jueves, 10 de mayo de 2012

Reseña: Sin culpa

Sin culpa.
El protectorado de la Sombrilla, libro 3.

Gail Carriger.

Reseña de: Jamie M.

Versátil. Col. Fantasía. Barcelona, 2012. Título original: Blameless. Traducción: Daniel Aldea Rossell. 365 páginas.

Tercera entrega de El protectorado de la Sombrilla, lo cierto es que esta novela casi podría considerarse un todo con la anterior. Dado el cliffhanger con que se cerraba Sin cambios y que esta se inicia como una continuación directa muy poco después de que aquella “terminara” hace que se antoje casi la misma novela partida en dos. Todo lo narrado en la presente es consecuencia del epílogo de su predecesora (y si no se ha leído en esta ocasión sí que es muy importante hacerlo antes, porque es difícil escribir lo que viene sin hacer referencia a aquellos sucesos). El aparente equilibro del reparto de poderes entre vampiros y licántropos en la sociedad victoriana británica parece estar cambiando, debido parece ser sobre todo a la presencia en las altas instancias de una preternatural casada con un sobrenatural, sobre todo al ser este el alfa de la manada de Woolsey. Corrientes conspiratorias subyacen bajo la aparente calma de la población de Londres, más preocupada por los cotilleos que por las intrigas de las altas esferas, sobre todo desde que Alexia haya abandonado el hogar marital y este a punto de convertirse en la comidilla de los tabloides y los salones de té.

Al inicio de esta novela, la protagonista, repudiada por su marido, se encuentra refugiada en casa de sus padres, hasta que el escándalo estalla dentro de la rígida, y cotilla, sociedad londinense, lo que le fuerza a tomar una radical decisión para descubrir cómo ha podido llegar a suceder su inconveniente prenatal. Mientras tanto lord Woolsey ha abandonado prácticamente sus obligaciones, deprimido e intoxicado mediante inventivos métodos (ya que el alcohol como tal apenas afecta al organismo de los licántropos, sin llegar a emborracharlos realmente o durante muy poco tiempo). Será así el profesor Lyall quien deba asumir la dirección de la manada y de buena parte de las obligaciones de su alfa en el ORA. Los problemas aún se van a agravar más cuando se descubra la desaparición de lord Akeldama, que ha abandonado de forma precipitada su hogar con todos sus zánganos.

Carriger libro a libro va ampliando con pulso firme su mundo, mostrando para la ocasión las muy diferentes visiones de los sobrenaturales que tienen en otros países como Francia o, mucho más en concreto, Italia, donde el rechazo de los un tanto fanáticos templarios es frontal a todo lo que se aleje de la humanidad calificándolo como demoniaco. Sin embargo, los conocimientos de estos guerreros acumulan después de siglos de estudios pueden ser lo único que arroje algo de luz sobre el aparentemente imposible embarazo de Alexia. La autora aprovecha para desvelar, aunque arrojando aún más sombras por el camino, algunos de los secretos de la misteriosa vida del progenitor de la protagonista, redundando en la naturaleza de lo que es y lo que significa ser un preternatural sin alma. La estancia entre los los templarios va a resultar ciertamente peculiar, informativa y divertida.

La ambientación steampunk también va a dar buena cuenta de sus posibilidades, siguiendo la general línea de crecimiento, con nuevos artefactos “etéricos”, llenos de piezas de relojería, mariquitas mecánicas asesinas o cierto tren colgante en medio de los Alpes que ejemplariza cómo no debe cruzarse un puerto montañoso.

Sin embargo, la separación de los personajes y el paso atrás de alguno de ellos va a propiciar una narración con algo menos de romance y de humor, y con más acción frenética. Se echa de menos la interacción entre Alexia y Conall, tan llena de pullas y de humor irónico, porque además el personaje de lord Maccon queda enormemente desdibujado; convertido casi en caricatura de lo que nos había sido presentado hasta ahora, un pelele en manos de sentimientos difícilmente justificables (si tanto la quería no se entiende que dudase tan duramente de ella y la repudiara) por mucho que Carriger intente explicarlos, la depresión y autocompasión no parecen algo en lo que se solazaría el alfa de Woolsey. Al contrario, las reacciones contradictorias de Alexia pueden entenderse a la perfección por el ataque hormonal que su cuerpo está sintiendo y por la tensa situación en que se encuentra inmersa.

Asistimos de esta manera a una nueva vertiente suya, si hasta el momento se había mostrado siempre fuerte y decidida, aquí amenazan con aparecer ciertas grietas en su armadura de seguridad, ciertas dudas que llenan de incertidumbre su futuro, ciertos miedos que podrían cuestionar sus decisiones. Se encuentra en una terrible encrucijada, inocente sin culpa de la acusación que ha llenado su vida de escándalo y la ha llevado a abandonar Londres en busca de una remota forma de demostrar esa inocencia, sus enemigos van a seguir presionándola allá donde vaya. Las colmenas vampíricas no van a cejar en su intento de matarla. Así, no le va a quedar más remedio que seguir huyendo, apoyándose en la ayuda de sus amigos, encontrando nuevos aliados y peligrosos contrarios en su camino. Sin embargo, cuanto más acorralada se encuentra Alexia más probable es que se revuelva con resultados sorprendentes, y violentos, dando al libro ese tono de acción frenética que tan intenso lo hace.

Mientras Alexia y sus acompañantes, Floote y madame Lefoux, dan tumbos por Europa, en Londres Ivy Hisselpenny va a demostrar por una vez que quizá sí que haya algo debajo de sus rizos dorados, y el profesor Lyall verá como su lealtad va a ser llevada hasta el límite de sus capacidades, y de su paciencia, teniendo que mantener de una pieza la manada de Woolsey mientras lidia con sus obligaciones en el ORA y con la búsqueda de lord Akeldama.

El final de Sin culpa, aún pecando de un tanto precipitado, y con alguna decisión de la protagonista más que cuestionable (no quiero decir nada, porque no es cuestión de chafar el misterio, pero...), dejando los debidos cabos sueltos para que todo esté preparado para la próxima entrega (quedan dos más), es mucho más satisfactorio que el de Sin cambios al no producirse ningún cliffhanger tan salvaje. Ahora la cuestión es: ¿tardará mucho la siguiente en español?