lunes, 15 de agosto de 2011

Reseña: En la ciudad oscura

En la ciudad oscura.

Angel Torres Quesada.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Grupo AJEC. Col. Arrakis ficción # 2. Granada, 2011. 287 páginas.

En esta novela, finalista del Premio Minotauro  2009, el autor cambia bastante el registro al que tenía más acostumbrado a sus lectores, afín casi siempre al space opera y ofrece un relato de un futuro distópico, más o menos próximo, realmente perturbador, un thriller policíaco muy cercano a la novela negra. El protagonista es un detective de la policía que, como manda el manual, cumple todos los tópicos del género para luego ofrecer una perspectiva algo distinta: divorciado, putero, drogadicto y bebedor, sin apenas amigos, fumador empedernido, insubordinado, con cierta facilidad para apretar el gatillo, antipático..., aunque con un corazoncito guardado para su hija; y que, sin embargo, no destaca especialmente dentro del entorno en el que se mueve, donde la corrupción generalizada es un mal comúnmente aceptado. Lo interesante en este caso es que Torres Quesada sabe llevar al personaje a su terreno, dotándolo de personalidad propia y sumergiéndolo en una agitada trama donde no es tan importante el por qué o el para qué sino el quién y el cómo. Es un protagonista al que de alguna forma se le coge cierto cariño a pesar de lo muy reprobable de sus actos.

Juan Saucedo es un agente cuya carrera, y vida, quedó marcada tiempo atrás por una investigación que implicaba a poderosos personajes de los altos estamentos del país que no llegó precisamente a buen puerto. Degradado y divorciado, podría decirse que  no ha vuelto a levantar cabeza desde entonces. La aparición del cadáver de un americano en un hotel del degradado Madrid del futuro le dará la oportunidad de volver las tornas y vengarse de alguna manera de aquellos que le pusieron la zancadilla motivando incluso su divorcio y el distanciamiento de su hija ―aunque la culpa, por mucho que busque excusas, fue tan solo suya―. La duda sobre si la muerte fue accidental o se trata de un asesinato, y el hallazgo en la habitación de unas misteriosas ampollas de procedencia, contenido y destino desconocidos, y la presencia en el lugar de alguno de los personajes que hundieran en el pasado su carrera y su matrimonio, hará que Saucedo se lance tras la resolución del caso sin importarle el precio que deba pagar por ello.

Moviéndose dentro de un mundo marginal, sórdido, donde la vida humana vale poco, en una ciudad llena de edificios medio derruidos donde un cadáver abandonado no llama en absoluto la atención, plagada de bandas de maleantes y dominada por las drogas, en especial el nimbo, con muchos enemigos en contra y con Asuntos Internos ―entre otros― intentando que deje el caso, el protagonista se va a empeñar en sacar a la luz lo que paso a paso empieza a antojarse una conspiración de dimensiones mundiales. Y, carente de una excesiva conciencia social, lo va a hacer más por satisfacción personal, por mera venganza, que por cualquier búsqueda de justicia, sin importarle realmente los procedimientos policiales siempre que obtenga los resultados que desea. Cual elefante en una cacharrería, Saucedo irrumpirá sin ninguna sutileza en un mundo que le supera, donde los poderosos se mueven a su antojo en las sombras guardándose siempre las espaldas y no dudando en silenciar a aquellos que puedan poner en riesgo sus secretos y negocios.

Extrapolando tendencias que el lector puede observar hoy mismo a su alrededor ―la crisis económica, sobre todo del ladrillo con sus desahucios a mansalva, el fenómeno de los “macrobotellones” con recintos especialmente delimitados para que la gente se desfase, la abundancia de drogas de diseño, la propagación de enfermedades globales como gripes diversas, la degradación política y la corrupción institucionalizada, el desencanto de la sociedad y, sobre todo, de una juventud que no ve salidas para su futuro, la pérdida de valores...―, el autor presenta un mundo ciertamente oscuro donde, además, campa por sus anchas una misterioso plaga mortal, sin cura conocida, que ha obligado a la creación de una brigada especial encargada de retirar los cuerpos de los fallecidos de allí donde hayan caído. Torres Quesada presenta un futuro bastante descorazonador, sobre todo porque a pesar de ser bastante extremas algunas de esas extrapolaciones no se antojan descabelladas en absoluto (¿acaso no suena escalofriantemente verosímil esa imposición a lo policías de una tecnología neurológica, enormemente cara, que no termina de funcionar y queda siempre a expensas de futuras actualizaciones mientras alguien se va embolsando sus buenas comisiones?).

Hay momentos en que la lectura se ve lastrada por unas molestas incongruencias narrativas, unos fallos de «continuidad» que hubieran sido muy fácilmente subsanables, y que de alguna manera dan más la impresión de que se haya perdido algo en el traslado de fichero a papel que de ser errores de escritura. En un momento dado un personaje descerraja la puerta de un  piso, al entrar enciende las luces de vestíbulo y pasillo, y para ver algo que hay en el suelo se vale de una linterna. En otra, alguien sube a un coche, arranca, avanza unos metros, escucha pasos sigilosos a pesar del supuesto ruido del motor, y ya se encuentra fuera del vehículo para enfrentarse a la persona que se acerca. Y aún hay algunas más, quizá no tan llamativas. Unas incoherencias algo molestas, que no afectan realmente al relato, pero que rompen la concentración necesaria para seguir atentamente la historia.

En cuanto a la trama en sí, el tema de las ampollas es difícilmente sorpresivo, pues se ve venir desde muy lejos del final, sirviendo más como un McGuffin que le permite al autor escribir sobre lo que realmente parece interesarle: la decadencia de la sociedad, la depravación, la desesperanza, la corrupción, los juegos de poder, la  violencia, el valor de la vida, el desencanto social, el nepotismo... El misterio no se basa en la intriga, sino que la solución se ve venir de hecho con bastante antelación a su resolución, limitándose Saucedo a ir sacando a la luz aquellas evidencias que el lector ya ha intuido con bastante anterioridad; pero quizá es que no sea lo importante, ya que es imposible no sentir interés ante los pasos y derrapes que va dando el protagonista, encadenando las «pistas» obtenidas y encajándolas casi a martillazos, como resulta imposible no estremecerse ante la advertencia implícita dentro del relato, el oscuro futuro que, en efecto, puede estar esperando a la vuelta de la esquina de esta inquietante ciudad, tan parecida y tan lejana del Madrid actual.

La novela se encuentra escrita con el buen oficio habitual en las obras de Torres Quesada, con una prosa directa cuando es necesario y más circunspecta y contenida cuando la narración lo requiere, con vividas descripciones de la decrepitud urbana y con una acertada caracterización de los principales personajes. Se notan las tablas del autor, el dominio de los registros y del tempo narrativo, dosificando los datos para mantener el interés y la curiosidad del lector en todo momento, aunque si bien es cierto que se echa en falta algo del característico humor socarrón presente en otras de sus novelas, también lo es que el tema tratado aquí no es que sea precisamente para esbozar sonrisas. Imaginativa y especulativa, invitando a la reflexión al tiempo que entretiene, En la ciudad oscura es una novela negra distópica, agradable a la par que estremecedora, sobre una sociedad que muy bien podría estar yéndose ahora mismo por el desagüe mientras estamos sentados viéndolo por la televisión. Un final impactante y muy emotivo ponen la guinda a un buen relato.

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