miércoles, 9 de enero de 2013

Reseña: Saga, Capítulo Uno

Saga, capítulo uno.

Guión: Brian K. Vaughan.

Dibujo: Fiona Staples.

Reseña de: Jamie M.

Planeta DeAgostini Comics. Barcelona, 2012. Contiene Saga 1-6. Traducción: Diego de los Santos. Cartoné, 168 páginas.

El guionista Brian K. Vaughan, creador de comics como Runaways, Y, el Último Hombre o Ex Machina, tras probar suerte con la escritura de guiones televisivos para una serie como Perdidos, se embarca ahora en una larga serie —al menos en intención, supongo que la duración dependerá también de la aceptación del público y de las ventas, en principio buenas— donde confiesa volcar todos los gustos de su infancia, con personajes imaginados en aquel entonces pasados por el tamiz de la madurez y la paternidad, y que podría definirse como una mezcla del despliegue galáctico de Star Wars y Flash Gordon con el realismo fantástico algo sucio de Canción de Hielo y Fuego, la épica de El Señor de los Anillos y el romance imposible de Romeo y Julieta. Space opera, fantasía y amor a prueba de bombas.

El presente volumen recopila los seis primeros números publicados en formato comic-book en USA y agrupa el primer arco argumental completo que sirve además de presentación de los principales protagonistas y del universo en que van a desenvolverse sus aventuras —y desventuras—.

Alana, con pequeñas alas en la espalda —¿hada?—, y Marko, con cuernos en la cabeza —¿fauno?—, pero básicamente humanoides ambos, son dos combatientes de razas diferentes que se encuentran embarcadas en un conflicto de escala galáctica desde tiempos inmemoriales. Por azares del destino y de los vaivenes de la guerra, se enamoran, se casan y engendran descendencia, punto crucial con el que precisamente se abre la historia.

Sin estar muy preparados para ello y perseguidos por ambos bandos, pues ninguno de ellos pueden permitir tan «antinatural» unión, van a ser padres de una niña que se va a convertir en la narradora del relato de cómo la pareja intenta dar esquinazo a todos aquellos que van tras su rastro. Una huida en pos de abandonar el planeta, conservando la vida en el intento, en la que se enfrentarán a muy diversos peligros, recorrerán muy diversos parajes y conocerán a diversas «personas» dispuestas a ayudarles, siempre por un precio.

En el planteamiento inicial de la trama, resulta curioso el reparto de roles dentro de la pareja, con Marko en plan soldado pacifista objetor de conciencia y Alana con un carácter mucho más belicoso, decidida a resolver cualquier enfrentamiento mediante el uso de la fuerza. Ambos pertenecen a sociedades muy diferentes, ella proviene de un planeta altamente tecnificado y él de la luna del mismo donde prima la magia. Amba sociedades se encuentran enfrentados desde mucho tiempo atrás, habiendo exportado su conflicto a toda la galaxia e implicando en el mismo a un gran número de pueblos alienígenas. Con tales antecedentes, entre Marko y alana solo debería existir odio y, sin embargo, surge el amor —y su fruto—. En su relación llama la atención lo bien plasmadas que se encuentran las realistas reacciones de los padres primerizos ante las necesidades de su bebé.

El elenco de personajes es ciertamente llamativo y remarcable. Entre los perseguidores el lector se va a encontrar con el Príncipe Robot IV, un humanoide con cabeza de monitor de tubo quien recibe de su padre la orden de capturar a los fugitivos y la acta de forma bastante renuente; los «autónomos» —a la postre es una suerte de cazarrecompensas— La Voluntad, acompañado de una Gata de la Mentira, un ser alienígena capaz de descubrir a ciencia cierta cuando alguien está diciendo la verdad o no, y El Tallo, asesina implacable y amoral, quien comparte un pasado romántico con el anterior, aunque para ella es más que agua pasada; e Izabel, una joven realmente especial, nativa del mundo en el que se encuentran, y que se ofrecerá a ser su guía en su azaroso periplo para salir del mismo.

Hay a lo largo de la aventura ciertas licencias erótico-festivas que parecen incluidas más para, ante un producto que por sus mimbres podría calificarse de aventuras de ciencia ficción juvenil —de hecho se «vende» como “una historia familiar” con un cartel de “para lectores adultos, eso sí—, decir por parte de Vaughan aquello de “mirad, que maduro es lo que estoy contando” que por una verdadera necesidad dentro de la historia —el propio guionista ha definido la serie, supongo que en broma, como «Star Wars para pervertidos»—. Hay una serie de «desnudos» gratuitos que no aportan nada, junto a algunas escenas que sí se antojan justificadas como la presencia de La Voluntad en el planeta-burdel de Sextillion que va a desencadenar una sublínea que supongo que el guionista irá desarrollando más adelante y puede dar mucho juego.

La dibujante, Fiona Staples, realiza un trabajo muy llamativo, dibujando en un primer momento tan solo las figuras principales y añadiendo en la fase de color todos los fondos, consiguiendo crear así una sensación un tanto desconcertante, pero nada desagradable, que consigue transmitir el ambiente exótico en que se desarrolla toda la historia. Staples despliega un enorme abanico visual, creando seres y escenarios totalmente alienígenas, pero consiguiendo plasmar y transmitir al lector todas sus sensaciones y sentimientos; incluso con alguien como el Príncipe Robot IV que tiene una pantalla de monitor por cara el lector es consciente en todo momento de su fastidio, enfado o desidia ante la situación en que se ha visto embarcado contra su voluntad.

Aunque el arco principal se cierra satisfactoriamente, el peaje del medio de entregas periódicas y el pertenecer a una serie que aspira a una longeva vida, hace que al final se produzca una especie de cliffhanger, con la presentación sorpresiva de nuevos personajes, que deja ciertos temas a punto para la continuación. Saga, capítulo uno contiene una explosiva mezcla, que los autores manejan con mano férrea para ofrecer una historia consistente, llena de elementos fantásticos, de aventuras cargadas de dramatismo, de sociedades y personajes exóticos, con algún toque escatológico y ciertos golpes humorísticos —relacionados sobre todo con la reciente paternidad de la pareja protagonista— que la hacen a priori tan atractiva como inesperada. Después de la decepción del brusco final de Ex Machina, habrá que estar atentos a la evolución de la serie y su desarrollo, pero por el momento la cosa promete.
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