sábado, 31 de mayo de 2014

Reseña: Entre dos mundos

Entre dos mundos.

Gennifer Albin.

Reseña de: Jamie M.

Alfaguara. Madrid, 2014. Título original: Altered. Traducción: Montserrat Nieto. 441 páginas.

Esta novela es continuación directa de Las tejedoras de destinos, retomando la acción prácticamente en el mismo momento en que aquella terminara, así que quien no se haya leído esa primera entrega igual debería plantearse si leer la reseña a riesgo de enterarse de detalles que no debiera conocer de antemano. Continúan aquí las aventuras de Adelice y los hermanos Jost y Erik tras abandonar Arras y recién aterrizados en las ruinas de la Tierra. Se produce un cambio radical de escenario, desde el “luminoso” y un tanto futurista mundo en que se desarrollaba la acción de la anterior a la devastada oscuridad del lugar en que van a aparecer, dotando al relato de un tono algo más tétrico y deprimente (en el sentido de que la Tierra es ahora, tras el expolio de materias primas por parte de Arras, un lugar arrasado y deprimido). Literatura juvenil (Young adults) entre lo fantástico y la ciencia ficción post apocalíptica, con alto componente aventurero, cierta reflexión política y social y el triángulo romántico imprescindible en este tipo de novelas (y que por suerte no es el centro de la historia).

En lo temático, si bien es cierto que la situación de Arras, con una sociedad supuestamente instalada en un estado del bienestar regida no obstante por un gobierno totalitario que sólo busca perpetuarse en el poder a través del dominio de las tejedoras, invita a calificar a la novela con la etiqueta de distopía, ciertas pinceladas históricas, con Albin creando una línea temporal alternativa, y la situación precaria en la que se encuentra la Tierra, convierten el relato de facto en una ucronía post apocalíptica con el punto de divergencia con nuestra realidad situado en plena II Guerra Mundial y con la acción, contra lo que pudiera haberse pensado, transcurriendo no mucho después del final del cruento conflicto. Algo que lleva, además, a que precisamente la naturaleza del tiempo, la manipulación espacio-temporal y sus efectos en ambos mundos sea uno de los temas pujantes en el relato.

Tras su llegada a un devastado páramo, el trío se dirige a la Heladera, una de las pocas ciudades que permanecen habitadas en lo que queda del estado de California, territorio de los traficantes de sol y libre del control de los gobernantes de Arras. Sin embargo, recién llegados a su nueva vida, pronto descubrirán que la Corporación, con Cormac manejando los hilos en la distancia, no va a desistir de su persecución, soltando a los inquietantes, desalmados, caníbales y despiadados remanentes tras su pista. Huyendo del peligro caerán bajo la “tutela” de Kinkaid, el líder de los traficantes de sol, tan amable como inquietante, sin saber si realmente pueden confiar en él o no.

Sorteando diversas trampas, peleas, persecuciones y traiciones, Adelice y sus compañeros de viaje van a ir descubriendo que la Tierra permanece unida a Arras por una parte del tejido, pero con unas hebras mucho más difíciles de manipular, más salvajes, que la de los telares a las que están acostumbrados. La Tierra, con aquellos que no emigraron en su momento, vive literalmente a la sombra de la interfaz del mundo que la está esquilmando, tapándole la luz del sol salvo en determinadas zonas que son aprovechadas por los traficantes para obtener energía con la que sostener su precaria sociedad.

Y para disfrutar plenamente de esta novela lo primero que hay que hacer es “aceptar” la premisa del tejido de la realidad, de la interfaz, ya sea como algo tecnológico, desarrollado por un grupo de científicos de doce naciones que se aliaron durante la II Guerra Mundial para desarrollar el Proyecto Cypress, o como los poderes "mágicos" obtenidos por una serie de personas seleccionadas por los Ministerios de Guerra de esas naciones mediante cruces genéticos para conseguir individuos con capacidades especiales. Partiendo de ahí, ya tan sólo es cuestión de dejarse llevar por la aventura.

Dada la nueva situación se presentan también nuevos personajes y nuevos misterios. Albin va desvelando ciertas incógnitas, desgranando la historia y la motivación tras la creación de Arras y profundizando en el pasado de la familia de Adelice y de sus compañeros. Si en la anterior el lector se veía lanzado sin demasiadas explicaciones a un mundo perfectamente establecido, con su sociedad y sus reglas, y tenía que irse adaptando sobre la marcha; aquí recibe las explicaciones por las que clamaba antes: la razón del porqué y el cómo Arras es lo que es. Por fin, el “tatuaje” del reloj de arena que su padre imprime en la muñeca de la joven empieza a cobrar cierto significado, y actuaciones pasadas de Erik comienzan a tener justificación. Y hay otras muchas sorpresas, como las identidades reales de Dante, el traficante que los “recoge” en la Heladera, o del científico Kairos, nombre que se encuentra detrás tanto del Proyecto Cypress como de la resistencia a Arras.

El trío protagonista muestra algún comportamiento un tanto inseguro o inmaduro (normal, por otra parte dada sus supuestas edades), algo achacable, quizá, a las circunstancias extrañas y desconocidas, tan diferentes de todo aquello que han conocido en su vida anterior, en que se encuentran inmersos, junto al paranoico sentimiento de estar siendo continuamente perseguidos y de no saber nunca en quién pueden confiar realmente. Es precisamente ese sentimiento de inseguridad, de desconfianza, algo de lo mejor trabajado por la autora, pues de los personajes que van cruzándose con ellos, ofreciéndoles su ayuda, siempre queda la duda de sus auténticas intenciones (hasta que conforme avance la trama estas terminen revelándose para bien o para mal). Hay muchos secretos bajo la superficie, muchas ambiciones personales, y, contra lo que dice el refrán, el enemigo de mi enemigo no siempre tiene porque ser mi amigo.

El triángulo amoroso, una circunstancia que durante la primera mitad de la novela parecía estar agradablemente desaparecida, vuelve después de una manera un tanto forzada, en los momentos más inoportunos, y los cambios en las inclinaciones románticas de Adelice no terminan de estar bien explicados. Si Jost de alguna manera involuciona en su personalidad y se estanca en sus deseos, Erik sufre un crecimiento importante, sobre todo tras la confesión de buena parte de sus secretos y de las razones que le llevaron a abandonar su pueblo y su familia. Hay un evidente cambio de roles entre los hermanos y si bien la tensión entre ellos sigue palpablemente visible, existe un trasvase de las simpatías de uno hacia el otro. Por suerte, el tema romántico nunca se adueña de la trama, sino que sirve de contrapunto a otras situaciones más peliagudas.

Bajo el ropaje romántico distópico aventurero se oculta una importante carga filosófica sobre la responsabilidad, la madurez, la aceptación de uno y del destino de las personas; sobre la corrupción que produce el uso totalitario del poder y sobre el idealismo y su respaldo práctico; sobre el sexismo, el machismo y la “esclavitud” de un trabajo forzado y no elegido. No obstante, llama poderosamente la atención que, para ser una joven que no se cansa de decir que no necesita a nadie que la “rescate”, no para de situarse todo el rato al amparo de los personajes masculinos. Siendo una novela de cierto corte feminista, con una cierta reflexión sobre el papel de las mujeres en nuestra propia sociedad, el mensaje corre peligro de “perderse” precisamente por algunas actuaciones un tanto tibias de la protagonista. Sin embargo, cuando Adelice finalmente acepte en sí todas las posibilidades y consecuencias del uso de su “poder” la cosa mejorará tomando un camino más firme.

Entre dos mundos, como secuela o segunda entrega de una serie, tiene el acierto de cambiar totalmente la ambientación y el tono del relato, evitando el síndrome del libro de “en medio”, ofreciendo a sus lectores algo diferente. Aunque partiendo de los mimbres ya presentados con anterioridad la autora cambia de forma radical el enterno, haciendo que los protagonistas tengan que adaptarse y actuar de formas nuevas e inesperadas. Hay muchas respuestas, mientras el mundo en que se desarrollan las aventuras va creciendo en amplitud y profundidad, y parece que tan sólo se trata de la punto del iceberg. Más en Unraveled.

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Reseña de otras obras de la autora: