lunes, 21 de mayo de 2012

Reseña: Los horrores del escalpelo

Los Horrores del Escalpelo.

Daniel Mares.

Reseña de: Alb Oliver.

Grupo AJEC. Col. Ajec Hystórica. Granada, 2011. 827 páginas

Daniel Mares, autor de la obra, ha destacado como autor de ciencia ficción y fantasía, lo que me ha hecho pensar una vez leído Los Horrores del Escalpelo, que su catalogación dentro de Ajec Histórica, está algo errada. Nos encontramos con otra obra cuya portada a simple vista nos sugiere otro relato sobre Jack el Destripador, y así es, pero bastante diferente a los que estamos acostumbrados.

Su historia nos sitúa pues en la Inglaterra de finales del siglo XIX, el que se suponía iba a ser de los prodigios, aunque tal vez aquí se encuentre algo idealizado, siendo muy generoso en las descripciones de algunos personajes de baja ralea.

La novela tiene un punto fuerte, que sería el misterio. Estamos frente a una narración enmarcada, que tiene como motor a dos periodistas entrevistando a uno de los personajes que sobrevivió a los hechos. Los personajes lo visitan en las instalaciones en las que está recluido, una residencia en la que cada vez que se produce una entrevista, obtenemos un relato de los acontecimientos.

Gira en torno a varios personajes, que se relacionan entre sí, pasando a ser diferentes los protagonistas realizando acciones simultáneas, que van añadiendo datos que faltan en las otras historias. Por su parte, los dos periodistas van investigando lo que pueden dentro de la residencia, encontrando cartas, narraciones e incluso a otro superviviente, que poco a poco van relacionando con la trama principal.

Los personajes que aparecen son una mezcla de reales e inventados, sumando originalidad a la trama, dado que algunos de ellos son fácilmente reconocibles. Los dos principales, podría decirse que son Drunken Ray (o Raimundo Aguirre), un matón desfigurado que ha pasado una vida de lo más curiosa de incidente en incidente y Leonardo Torres, un ingeniero español.

De un encuentro casual inician una amistad que de forma directa les llevará a situaciones comprometidas. Básicamente todo gira en el descubrimiento de un autómata, el Ajedrecista de Von Kempelen, capaz de jugar y ganar partidas de ajedrez. Dos jóvenes militares entran con Torres en una apuesta, y aunque inconclusa, hace que Torres despierte su curiosidad como ingeniero por el artefacto. Todo ello les llevará a relacionarse con la familia de Lord Dembow, cuya sobrina está comprometida con uno de los militares, y ahí empiezan a aparecer personajes cuyas intenciones nunca terminan de quedar claras.

Con el tiempo, Torres recibe una carta de Raimundo pidiéndole que vuelva, que posee los restos del ajedrecista, y está convencido que los crímenes de Whitechapel están relacionados con su anterior poseedor, el Dr. Tumblety, a quien conocía del pasado.

Hasta aquí tendríamos el resumen de lo que sería el inicio de la historia. En ella Daniel Mares ha hecho una presentación de casi todos los personajes principales, y los ha definido claramente. Para ello se lo ha tomado con calma, y no es hasta más o menos la mitad de la novela que empiezan a ocurrir los eventos. Con cada nueva página, consigue que la intriga aumente, y nos encontramos con piezas que a la par de hacer el puzzle más grande, lo complica, haciéndonos cambiar de opinión viendo los nuevos roles que adoptan los personajes.

Las reuniones de los dos periodistas con el individuo recluido, cada vez logran confundir más, de inicio ambos piensan que todo se trata de un montaje para sacarles dinero, pero conforme la trama avanza, y van comprobando datos, (desde una novela de folletín, a cartas privadas) todo se vuelve más confuso. Dicho folletín podría considerarse una nueva narración aparte, pero tras haber avanzado con la novela, vamos identificando detalles. Igualmente, se incluyen narraciones sobre el pasado de los personajes que rompen el hilo de la trama, cambiando la ambientación, como sean distintas versiones de una misma acción militar.

El mejor aspecto de la novela, junto con el misterio, posiblemente sea ese, la forma en la que se ha hilado todo, a pesar de que en ocasiones puedas desear saltarte algo pensando que no tiene relación con el resto.

La parte que no me ha convencido demasiado… Recordaré mi queja inicial. Mares es un autor habituado a la ciencia ficción, por lo que una vez muy avanzada la historia ves que incluye elementos del ciberpunk y te quedas perplejo pensando en si realmente había que llegar a esos extremos (o al menos en la forma en que aparecen, quizás rebajándolos no impresionarían tanto).

Como os he desvelado, la novela gira en torno a los automatismos que aparecen en ella, ejemplo la máquina de ajedrez, y mi pregunta viene a ser… ¿era realmente necesario cambiar el género? Obviamente era la idea desde el inicio de la misma novela, pero hasta el momento de su aparición estamos leyendo una historia interesante y compleja, como otras tantas que hayamos podido leer sobre los crímenes de Jack el Destripador; y de repente nos encontramos con situaciones que hacen volar nuestra imaginación por otros terrenos.

Por lo demás, tenemos un relato de conspiraciones secretas, traiciones, y venganzas, muy bien llevadas, con unos personajes bastante desarrollados y que siempre parecen tener algo que ocultar, lo que puede interesar a los lectores.
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