jueves, 24 de marzo de 2011

Reseña: El extraño

El extraño.

Col Buchanan.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Minotauro. Col. Fantasía. Barcelona, 2011. Título original: Farlander. Traducción: Simon Saito Navarro. 463 páginas.

Los Roshun son asesinos juramentados que ofrecen una especial protección a quien contrata sus servicios bajo la amenaza de una implacable venganza, aún a costa de sus propias vidas, contra quien mate a uno de sus protegidos. Ash es un anciano miembro del grupo, todavía en activo, pero con una salud algo delicada a la que hace frente con enorme fuerza de voluntad y ciertas hojas que le alivian unos atroces dolores de cabeza. En la última misión que emprende y por circunstancias de la misma, como se ve en el prólogo que abre la novela, toma la decisión de entrenar a un aprendiz, algo a lo que siempre se había mostrado reticente, para lo que elegirá a Nico, un joven que malvive en las calles de la sitiada ciudad de Bar-Khos, como pupilo. Y ese será el comienzo de una aventura que ninguno de los dos se esperaba realmente, una aventura que les arrastrará por buena parte de su mundo hasta el corazón del conflicto entre el Sacro Imperio de Mann y los Puertos Libres de Mercia.

Buchanan ha creado para ambientar y desarrollar su historia, principio de una trilogía, un mundo de fantasía ligeramente diferente de lo habitual en el género épico en el que podría ser etiquetada la novela. Un mundo donde conviven las armas blancas, las dagas, espadas y ballestas, con la pólvora, la artillería y otras armas de fuego, donde inventos casi «anacrónicos» ―si algo así fuera posible en un mundo inventado― son de uso común, como los tranvías, los dirigibles, los “comandos”, los ascensores o un curioso hotel donde todo funciona echando monedas en cajetines que liberan las opciones elegidas, desde abrir las puertas, utilizar el baño o abrir las ventanas... Un mundo «fantástico», aparentemente al borde de una revolución industrial, donde la magia es algo casi residual con apenas presencia, donde no existen ―al menos por el momento― otras razas de seres «inteligentes» más allá de los humanos y donde una orden de monjes guerreros llevan a su máximo exponente el «arte» del asesinato y la vendetta afinando sus cuerpos y mentes mediante la meditación y ejercicios físicos muy zen con reminiscencias de ciertos artes marciales y filosofías orientales. 

El autor vuelca en la novela muchos y ambiciosos temas: el crecimiento y el aprendizaje, la lealtad incondicional y la rebelión ante la autoridad impuesta, el fanatismo religioso y el totalitarismo, la ética del bien y el mal según quién haga las definiciones, la herencia como elemento definitorio de la personalidad que marca el destino de los individuos, el sentimiento de pertenencia a un lugar o país, el antagonismo entre compañeros e iguales, la política y todas sus intrigas, la justificación y racionalización de la venganza con la figura del asesino como alguien noble que se sacrifica para cumplir un contrato sin importarle su propia vida, el sinsentido de la guerra, el horror que despierta en los combatientes y que puede llevarlos a tomar decisiones incomprensibles para los que les rodean, el significado de la familia, el poder de la mente sobre el cuerpo...

El extraño se abre con una primera parte que se antoja una excesivamente larga introducción y que se podría calificar de titubeante, incluso de demasiado típica y convencional, con el viaje de un arquetípico Nico ―el confuso joven que vive en la miseria y que de pronto se ve destinado a grandes empresas― hasta el monasterio de Cheem y su aprendizaje allí, la interactuación con otros pupilos y su proceso de adaptación, y la presentación de unos «malos» que no se apartan en ese momento en exceso de los estereotipos que demandan sus papeles de crueldad, capricho, cinismo y depravación, siendo Kirkus, el heredero imperial, paradigma de todo ello.

Entonces el autor imprime un giro en la novela cuando maestro y aprendiz deben emprender una sorprendente misión de venganza sin que Nico esté preparado todavía en absoluto. A partir de ahí la acción adquiere una nueva dimensión e interés, una riqueza de matices de la que hasta el momento adolecía, al tiempo que Buchanan deja caer unas cuantas sorpresas hasta la resolución final. Los personajes, buenos y malos, adquieren una mayor verosimilitud, dando a sus acciones una justificación, moralmente errónea tal vez pero coherente con lo que les ha tocado vivir y con la educación recibida. El último tercio del libro concentra la mayor parte de la tensión del mismo, con una sucesión de combates y enfrentamientos que no defraudarán a quienes hayan recorrido todo el camino hasta allí.

Lo cierto es que la novela de inicio promete más de lo que a priori entrega, pecando de cierta falta de ritmo y de una cierta dispersión de los personajes secundarios que motiva un evidente desequilibrio en la narración apartando el foco lejos de la línea principal del relato sin justificar en absoluto su importancia y sin que parezca existir una auténtica conexión entre ellas ―el seguimiento de Bahn, por ejemplo, en la defensa de la ciudad de Bar-Khos que seguramente tendrá mucha importancia en futuras entregas,  no sirve aquí sino para distraer la atención del lector de la trama central sin aportar más que una visión periférica y lejana de la guerra en la que se encuentra inmerso el mundo en el que deben desenvolverse los auténticos protagonistas, Ash y Nico. Buchanan utiliza mucho tiempo y recursos en construir su mundo y en montar el escenario con descripciones largas y muy detalladas, en ofrecer su visión de la desesperación en que pueden caer los habitantes de una ciudad sitiada, consumiendo esfuerzos y atenciones que demoran la acción, ralentizándola de forma innecesaria sin que realmente se vea la relación con la historia principal más allá del parentesco que une a alguno de los personajes implicados. 

Es cuando Ash y Nico se adentran en el corazón del Sacro Imperio, con todas sus amenazas, cuando la novela adquiere su verdadera dimensión, ofreciendo una historia que logra sorprender por momentos y mostrando, por fin, personajes dotados de auténtica profundidad e interés. El intento de introducir un romance en la trama se queda, por suerte, en intento, y los posteriores sucesos sirven para salpimentar y dar mayor dimensión al necesario drama.

Así, el final de la novela deja las cosas preparadas para la nueva entrega de la serie, Stands a Shadow, con un cierre que ya apunta por dónde ha de ir la nueva dirección emprendida. Con esta su primera novela, Col Buchanan no consigue auparse hasta la altura de las primeras espadas actuales del género, pero apunta unas buenas maneras, unas dosis de imaginación y una forma de entender la fantasía que parecen augurar interesantes obras en su futuro, un potencial que le hace más que digno de tenerle en cuenta para su seguimiento. Su intento de ofrecer al menos una ambientación «diferente» de lo habitual es algo sin duda de agradecer y el crecimiento de la trama demostrado a lo largo de la novela bien le merece un voto de confianza. Habrá que ver si sigue evolucionando...

2 comentarios:

Elwen dijo...

Pues va a ser que yo no termino de darle mi voto de confianza. La portada me resultaba atractiva cuando salió a la venta pero a medida que leo críticas menos me va interesando, incluso de aquellas que son positivas. Aunque nada tenga que ver, o sí, se me parece demasiado a El Camino de las Sombras y no pude acabar con ésta última. El tema de los asesinos parece estar en boga pero, para mí, sin la suficiente solidez o profundidad que suele tener (y que adoro) del género :(

Yago dijo...

Muy buenas,
confieso no haber leído "El camino de las sombras", así que no puedo hacer la comparación.

Sí que es cierto que de un tiempo a esta parte parece haberse puesto de moda dentro de la Fantasía el ema de los asesinos (con portadas muy similares de gentes misteriosas y encapuchadas). la diferencia de enfoque aquí creo yo que radica en esa finalidad de "vengadores juramentados" que cambia un tanto la motivación habitual y, sbre todo, el escenario en que se mueven los protagonistas.

Si eso es suficiente o no para hacr atractivo el libro cada cuál tendrá que juzgarlo ;-)