jueves, 9 de junio de 2016

Reseña: Seveneves (Siete Evas).

Seveneves (Siete Evas).

Neal Stephenson.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Ediciones B. Col. Nova. Barcelona, 2016. Título original: Seveneves. Traducción: Pedro Jorge Romero. 811 páginas.

«La Luna estalló sin aviso previo ni razón aparente». Con esta impactante frase de inicio, el autor de la inolvidable Snowcrash y de la monumental Criptonomicon pone sus ojos en un futuro apocalíptico donde la humanidad va a ser llevada al límite de la supervivencia, con la muy posible extinción de la especie en el fiel de la balanza. Stephenson sumerge a los lectores en una ciencia ficción hard donde lo importante no es la catástrofe en sí misma, con todo lo que conlleva, sino las soluciones que se van planteando y adoptando conforme la situación va empeorando más y más. La novela ofrece tal despliegue de teoría y tecnología espacial, de desarrollo robótico, de astronomía y mecánica orbital, de rudimentos de minería de asteroides, de genética, de supervivencia aplicada en espacios cerrados..., con tal cantidad de datos y posibilidades certeramente detalladas y descritas, que por momentos amenaza con apabullar al no iniciado saturando las neuronas. Pero no hay de qué preocuparse, pues Stephenson consigue driblar en los momentos justos el «punto de desconexión» del lector y mantener la atención en el drama humano que está teniendo lugar. Seveneves —palimpsesto mediante que, desde luego, invitaba a conservar el título original— ofrece un espectacular e ingenioso despliegue de especulación científica y humana, sin dar respiro, sobre todo en un último tercio seguramente demasiado comprimido, al sentido de la maravilla.

Nuestro satélite, la Luna, efectivamente ha sido destruido por un Agente de origen desconocido, los siete pedazos más grandes resultantes chocan entre sí en el espacio y se van fracturando cada vez más, siendo la consecuencia más visible una continua lluvia de fragmentos convertidos en meteoritos que se incineran en mayor o menor grado contra la atmósfera. Una lluvia que los científicos profetizan se irá incrementando de forma exponencial hasta alcanzar un punto en que saturará los cielos, cubriéndolos de fuego y acabando con la vida sobre la Tierra. Así que ¿qué hacer para salvar, de forma viable, al menos un pequeño resto de la humanidad? La respuesta de Stephenson es mandar al máximo posible de individuos al espacio, construyendo en torno de la estructura de la Estación Espacial Internacional —conocida como ISS, sus siglas en inglés, pero rebautizada como Izzy por temas que se explican en el relato— un nuevo Arca, mediante unos hábitats que permitan perpetuar la especie hasta que el planeta sea habitable de nuevo, mientras se conserva en ella un «repositorio» que contenga el más completo muestrario genético de los ecosistemas del planeta. Y durante dos años esa será la empresa, de una forma un tanto desesperada, a la que el común de la especie dedicará todos sus desvelos no sin incidentes, politiquerío y sacrificios extremos.
Stephenson es un prodigio de impecable detallismo, aunque a veces contrasta excesivamente el nivel de atención a las pequeñas cosas mientras la situación general se ve un tanto desatendida. La visión global, la situación en la Tierra en esos dos años de espera para el cataclismo, se ve penalizada y poco estudiada por encontrarse el foco de la acción centrado en unos personajes, de forma coral eso sí, y unas localizaciones muy concretos. Personajes que llevan con ellos lo mejor y lo peor de la especie humana, tan entregados altruistamente los más de ellos como egoístas puedan llegar a ser otros pocos, con muy diferentes caracteres y maneras de enfocar lo que se debe hacer en cada situación, pero dotados la mayoría de un sentido de la entrega y el sacrificio que los hacen irremplazables.

La Estación Espacial Internacional se convierte en un microcosmos representativo no tanto de la humanidad en sí como del esfuerzo de supervivencia puesto en manos de los científicos pero supervisado por las altas esferas. Hombres y mujeres procedentes de diversas naciones y con disparidad de habilidades, intereses y conocimientos, casi todos imprescindibles y complementarios; personas quizá algo arquetípicas o estereotipadas —la construcción emocional o la profundidad psicológica de cada protagonista, aún teniendo su parcela y siendo alguno de ellos ciertamente memorable, no son lo principal para Stephenson—, entre las que surgirán los inevitables roces y entre las que se crearán diferentes camarillas según el enfoque de la mejor manera de sobrevivir en un entorno tan adverso. La soledad, la rivalidad, el sentimiento de culpabilidad del superviviente, la ira, el amor en una sociedad de contados individuos, la desesperación vital, la irónica necesidad de aislamiento en un hábitat tan pequeño como exento de auténtica privacidad, la entrega desinteresada, el desafío intelectual…, irán haciendo acto de presencia, matizando y humanizando a cada personaje todo lo posible mientras se encuentra en escena, con intención más que nada de dar trasfondo a la situación, de retratar cómo podrían ser las reacciones y actuaciones ante las muchas y muy diversas dificultades y accidentes técnicos ante los que se van a encontrar en su difícil tarea. Cada protagonista tiene su papel definido y muy pocos serán los que se salgan de lo que se espera de ellos.

Contra lo que pudiera aventurarse y gracias a la habilidad narrativa del autor no aparecen tiempos muertos en el relato. Sí hay, entre otras, dilatadas y profusas descripciones de tareas espaciales, de logística, de aerodinámica, maniobras orbitales, apogeos, perigeos y paseos extravehiculares, de ingeniería en gravedad cero y de aprovechamiento de los recursos hasta la autosuficiencia en lugares que no pueden ser abastecidos desde el exterior, pero en todo momento el autor consigue hacer ameno, o al menos interesante, a fuer de no cesar en que pasen cosas, con una acción dilatada, al ritmo lento marcado por el entorno espacial —donde la más simple maniobra, acorde a las leyes de la física, puede requerir meses—, pero llena de tensión y cierta intriga. Ciencia y especulación, evolución cultural y genético-biológica, fascinación tecnológica, exhaustiva exploración teórica y práctica de las técnicas del futuro, desarrollo social, personas llevadas al límite, heroísmo y miseria humana, tragedia, traición y sacrificio llenan las páginas de la novela con entretenimiento y ameno didactismo, donde el autor no se limita a contar lo que sucede sino por qué y cómo sucede.

La tercera parte de la novela es, significativamente, una novela distinta, y ojalá Stephenson así lo hubiera plasmado, dedicándole la extensión que la «nueva» historia demandaba. No voy a destripar nada —quien quiera saber el punto de ruptura no tiene sino leer la sinopsis de contraportada—, pero sí puedo decir que es tan interesante como frustrante en la forma un tanto apresurada con que despacha todo lo que había planteado. Sigue siendo una novela apasionante, repleta a más no poder de sentido de la maravilla, de especulación y de una inmensa grandeza, pero deja con la sensación de que podía haberlo sido todavía más si no hubiese sido reflejada de una forma tan acelerada. Hay tal cantidad de ideas sobre biología y genética, sobre botánica y geología, sobre teoría evolutiva y desarrollo social, sobre maquinarias, sistemas de propulsión, estructuras y arquitectura espacial, sobre política y colonialismo… que, a la vez que obnubila, da la impresión de haberse quedado demasiadas cosas fuera, de no haber profundizado en temas que daban para mucho más. Todo el detallismo y profusión descriptiva de la primera y la segunda parte se transforma en la tercera en síntesis que deja asombrado por lo planteado, pero con muchas preguntas sobre el camino recorrido. Por una vez se podría decir que es un libro al que le falta extensión, y es que incluso de los dos primeros tercios del relato quedan ciertas «manos de serpiente» perdidas para la historia.

Seveneves (Siete Evas) es una novela tan ambiciosa como sugerente, repleta de temas y postulados reflejados con el habitual detallismo descriptivo del autor, con una exposición tan prístina y fácilmente aprehendible como exhaustiva, con ideas que llevan un paso más allá el sentido de la maravilla y la épica de la supervivencia en ambientes cerrados y adversos, que invitan a pensar y a plantearse interesantes cuestiones sobre el futuro, en todas las vertientes, de la Humanidad. Muy posiblemente no sea un bocado literario para todo tipo de lectores, pero a menudo festín pantagruélico invita Stephenson a quien se encuentre dispuesto a sentarse a su mesa —acompañado, además, por la excelente edición en cartoné que Ediciones B ofrece en Nova llena también de detalles de lo más agradables—.
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