lunes, 7 de octubre de 2013

Reseña: Las piedras de Chihaya 1. El hilo del karma

Las piedras de Chihaya 1. El hilo del karma.

Sergio Vega.

Reseña de: Jamie M.

Quaterni. Madrid, 2013. 458 páginas.

Ediciones Quaterni amplía su oferta de literatura histórica sobre Japón y lo hace publicando a su primer autor español, Sergio Vega, quien, después de autoeditar este monumental libro, ve como su obra sobre la era Kamakura (siglo XIV) recibe edición en papel, eso sí, dividida en tres volúmenes. Siendo éste que nos ocupa el primero, le seguirán más adelante La nube rasgada y El dragón y el crisantemo.

El autor construye, con el trasfondo del periodo de la guerra Genko No Ran, una densa narración que profundiza en la compleja y subyugante sociedad feudal japonesa, estrictamente estructurada y regida por unas reglas quizá extrañas para un lector occidental, pero perfectamente retratadas, a través de los personajes creados para la novela que se van a cruzar con otros de carácter histórico.

En una remota región montañosa, lejos del centro del poder imperial, aunque no de las tensiones entre el Emperador Go-Daigo y el shogun y la élite samurái que se ha enseñoreado del país causando diversas guerras con alianzas cambiantes, un niño sin nombre crece oculto por su familia con un don especial al ser capaz de captar la “energía” de todas las cosas. Pero la tragedia está pronta a golpearle y le lanza a los caminos en un periplo de descubrimiento del mundo y de sí mismo. Un viaje, relatado en primera persona en la voz del pequeño, tanto externo como interno, con una parte mundana y otra más “espiritual” donde cada persona con la que se cruce añadirá algo a su particular aprendizaje. Al mismo tiempo, Vega presenta diversas historias paralelas narradas en tercera persona, como la de Danjuro, un samurái caído en desgracia que busca vindicación, y la de Tadakuni, un bushi hijo de un mercader que aspira a que su apellido se perpetúe, con las que consigue dar gran profundidad y amplitud a su narración.

A través de todos ellos, sobre todo de sus acciones y de los relatos y los haikus que se van intercambiando, el autor aprovecha para presentar un mundo rico en matices, en reglamentaciones, filosofías y modos de vida: Los ritos de una sociedad feudal estrictamente estructurada, donde es posible, pero harto difícil, que una persona cambie de estamento, ascendiendo en el escalafón del poder o cayendo irremisiblemente en desgracia, donde el estatus se puede comprar, y donde es fácil recibir tanto el desprecio como la exaltación por una simple trasgresión de las reglas o del honor, donde el más acaudalado de los mercaderes o terratenientes siempre estará por debajo del más paupérrimo de los samuráis.

Mediante las diversas líneas que se van interconectando, van surgiendo las peculiaridades de un mundo cargado de simbología. El dominio de los samuráis sobre el resto del pueblo, apenas cuestionado y ejercido con desmedido orgullo, cierto desprecio y mucha violencia. Las rígidas reglas del cortejo romántico y el papel de las mujeres en una sociedad jerarquizada y poco dada a valorarlas. La idea del Honor como un ideal a alcanzar y que debe regir la vida de todo el estamento dirigente, y que, sin embargo, es de dúctil aplicación para los más ambiciosos. Las diferentes corrientes “religiosas” y filosóficas, las enseñanzas del budismo, del auténtico camino del samurái, del bushido, el zen, el shintoismo, el peso del karma en las acciones personales...

Vega presenta en esta primera entrega una historia profusamente documentada (aunque en ocasiones habría que haberse contenido de incluir tantos datos que, en ocasiones, lastran el ritmo de la narración), hasta el punto en que las situaciones más didácticas se suceden en medio de otras más dinámicas. Junto a los entresijos y motivaciones de una guerra que se va dirimiendo en enfrentamientos aislados y de lo difícil de gobernar un territorio tan disperso de islas, aparecen situaciones destinadas a mostrar las costumbres y usos de toda la sociedad, desde lo más alto a lo más bajo.

Al presentar como protagonista principal (uno de ellos, al menos) a un muchacho que ha vivido aislado del mundo, oculto de todos por su familia, quienes viven en una remota región montañosa, y que ha de salir a los tumultuosos caminos con ojos sorprendidos pues todo lo que va encontrando es nuevo para él, permite al autor presentar a sus lectores todos esos detalles de la cultura y la situación geopolítica histórica japonesa que ya son de conocimiento común para el resto de personajes, pero no para él. Las explicaciones se van sucediendo, novedosas a sus ojos, de forma que no se ven excesivamente forzadas, como sí hubiera sucedido si se le ofrecieran a algún personaje más experimentado. Samuráis, monjes, titiriteros… se van cruzando en el camino del muchacho y a través de ellos se va presentando toda la peculariedad de la sociedad y las costumbres feudales del Japón.

A su vez, las partes en tercera persona sirven para dotar a la novela de una mayor carga de acción, con enfrentamientos entre guerreros, disputas familiares y diversas cuestiones de índole política que ilustran la situación histórica que se estaba viviendo. Las piedras de Chihaya: El hilo del karma conforma un completo, y complejo, fresco que presenta un Japón, poco conocido para el lector occidental, que va desvelando sus peculiaridades sin dejar de lado el entretenimiento.
Publicar un comentario