muestras de una profunda humanidad y empatía, a la vez que nos muestra la manera tan simple en que se forman los mitos. En “El espejo” ofrece un toque de terror (más de ambiente que de susto) al enseñar cómo lo sobrenatural puede entrar sin aviso en la vida de uno de la manera más simple. Hay historias que se cuentan dentro de las historias, como la que da título al volumen, “Sauce ciego, mujer dormida”, donde el desasosiego generado por las circunstancias extrañas domina el intelecto hasta que se recupera lo cotidiano; y en el lado opuesto “La chica del cumpleaños” muestra cómo ese mismo encuentro con lo extraño, lo que te aparta del habitual discurrir de tu vida, te cambia y te transforma en cierto grado, de forma que a pesar de seguir siendo la misma persona, ya eres alguien distinto.(genial el detalle de ni siquiera desvelar el deseo solicitado). Todos los relatos tienen un toque poético, mayor o menor, pero siempre presente, un sentimiento evocador, una belleza intrínseca, una fuerte carga emotiva que tanto puede ser de esperanza (impresionante en su brevedad, “Un día perfecto para los canguros”) o de indefensión y repulsa (“Nausea, 1979”)

Dentro de la enorme variedad temática, imposible de acotar al igual que es imposible circunscribir los relatos a un género concreto, el autor mantiene varias constantes, como pudiera ser el recurrente y ya mencionado uso de la música, o la presencia del mar, concurrente en tantos de sus relatos que se convierte en un protagonista más, con personalidad propia, desencadenante o testigo de los hechos; como en “El séptimo hombre”, donde la pena y la culpa impiden el acceso a la redención, a la concesión del perdón para uno mismo. La mezcla es continua, el surrealismo siempre presente se hace ciencia ficción en “El hombre de hielo” (donde el protagonista es literalmente lo que sugiere el título) o el relato de viajes y búsqueda interior se transmuta en misterio en “Los gatos antropófagos” (donde lo extraño puede estar tanto fuera como dentro de uno, y las dimensiones pueden confundirse)…

Sauce ciego, mujer dormida es, en definitiva, una colección de relatos para paladear con calma, para disfrutar de las sensaciones que crean en la mente, y a los que volver pasado un tiempo a seguir descubriendo todo aquello que una primera lectura no ha dejado al descubierto, que seguro que es mucho. Se obtienen más preguntas que respuestas, pero merece la pena, al fin y al cabo son relatos como la vida misma.

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Reseñas de otras obras del autor:

Kafka en la orilla.

El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas.