jueves, 12 de mayo de 2011

Reseña: Brujas de Nueva York

Brujas de Nueva York.
El clan Greene 1. 

Carolyn MacCullough.

Reseña de: Jamie M.

Versátil. Barcelona, 2010. Título original: Once a Witch. Traducción: Daniel Hernandez Chambers. 287 páginas.

Tamsin Greene es una adolescente “normal” y ese es precisamente su problema. El día en que nació, en el seno de una familia en que cada miembro tiene un especial “talento” mágico, su abuela profetizó que ella habría de convertirse en una de las brujas más poderosas de la historia. Sin embargo, 17 años después Tamsin no ha desarrollado ningún tipo de don mágico y tan solo desea poder alejarse un tanto de su familia para no estar todo el rato sintiendo a sus espaldas sus miradas decepcionadas que ella ve como una humillación; así que estudia en un internado de Manhattan, Nueva York, donde comparte habitación con su mejor amiga, Agatha, lejos del mundo de la magia y la brujería.

No obstante, no ha roto en absoluto los lazos familiares, y así, un día cerca del final de las vacaciones de verano, cuando está echando una mano en la librería de su madre, un misterioso cliente, un enigmático profesor escocés llamado Alistair Callum, la confunde con su hermana mayor, la dotada Rowena, a la que quiere encargarle que encuentre una perdida reliquia familiar, un viejo reloj. Tamsin sabe que debe sacarle de su error; sin embargo, deseosa de demostrar su valía a pesar de la falta de algún tipo de poder, no lo hace y termina aceptando la tarea sin consultarlo con nadie, convencida de que no puede ser tan difícil encontrar lo solicitado por el profesor.

Mientras emprende la tarea, la cercana boda de Rowena, devolverá a la vida de Tamsin a un antiguo amigo de la infancia, Gabriel, quien abandonara a la familia junto a su madre años atrás trasladándose a la costa Oeste, y con el que pronto restablecerá una relación que bien podría trascender la mera amistad, involucrándolo casi sin querer en su búsqueda dado el particular y muy oportuno talento del muchacho. Sin embargo, descubrir la localización actual del reloj pronto va a demostrarse una tarea menos inocente de lo que parecía y los actos de los dos jóvenes van a desencadenar unos acontecimientos de funestas consecuencias que podrían conllevar la desaparición del futuro de su familia.

La, en principio, aparentemente sencilla misión rastreando el destino de la reliquia perdida va a implicar un particular viaje al pasado en que secretos que llevaban mucho tiempo en las sombras saldrán a la luz. Secretos que habría sido mucho mejor que permaneciesen olvidados, pero que una vez desenterrados van a cambiar toda la existencia de los jóvenes y sus allegados. Tamsin va a descubrir muchas cosas sobre aquellos que la rodean y sobre sí misma. La tarea se va a demostrar muy compleja y el profesor Alistair revelará no ser lo que aparentaba.

Gran parte del atractivo de esta novela reside en la conseguida personalidad de la protagonista. Tamsin, al contrario del resto de personajes que están plasmados de una forma excesivamente unidimensional (e incluso algunos entran y salen del relato sin aparente motivo), se hace simpática desde un principio, entre la rebeldía juvenil (con causa) que le hace rechazar lo que la rodea y el amor a su familia que le impide alejarse radicalmente, se trata de una joven amable a pesar de todas las circunstancias que han marcado su vida, con una vena apasionada, algo torpe en ocasiones, con ciertas dosis de desencanto, fuerte y a un tiempo insegura, con muchas dudas, divertida e inteligente a pesar de ese toque inseguro que le hace cometer errores por no pensar demasiado antes de actuar, buscando siempre encontrarse a sí misma en unas condiciones que no son precisamente las más propicias para la introspección, luchando por construirse un espacio propio lejos del agobio de las decepcionadas expectativas familiares (es difícil ser “normal” dentro de un grupo en el que todos tienen habilidades especiales) lejos de un lugar en el que siente que no encaja y donde todas las miradas parecen reprocharle un “defecto” en el que ella no tiene culpa alguna.

Con una escritura fácil de seguir y un ritmo muy medido, sin gran profundidad ni complejidades, Brujas de Nueva York es, sin duda, una lectura rápida que atrapa con una trama entretenida; una fantasía urbana juvenil narrada en presente y en primera persona con una protagonista con la que es fácil identificarse, con algún toque humorístico, sobre todo en los diálogos entre Tamsin y Gabriel, mucha magia, tensión y algo de romance adolescente. Empieza lentamente, introduciendo de forma amable todos los factores de la ecuación, los datos, el escenario y los actores implicados; luego, poco a poco, va acelerando, añadiendo intriga y misterio, y toma velocidad con algo de acción. Y cuando tiene bien atrapado al lector, la narración se precipita hacia una conclusión cerrada, aunque algo inconclusa sin embargo. Y es que el gran enfrentamiento que se intuye a lo largo de la novela, el sacrificio que sabemos que Tamsin debe hacer (y que hace), quedan de alguna manera pospuestos para la secuela, lo que no implica que no haya en la presente un buen número de situaciones emocionantes. Lo cierto es que la trama en sí se siente bien y satisfactoriamente resuelta, pero deja tal cúmulo de preguntas sin respuesta, tal cantidad de líneas sin cerrar, tantas dudas sobre la familia Greene, tantos destinos en el aire que es inevitable desear la pronta edición de la continuación. Yo ya estoy esperando, y eso que la autora ni siquiera la ha publicado todavía, aunque sí está anunciado, en inglés con el título de Always a Witch, para agosto de 2011.