jueves, 19 de noviembre de 2009

Reseña: La elección de Kendria

La elección de Kendria.

Lorena A. Falcón.

Reseña de: Lyrenna.

Arte & Parte. Buenos Aires, 2008. 241 páginas.

En un mundo donde la magia es una realidad palpable, Kendria es una joven de diecisiete años con mucho poder interior y grandes dudas en su cabeza. Seguramente las exigencias de su vida en la Cofradía le han hecho crecer demasiado rápido sin ocasión para asimilar del todo los cambios que le han sobrevenido en los últimos tiempos. Ha pasado de ser una simple estudiante a convertirse en una adepta de segundo nivel saltándose directamente el primero. Y lo que le depara el futuro promete traerle cambios aún más radicales.

Lorena A. Falcón presenta en La elección de Kendria un mundo medieval casi esquemático en su simplicidad, muy poco descrito, con una sobriedad en la que aquello que no afecta directamente al relato parece no existir. La cofradía se nos muestra como un lugar de estudio sobre la magia natural, instaurado para mantener el equilibrio entre sus diferentes manifestaciones. Poco a poco iremos conociendo la existencia de otros cuatro castillos o ciudadelas pertenecientes cada una a las Órdenes que dominan la magia de cada uno de los elementos de la naturaleza, siendo la primera en presentarse la Orden del Fuego, donde pronto uno se da cuenta de que las cosas no andan todo lo bien que debieran.

Con una narración muy rápida, de párrafos muy cortos y capítulos no muy extensos, se suceden las presentaciones de personajes; desde Bevan, un joven y díscolo estudiante (aunque luego se explore muy poco esa faceta), secretamente enamorado de la protagonista, hasta Briana, la mejor amiga de la misma, o Kiros, el Regente de la Cofradía, quien carga sobre sus hombros con el peso de terribles sospechas y conocimientos. Entre unos y otros, muchos más irán entrando y saliendo de la acción; algunos con una participación importante, como Keir, un oscuro individuo, manipulador y sibilino, que pronto demuestra buscar infames propósitos, y unos cuantos de los que tampoco se explica demasiado cuál es su papel en la trama, salvo quizá el de dar mayor profundidad y líneas a la historia. Pero tal vez uno de los fallos de la novela sea precisamente la escasa caracterización de la mayoría de los personajes y la falta de explicaciones para muchas de sus reacciones. Tampoco es un tema que tenga mayor influencia en la narración (salvo por la falta de contexto), con lo que no afecta en demasía, aunque sí que deja con el deseo de haber sabido más de ellos, de sus sentimientos y motivaciones.

En cuanto a la trama en sí, enclavada dentro de la novela juvenil, enseguida se estructura en torno a una búsqueda. Pero contra lo que suele ser habitual en estos casos de fantasía medieval, en esta ocasión no se trata de encontrar ningún objeto mágico, ningún poderoso amuleto, ninguna espada encantada, ninguna joya robada, nada tangible que salve la situación; no, en este caso la búsqueda va en pos de la sabiduría, de respuestas a hechos sucedidos en el pasado y que están teniendo importantes repercusiones en el presente en el que viven Kendria y sus amigos.

Así se forma un pequeño grupo, con la protagonista a la cabeza a pesar de su juventud, para visitar algunas de las Órdenes y conseguir el conocimiento que pueda poner remedio a la situación actual. El problema, por su puesto, surgirá cuando se haga patente que no todos tienen en mente las mismas preguntas ni persiguen exactamente los mismos intereses. Porque lo cierto es que al tiempo que se produce el viaje externo, cabalgando de una Orden a otra, también hay una búsqueda en el interior de Kendria, quien siente que algo le falta, que de alguna forma se encuentra incompleta, que todavía no ha encontrado su rumbo, y que aunque no sabe demasiado bien qué es lo que necesita, tampoco desea que sean otros los que marquen su camino. Y todos sus estudios y lecturas no hacen sino acentuar sus dudas al comparar fragmentos de historias del pasado contradictorias entre sí, entre lo que le dicen los que la rodean y lo que va descubriendo en los libros.

A lo largo del camino Kendria irá dándose cuenta de que es mucho más poderosa de lo que ella misma se figuraba, y la confusión se irá adueñando de sus pensamientos conforme se vaya haciendo consciente de la encrucijada a la que intuye que la están conduciendo las circunstancias. El destino que le fuerza a tomar una elección que finalmente tendrá incluso una mayor repercusión de lo que creía y que no será en absoluto lo que pensaba. Es de agradecer, curiosamente, la ausencia de grandes batallas tan típicas de este tipo de novelas y que aquí permite una mayor intimidad y cercanía a la narración, un mayor apego a los personajes.

Para el lector español la escritura de La elección de Kendria resulta al principio algo chocante dados los giros idiomáticos argentinos propios de la nacionalidad de la autora. La diferente utilización de ciertas palabras a un lado y otro del Atlántico o el uso de expresiones coloquiales propias de allá no utilizadas en España o de construcciones sintácticas que nos resultan extrañas sin por ello ser incorrectas, pueden acarrear una pequeña dificultad a la lectura, rápidamente subsanable en cuanto uno logra sumergirse en la veloz historia.

Una historia que progresa de forma casi vertiginosa, apresurada a veces, sin permitirse apenas momentos de introspección, como con ganas de llegar cuanto antes a la revelación final; que adolece de algunos errores de congruencia temporal, con algunos fallos de continuidad entre escenas y cambios de punto de vista de los personajes (que muy bien podría tratarse de un fallo de maquetación al no dejar una línea en blanco que indique la separación entre escena y escena, ya que tal y como están muchas veces se mezclan dando sensación de brusquedad), y detalles propios de una primera novela como referencias que quedan en el aire o hilos que se cortan sin llegar a sitio alguno y que podrían haber dado para más; pero que se lee en un auténtico suspiro (yo en dos días) y que termina con un pequeño mensaje moral (que no moralizante) que nunca viene mal recordar. Es cierto que se nota un tanto la mano de un escritor novel en su primer intento de sacar adelante un texto largo, pero lo cierto es que Lorena A. Falcón presenta con acierto la historia y que, a pesar de que necesita seguir trabajando su prosa y el desarrollo de sus tramas, apunta buenas maneras.

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