martes, 18 de octubre de 2011

Reseña: La traición de Natalie Hargrove

La traición de Natalie Hargrove.

Lauren Kate.

Reseña de: Jamie M.

Alfaguara. Madrid, 2011. Título original: The Betrayal of Natalie Hargrove. Traducción: Mercedes Núñez. 319 páginas.

Cumpliendo sus largamente anhelados sueños Natalie Hargrove está a punto de convertirse, en su último curso, en la Reina del Palmetto, el instituto de la parte adinerada de la ciudad, y está empeñada en que su novio Mike sea coronado Rey junto a ella. Pero, al aparente desinterés de este por la corona, se une el peligro de la candidatura de Justin Balmer al trono, algo que podría amargarle terriblemente la celebración, dado el evidente enfrentamiento entre Natalie y el joven. Huyendo de su pasado, la chica tiene muchos y brillantes planes para su futuro, y no va a permitir que nada ni nadie se interponga en su consecución. Así, en la celebración de una fiesta que rememora el Mardi Gras en casa de un alumno, donde el alcohol corre desbocado, las chicas se desinhiben, las cámaras graban indiscretamente, y los chicos buscan comportarse como gallitos mostrando sus “virtudes” a las posibles conquistas, Natalie encuentra la manera de dejar a Justin en ridículo, desvaratando sus opciones de conseguir la corona del Palmetto. Una simple broma en la que, obviamente, algo va a salir mal, y por lo que la vida de la pareja podría muy bien convertirse en un infierno mientras la fecha de la “coronación” se acerca.

Lo cierto es que la novela es extrañamente entretenida. La cosa empieza regular, con una trama que no deja fuera ni uno solo de los tópicos de las historias de institutos estadounidenses (tan distintos, al parecer, de los de nuestro país por otra parte) o de series en plan Gossip Girl: la chica “popular”, una auténtica “perra” mala, malísima, con un pasado oculto, que hará cualquier cosa por convertirse en la reina del baile, odiada y envidiada a partes iguales por el resto de estudiantes; el novio de la misma, un tanto pelele, deportista y figura del equipo, que piensa más con la entrepierna que con la cabeza, con buen corazón, pero demasiado influenciable por las “armas” de su novia; el “aspirante” al amor de la chica, que no ceja en su empeño, objeto de su encono y desprecio; los rumores y chismorreos envenenados que crecen cual canto rodado ladera abajo; la madre que avergüenza a la protagonista; la elitista familia del novio que mira a la chica por encima del hombro; un policia baboso sin demasiadas luces; las “groupies” descerebradas de la chica popular, jóvenes, alocadas y ligeras de cascos dispuestas a rebajarse para que las ilumine algo de la luz de aquella; la fiesta salvaje en una casa particular, con alcohol y drogas circulando y baño ligero de ropa en la piscina incluido; el baile del instituto; la abundancia de referencias sexuales sin sexo explícito, sin “mostrar” nada...

Pero con unos elementos particularmente poco originales, y un punto de partida poco prometedor, Kate ofrece una historia de secretos reprimidos, desvelados poco a poco, con algún flash back bien integrado en la narración, y que con apenas giros argumentales ni explosivas sorpresas consigue crear una tensión palpable para ver dónde o cuándo le estalla a la protagonista en la cara todo el castillo de naipes que tan laboriosamente ha construido partiendo de una censurable mentira. De una forma totalmente lineal, la autora atrapa el interés por saber cuánto más allá puede ir la protagonista, de qué es capaz de hacer para conseguir alcanzar la meta que se había fijado años atrás, en una especie de huida hacia adelante donde lo más importante es negarlo todo y saber qué es lo que saben los demás.


Natalie, la protagonista absoluta, es una ¿encantadora? arpía de armas tomar, de las que usan al resto de personas sin ningún rubor ni mala conciencia, una trepa social, no especialmente inteligente, pero sí muy astuta, manipuladora, mentirosa, egoista, cruel, pródiga en sonrisas y puñaladas traperas, capaz de cualquier cosa por lograr sus objetivos, que sabe perfectamente de dónde viene y a dónde no quiere volver, y a quien, sin embargo, sus raíces terminan traicionando. Lo cierto es que es el único personaje del libro trabajado con algo de profundidad, pues el resto de los que aparecen están apenas supeditados a darle la replica y servirle de apoyo en su historia. Natalie es una protagonista a la que es fácil, e inevitable, odiar durante prácticamente toda la lectura, pero a la que, sin embargo, termina otorgándosele un sentimiento de conmiseración con las revelaciones que la autora guarda sobre su pasado para casi el final. Y si bien es difícil justificar sus acciones, sí se consigue comprenderlas de alguna manera y, quizá, perdonarla. El título, que termina desvelándose irónicamente ambiguo, juega con el objeto de la traición y con las sombras que toda verdad contiene, demostrando que nunca nada es solo blanco o negro, y que muchas veces los sucesos del pasado modelan en exceso el porvenir.

El estilo es tan ligero y ágil como directo, perfecto para la historia que se está relatando, sin artificios ni rodeos, pero particularmente efectivo llevando al lector en volandas hasta el deseado desenlace, el destino final de Natalie. Kate va directa al grano, sin distraerse con caminos secundarios ni historias paralelas, sin requiebros ni distracciones, ni ningún tipo de referencia paranormal que tan habitual es en este tipo de historias actualmente (y que sí incluiría en obras posteriores) y ofrece una historia de consumo rápido, muy rápido, con una trama sencilla, pero efectiva, que se lee de un tirón y se cierra con quizá el único giro inesperado de todo el relato.