Richard Adams.
Reseña de: Santiago Gª Soláns.
Seix
Barral.
Biblioteca Formentor. Barcelona, 2009. Título original: Watership
Down. Traducción: Pilar Giralt Gorina y Encarna Quijada. 451
páginas.
Tengo
la costumbre de, entre novedad y novedad, ir recuperando alguno de
esos clásicos recomendados de todos los tiempos para ir cubriendo
los huecos que no se llenaron en su momento. El problema surge cuando
las recomendaciones son tan vehementes que temes que la realidad no
esté a la altura de las expectativas creadas. Confieso que algo así
me llevó a retrasar la lectura de La
colina de Watership
que
me había sido tan bien puesto desde diversas fuentes que tenía
miedo de que me decepcionase. Tiempo perdido, la verdad; y es que
este es un libro que hay que leer sí o sí, disfrutándolo con
calma, paladeándolo y reflexionando sobre los amplios temas que
presenta el autor envueltos en una particular historia de «conejos».

Al partir no tienen una idea muy clara de cómo es el mundo que les rodea, no conocen los obstáculos que van a encontrar por el camino, no saben los peligros a los que se van a enfrentar, y a pesar de todo, juntos, van a hacer caso a su corazón y a apoyarse en los lazos de su amistad mientras se lanzan en pos de una utopía. Así la historia se convierte en la búsqueda de la libertad y de la seguridad, simbolizadas ambas en ese hogar que todos anhelan alcanzar, en esa sociedad idealizada por la que merecen la pena todos los sacrificios por muy difícil que sea de alcanzar. Y, dolorosamente, la muerte va a estar muy presente en todo momento, como algo cruel pero también natural, azarosa, inesperada, común... La lucha contra los elementos, contra otros animales, contra sus propios congéneres que buscan sojuzgarlos, deja bien claro que la vida no es un camino de rosas. El grupo estará muchas veces a punto de sucumbir ante las amenazas, incluso a aquellas más insidiosas como el atractivo de la comodidad de una sociedad hedonista que cierra los ojos ante el terrible precio que cuesta su confort o la seguridad de una sociedad totalitaria donde la comida y la protección están garantizadas a cambio de renunciar a la propia libertad y a los más mínimos derechos.

Eso sí, existe poca interacción con los humanos, pero cuando la hay los mismos no salen ―salimos― precisamente bien parados ―salvo en una excepción que redime un poco a la especie―, siempre vistos como el enemigo que valla el campo, que extiende venenos, que construye estructuras que diezman las madrigueras, siempre dispuestos a erradicar a los conejos por «invadir» las tierras que les pertenecen, por encontrarse en lugares donde se quieren levantar viviendas o cultivar los campos, o por simple «deporte».
Otro
acierto del autor es que cada conejo del grupo tiene su personalidad
y su papel, complementándose a la perfección los unos a los otros,
desde Avellano,
el líder renuente que no es el más fuerte, ni siquiera el más
inteligente, pero que «gobierna» por sus evidentes dotes de
liderazgo que le hacen tomar las mejores decisiones por el bien del
grupo olvidando cualquier consideración egoísta; o Quinto,
el visionario, un conejo débil que tiene poco que ofrecer a la
comunidad salvo su apoyo y esperanza inquebrantables, y que demuestra
que muchas veces el papel de los «pequeños» resulta vital para las
grandes acciones. Y luego están Zarzamora,
el observador-pensador que resuelve muchos de los problemas a los que
van enfrentándose como el de cruzar un río o una carretera; Diente
de León,
el cuentacuentos que levanta los ánimos con sus historias en las
horas más oscuras; Pelucón,
el matón que sin embargo terminará poniendo su fuerza al servicio
del grupo; Pico
de Halcón
y
Plateado,
quienes a pesar de su mayor peso, envergadura y fuerza, se pliegan
ante las ideas de los demás, reconociendo tácitamente que es mejor
pensar antes de actuar, que la reflexión siempre debe anteponerse a
la violencia; o el débil Puchero
a
quien nadie quiere dejar atrás...

Calificado
como literatura infantil-juvenil es fácil darse cuenta que dicho
nicho no le hace honor en absoluto. Es un clásico de la Literatura
contemporánea en cualquiera de sus vertientes, recomendable para ser
leído por cualquier público ―por todos los públicos―, con un
mensaje universal de enorme interés que se asimila mejor, quizá, al
estar protagonizado por conejos. Una historia de superación, un
viaje iniciático de autoconocimiento, una denuncia de los
totalitarismos, un alegato a favor de la solidaridad y la
colaboración para vivir en paz. La
colina de Watership
es
esa clase de libro «infantil» que introduce a los niños en el
mundo de los adultos, sin callarse, sin ocultar ni edulcorar la
realidad, sin esconder temas vitales como la muerte, las luchas
políticas, la traición, la amistad, el compañerismo y la
colaboración con los demás, la compasión, el respeto a la
naturaleza, la capacidad de adaptación y el trabajo en equipo, la
lucha por la supervivencia, la empatía con el prójimo, el
sacrificio desinteresado, el amor ―o la búsqueda de una pareja en
todo caso― y el anhelo por la utopía y la libertad. Un libro que
leído a diferentes edades sin duda ofrece muy diferentes «lecturas»,
pero que será disfrutado en multitud de niveles en cualquiera de
ellas.
A
lo largo de la novela Adams no hurta a sus lectores ni el fracaso ni
el dolor ni la brutalidad ni el sacrificio, no esconde que la vida es
dura y que no siempre es fácil alcanzar los objetivos marcados o que
muchas veces ni siquiera se puede alcanzarlos. Sin embargo, si una
lección hay en la novela es la de la superación ante las
adversidades, la no rendición ante los obstáculos, la lucha por
alcanzar los sueños. La
colina de Watership
es
un libro de emocionantes aventuras, de un grupo de personajes
entrañables, vivos, que respiran y sienten creando en el lector auténtica empatía, que se enfrentan a innumerables peligros
con la simple fuerza de su unión y con un plan en la cabeza, de un apasionante viaje a través de una campiña británica que a veces no
es tan idílica como podría parecer ―sobre todo cuando no levantas
más que un par de palmos sobre el suelo―... Un libro que todo el
mundo puede disfrutar y del que extraer algunas lecciones que aplicar
en el día a día. Recomendable es poco, ahora tan solo me arrepiento
del tiempo que he tardado en decidirme a leerlo.
4 comentarios:
Es un libro que gusta olvidar por el placer de volverlo a leer. Recuerdo una vieja edición del Círculo de lectores, de mis padres perdida en los avatares de la vida. Me encanta el análisis de la obra que hace el autor.
Totalmente de acuerdo. No pasará mucho tiempo antes de que los relea :-)
Saludos
La mini serie es una falta de respeto con esos inocentes animslitos, inyectandoles el veneno social y violencia del ser humano, independientemente que sea una historia fantástica considero que debió ser interpretada por seres humanos ya que la inhumanidad no reside en los,animales. Horrible puesta en escena donde una vez mas el homosapiens abusa de los otros seres vivos.
Bueno. Perfecto. Cada cual tiene su opinión y eso es estupendo. Personalmente considero que la forma de narración a un tiempo naturista y metafórica, precisamente sin humanizar a los animales, es la ideal para plantear ciertos temas de calado. Pero entiendo que a otros no les convenza. Es la maravilla de la literatura; hay libros para todos.
Gracias por pasarte a comentar.
Saludos.
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