viernes, 24 de junio de 2016

Reseña: Pesadilla a veinte mil pies, y otros relatos espeluznantes.

Pesadilla a veinte mil pies, y otros relatos espeluznantes.
Cuentos fantásticos /2.


Richard Matheson.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Gigamesh. Col. Gigamesh Ficción # 57. Barcelona, 2016. Título original: Collected Stories. Traducción: María Alonso / Raquel Marqués. 539 páginas.

Si en Nacido de hombre y mujer —si no lo habéis leído ya tardais— se recogían los relatos escritos por Matheson en su prolífica etapa entre 1950 y 1954, en este segundo volumen se hace lo propio con toda su producción breve de corte fantástico entre 1955 y 1971 un periodo de pujante madurez y asentamiento marcado en cierta forma por sus muchas colaboraciones y adaptaciones para el medio televisivo. Cuarenta y tres relatos nada menos que, si bien hilando muy fino se podría llegar a considerar que han perdido algo del «riesgo» de los de sus primeros años, es innegable que han ganado enormemente en factura estilística, pulido, profesionalidad, dominio de la técnica y de los recursos narrativos, y en la imaginativa resolución —o en la inexistencia de la misma, que muchas veces el autor gusta de dejar todo en el aire a interpretación de los lectores— de las tramas propuestas, sin perder en ambición ni en giros sorprendentes. Cuentos que, sin renunciar alguno de ellos a la ciencia ficción más clásica, se adentran decididamente en los terrenos de la intriga y el suspense fantástico o el terror más cercano y cotidiano al ciudadano medio, resultando por ello mucho más aterradores. Al igual que en el  primer volumen, aquí también cada relato viene cerrado por unas palabras del propio autor, explicando detalles de su génesis o de su destino posterior, un añadido muy de agradecer en este tipo de antologías.

Matheson explora los miedos y sombras de la sociedad estadounidense de mediados del siglo pasado, se interna en la horrible oscuridad que esconden las familias sin siquiera saberlo, hurga en las paranoias ocultas en los individuos aparentemente más normales. No busca grandes monstruos, terribles demonios ni figuras apocalípticas —también los hay en algunos cuentos, es cierto, pero bajo la peculiar interpretación del autor—, sino que se centra en el terror más insidioso y horrible, el del mal que le sucede al prójimo más cercano, de una forma tan natural que por ello resulta mucho más agobiante e inquietante. Sucesos que podrían sucederle a cualquiera —incluso cuando entra en juego el elemento sobrenatural, Matheson reparte tan bien sus cartas que siempre queda la duda de si no habrá detrás una explicación racional, aunque no por ello menos aterradora. ¿Es real el grotesco ser de Pesadilla a veinte mil pies o la vívida imaginación del protagonista le juega una mala, muy mala, pasada?—, que estallan en medio de la paz familiar por la más nimia de las razones, en un simple viaje de negocios al llegar de noche a un triste villorrio casi deshabitado, en un búsqueda de agua al salir con sed de un cine o en la convivencia de un barrio residencial en el que se instala un extraño de apariencia de lo más amable.

Ilustración completa de Alejandro Terán para los dos
volúmenes de los Cuentos fantásticos de Matheson
El autor juega con los géneros y se permite divertirse con curiosos ejercicios de mestizaje parodiando —y criticando de forma harto despiadada— los concursos de belleza de alcance sideral, o sacando la vena irónico-satírica en la venta de servicios puerta a puerta. También puede ponerse nostálgico mostrando la miseria de los futuros combates de boxeo —que luego además daría una base muy general a la película Acero puro—, llenarse de melancolía la tarea de terminar, entregar y ver publicada una novela o encontrar inesperada esperanza en el cortejo nupcial en un mundo postapocalíptico. Hay aquí incursiones en lo macabro, en lo humorístico, en lo romántico, en lo extraño… Pero en el fondo no son sino historias sobre individuos comunes que ven trastocados los parámetros de sus vidas y teniendo que enfrentarse a lo inesperado.

Muchos de estos relatos, enormemente visuales ya de por sí, serían adaptados después tanto en la gran pantalla como en diversos programas de TV —como bien atestigua el epígrafe final que da cuenta de la Filmografía del autor, tanto en guiones originales como en las adaptaciones de las que hablamos—, siendo seguramente alguno de los más conocidos de ellos los míticos The Twilight Zone y Tales from the Crypt. Este volumen se cierra precisamente con el muy agobiante Duelo que sirviera a un casi debutante Steven Spielberg como base para mantener en tensión a toda una generación con El diablo sobre ruedas, pero que al leer el relato cualquiera se da cuenta de que todo estaba allí ya de antemano.

Unión de las contrportadas
El volumen se convierte en una lectura realmente adictiva, con unos cuentos de una longitud ideal a los que de alguna manera se desearía espaciar para saborearlos mejor pero con los que es inevitable caer en el socorrido “sólo uno más” hasta que con cierta sorpresa el lector se da cuenta de que ya lleva consumidos un buen número de ellos. Como en botica, se puede decir que aquí “hay de todo” y, aunque algunos relatos no superen del todo con nota la prueba del paso del tiempo, en general la sensación final es más que excelente. Y si bien en alguno de ellos el lector debe de poner de su parte y trasladarse al momento y las circunstancias en que fueron escritos, eso es algo que también ayuda a comprender toda una época, retratada por Matheson de forma muy poco edulcorada y ciertamente agobiante.

Cuarenta y tres perturbadores relatos, espeluznantes sin duda, cargados de ironía y humor negro, de tensión e intriga, de misterio y paranoia, con ciertas pinceladas de un erotismo un tanto ingenuo e inocente que no evita ciertos momentos de los más escabrosos —es curioso constatar que Matheson no es el único autor de la época en remarcar que en aquel entonces Playboy pagaba mucho más por los cuentos que cualquier revista «especializada», algo que por otra conllevaba cierto «peaje» en la inclusión de elementos picantes que el autor sabía llevar de forma magistral a «su terreno»—. Una lectura imprescindible para cualquier degustador de literatura de terror y horror, con incursiones en otras muchas parcelas del fantástico, que se precie.
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