miércoles, 25 de mayo de 2011

Reseña: El callejón de la Medianoche

El callejón de la Medianoche.
Los vampiros de Morganville 3.

Rachel Caine.

Reseña de: Jamie M.

Versátil. Col. Juvenil. Barcelona, 2010. Título original: Midnight Alley. Traducción: Daniel Aldea Rossell. 301 páginas.

Tercera entrega de la serie, la acción se inicia prácticamente donde la segunda, El baile de las chicas muertas, se quedara. Teniendo en cuenta que cada libro tiene su propia trama, pero que a su vez forman parte de un arco argumental mayor que va pasando de uno a otro, lo recomendable, de querer hacerlo, es leerlos en su debido orden, empezando desde el principio para no descubrir ciertos detalles de manera anticipada. Desde luego, esta novela puede ser leída de forma independiente, pero se perderán muchos de los matices que dan “vidilla” al relato a la vez que habrá ciertas cosas que podrían quedar un tanto confusas sin conocer los antecedentes.

Como ya se vio, Claire se ha comprometido al servicio de Amelie, fundadora de la ciudad y uno de los vampiros más poderosos de la misma (si no la que más), quien de forma algo enigmática la va a poner a recibir clases particulares de alquimia con un excéntrico, desequilibrado y escalofriante profesor, Myrnin, un chupasangres de gran edad que, cual un moderno Jekyll y Hyde, tan pronto pasa de ser encantador a convertirse en un aterrador psicópata prototipo en algunos momentos del célebre científico loco. El contrato con la vampira en teoría garantiza la seguridad de la joven, sin embargo no todos lo tienen tan claro. Además, y por si eso no fuera suficiente, las cosas se ponen realmente mal cuando empiezan a aparecer cuerpos asesinados en las calles de Morganville y cierto personaje del pasado de Eve vuelve a sus vidas.

La joven es perfectamente consciente de que está corriendo más peligro ahora que cuando no tenía un “contrato” que la protegiera, pero, tras descubrir el secreto guardado celosamente que se esconde tras las intenciones de Amelie al hacerla alumna de Myrnin, se convence, a pesar de todo lo que puedan decirle sus amigos, de que debe continuar adelante con la tarea encomendada. Una tarea de cuya resolución podría depender el destino de todos los vampiros, incluido por supuesto su amigo Michael.

La tensión se masca en la casa. Los antiguos amigos están ahora enfrentados. Shane, supuesto novio y protector de Claire e hijo de un furibundo cazavampiros que todavía sigue suelto por ahí, no puede aceptar la decisión de Michael aunque la tomara para salvarlos a todos ellos. Eve encuentra ciertas dificultades para retomar la rutina de su vida tras lo sucedido en el libro anterior, y además debe enfrentarse al retorno de su hermano Jason. Por otra parte, Claire descubrirá algo alucinada que su nueva estatus como protegida de Amelie ha supuesto también un cambio en su puesto dentro de la sociedad de Morganville, lo que conlleva un extraño acercamiento por parte de Mónica Morrell, hasta entonces némesis implacable de la joven y que ahora parece querer ser su mejor amiga.

Caine mantiene el pulso con personajes que se alejan en cierto modo del estereotipo clásico y que van adquiriendo cierta profundidad que los aleja de las dos dimensiones; personajes que pueden sorprender por sus acciones, que maduran de libro en libro, cambiando inevitablemente con las adversas circunstancias con las que están lidiando. La inocencia ha quedado muy atrás y todos deben cargar con el peso de sus decisiones y de sus secretos. La amistad es un bien frágil, fácil de romper y muy difícil de recomponer, como los habitantes de la mansión Glass van a comprobar en propias carnes. También es cierto que mientras Claire refleja un crecimiento y maduración importantes, sus tres compañeros se quedan un tanto atrás, con mucho menos peso y actuando casi por reflejo, siendo el personaje de Eve, con toda la carga y presión psicológicas que le tocan soportar en esta ocasión, uno de los más desaprovechados.

La autora va desenterrando buena parte de los secretos que tanto Morganville como los vampiros que allí habitan mantienen ocultos; empieza a cobrar forma la historia de la ciudad, la razón de su fundación. Firmemente establecido el presente, con un futuro incierto, se empieza a vislumbrar los hechos del pasado que han llevado a la situación actual, dando una gran solidez a la serie y un punto de partida que puede dar mucho juego en próximas entregas.

La trama, dentro de lo directo de sus planteamientos, sigue ganando complejidad, ofreciendo algunos giros sorprendentes. Usando a fondo las claves de la fantasía urbana juvenil, el lector va a encontrar acción trepidante con un poco de reflexión (una buena advertencia sobre el precio que acarrean las decisiones tomadas sin demasiada meditación, cierto acercamiento al despertar sexual o un inciso sobre el peligro de las drogas y otras sustancias estupefacientes experimentadas de forma despreocupada), con mucha diversión aunque no sea un libro de humor, una buena pizca de traiciones, un toque picante de amor adolescente, todo con un ritmo acelerado que no se resiste a hacer revelaciones intrigantes que aderezan la narración, que entretiene haciendo pasar un buen rato. El “pero” sería que las diferentes líneas no terminan de casar a la perfección entre ellas, produciéndose una descompensación entre unas y otras que lastra en algunos momentos la lectura.

Al igual que sucediera con el primer libro, El callejón de la medianoche termina con un cliffhanger que deja todo preparado para la siguiente entrega. La línea argumental, a pesar de haber obtenido un buen número de respuestas, sigue dejando en el aire suficientes misterios y temas interesantes por resolver con la promesa de más emoción en el futuro. Y lo cierto es que quedan unos cuantos libros esperando, la verdad.