Victoria Álvarez.
Reseña de: Santiago
Gª Soláns.
Versátil. Col.
Narrativa. Barcelona, 2011. 519 páginas.
Tras la satisfactoria lectura de Las eternas, segunda novela de la autora, decidí volver atrás para recuperar el que fuera su debut novelístico, este Hojas de dedalera que nos ocupa. Se trataba de una obra que me había llamado poderosamente la atención en su lanzamiento, pero a la que por diversas causas había ido dejando pasar. Y después de leída, puedo afirmar que, aunque lo cierto es que no alcanza la altura de calidad de su novela más reciente, como obra novel y con sus altibajos, se trataba sin duda de un más que prometedor debut, con una historia que muestra una madurez y calidad prosística realmente llamativa en una obra primeriza. Álvarez hace gala ya de una magnífica escritura que a su vez arropa una atractiva trama romántica paranormal de misterio y crimen en una Inglaterra victoriana recreada a la perfección, con reminiscencias a Austen, Shelley o Poe —¿Acaso puede ser casualidad que la protagonista de la novela tenga el mismo nombre que el de la de uno de los grandes poemas del autor británico, que además, como podría decirse de este libro, versa sobre el amor más allá de la mera muerte?—.
En el Londres de
finales del siglo XIX, la pequeña Annabel Lovelace, hija
de una prostituta, se ha visto obligada a vivir en el cementerio de
Highgate, en casa de su tío, guarda del lugar, quien no le
tiene precisamente demasiado cariño. Diagnosticada de una afección
cardiaca es tratada con digitalina, una medicina extraída de
las hojas de dedalera, y crece jugando entre las lápidas, donde
pronto descubre un «don», puede ser que motivado por su dolencia,
para comunicarse con los espíritus de los muertos. Una habilidad que
años más tarde la convertirá en la médium más importante
de Inglaterra, realizando sesiones para la misma reina Victoria,
pero que a un tiempo le traerá el amor y la desgracia, junto a
ciertos conocimientos que quizá hubiera preferido nunca poseer.

Acertada y
afortunadamente, junto a la trama romántica, la autora introduce en
la segunda parte una trama de intriga detectivesca, la de los
crímenes que tuvieron suceso en Whitechapel en el otoño de 1888
y que llevan a los inspectores de Scotland Yard, Frederick
Abberline y su subordinado Nathaniel Willoghby, a
involucrarla en el caso por si pudieran valerse de su don —maldición,
más bien— para descubrir la verdadera identidad del asesino
conocido como Jack el Destripador. Obsesionados con ella por
diferentes motivos, Annabel va a establecer una difícil relación
con ambos hombres, dando lugar a tensas situaciones. Tras esta parte,
vital para establecer todo el entramado de la historia, pero que se
antoja demasiado extendida en lo romántico, la historia se acelera
de nuevo cuando la acción se traslada a Rosenfield Park, la mansión familiar de Victor, donde todas las líneas
confluyen para el emotivo y sugerente final —que aunque se ve venir
de lejos no deja de conmover y cautivar la imaginación—.
Y es que el periplo vital
de la protagonista, desde sus más que humildes orígenes hasta su
condición de médium de la reina de Inglaterra, permite a la autora
realizar un certero retrato de la sociedad victoriana, desde las
altas esferas hasta los barrios más bajos, desde los más miserables
recovecos de Highgate y Whitechapel hasta las mansiones de los
acaudalados aristócratas, desde el mundillo espiritista de la época
a los manejos de Scotland Yard. Un retrato que se muestra ante los
ojos del lector tan verosímil y fresco como completo.
Hojas de dedalera
es una interesante y provocadora historia victoriana de misterio, de
crímenes, de inconfesables secretos familiares y de fantasmas
ancestrales —que a veces vienen a ser lo mismo—, de drama,
intriga y tragedia, con un fuerte componente de romanticismo, de un amor más allá de la vida humana y de una
redención largamente buscada. Una novela que plasmaba un notable y
prometedor debut que se vería confirmado después por la publicación
de Las eternas. Sin duda, una autora a quien seguir la
pista.
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Reseña de otras obras de la autora:
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