martes, 15 de enero de 2013

Reseña: Planeta 86

Planeta 86.

Dan Abnett.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Timun mas. Barcelona, 2012. Título original: Embedded. Traducción: Juan Pascual Martínez. 348 páginas.

Antes que nada, debo reconocer que este es el primer libro que leo de este autor, conocido en España sobre todo por sus aportes a la franquicia de Warhammer, así que se hace evidente que carezco de referencias previas con qué compararlo, algo que tampoco debería ser algo negativo per se. En la presente novela Abnett ofrece una historia de ciencia ficción cercana, aunque no estrictamente circunscrita, al space opera militar —toda la acción se desarrolla en la superficie del planeta, aunque haya múltiples referencias a otros muchos—, con la que ofrece un interesante reflejo de ciertas situaciones de nuestra actualidad. Una historia llena, a partir de su segunda mitad, de una acción que permite a su vez cuestionarse un buen número de planteamientos tras las motivaciones para iniciar, o continuar, una guerra —el paralelismo con ciertos conflictos post 11/S resulta demasiado evidente—. Junto a la historia bélica el autor desarrolla un thriller de intriga en torno a la búsqueda de información sobre las verdaderas causas de los sucesos que están teniendo lugar en ese Planeta 86 que da título —en español— a la obra.

Lee Falk es una suerte de corresponsal de guerra, bastante hastiado de la profesión y de vuelta de todo, cansado de saltar de mundo en mundo en pos de la noticia, pero incapaz de detenerse o echar raíces en sitio alguno. Destinos  no le faltan en una galaxia que parece instalada en una especie de guerra fría que se extiende por todas las colonias de la humanidad, manteniendo un tenso enfrentamiento no cruento entre los Estatus Unidos y el Bloque —occidente y oriente, para el caso—. Sin embargo, ciertos indicios hacen sospechar que la cuestión está a punto de pasar de fría a caliente en el Planeta 86, una colonia sin demasiada importancia y todavía sin nombre oficial, con diversas explotaciones mineras que ven amenazada su rentabilidad. Un calentamiento que Falk se propondrá estudiar sin demasiado entusiasmo inicial, pero sin dejar pasar la oportunidad de zambullirse de lleno en la noticia cuando finalmente «muerda el hueso». En un proceso que recuerda mucho, salvando distancias, a la película Avatar, el periodista se va a ver introducido en otro cuerpo desde el que seguir los acontecimientos no tan a distancia como desearía.

Introduciendo ciertas pistas que vendrían a indicar que la trama de la novela no tiene lugar en nuestro propio futuro sino el de una realidad paralela, el autor aprovecha para incluir temas de cierto calado, aunque sean tratados sin un exceso de profundidad, ya que el esfuerzo de Abnett está evidentemente polarizado más hacia el entretenimiento puro que hacia la denuncia social o política: Las guerras televisadas, la censura de la información, la relación de los militares con los medios de comunicación y los periodistas sobre el terreno, el uso de la fuerza para apoyar intereses económicos y corporativos, las grandes empresas oligárquicas y los lobbies de presión  que muchas veces dictan las políticas de los gobiernos, la trata de blancas...

La novela se inicia casi como una sátira de nuestros tiempos, de la corrección política que lleva a incorporar a los soldados un «parche lingüístico» que les impide soltar tacos cuando se enfadan, de las megacorporaciones dispuestas a hacer negocio a cualquier precio, de la «visita turística» que el ejército ofrece a los periodistas para que solo puedan reflejar «su» verdad. De hecho, recuerda a esas películas sobre Vietnam o sobre el Golfo, con los periodistas esperando en sus hoteles la posibilidad de acceder a la zona del conflicto, mientras se contentan con impregnar con algo de «color» local sus crónicas para un público lejano. Abnett refleja a la perfección esa sensación de desapego y aburrimiento de los que sospechan que en algún lugar hay «acción», pero no pueden acercarse a la misma.

Cuando, tras esta fase inicial de investigación periodística, finalmente Falk accede al auténtico conflicto y la novela se convierte en un relato de acción bélica, de comandos, con abundancia de tiroteos y explosiones, huidas desesperadas, muertes, especulaciones sobre la causa del conflicto —convertida en un auténtico «McGuffin»—, y tecnología al servicio de las tropas para causar el mayor daño posible en el enemigo, es cuando la cosa se pone realmente movida, aunque sin exagerar. Una experiencia que conlleva un fuerte dilema moral que cambiará al periodista y forzará en él una nueva manera de ver, y entender, el mundo bajo una luz incluso más cínica y desencantada que la que acostumbraba arrastrar hasta el momento, pero con su puntito de luz.

Mientras los gobiernos, las corporaciones, los políticos, pueden resultar beneficiados por las guerras, las auténtica víctimas son aquellos que las viven en primera persona, sean del bando que sean y se encuentren en la posición que sea. Los beneficios siempre son para los que se encuentran lejos, en sus despachos, mirando impersonalmente una hoja de bajas como si de una hoja de balance se tratara, tan solo gastos y beneficios, mientras sobre el terreno combatientes y no combatientes entregan sus vidas por causas desconocidas que muchas veces ni siquiera compartirían si se las comunicasen.

Abnett hace gala de una escritura fluida, con una sólida construcción del mundo, aunque no tanto de los personajes, ya que hay alguno que «cojea» bastante, que no es desarrollado en la profundidad que hubiera sido deseable o que simplemente desaparece sin haberle dado tiempo a dejar impronta. Planeta 86 presenta con una trama coherente con su planteamiento, bien desarrollada en sus detalles, y con una revelación final —a modo de, casi casi, monumental deus ex machina para justificar todo el tinglado— de la naturaleza del McGuffin que muy bien podría dar lugar, a pesar de que el libro se encuentra perfectamente cerrado, a una posible continuación.