viernes, 3 de mayo de 2013

Reseña: Los indeseables

Los indeseables.
Crónicas de Haven 1.

Maureen McGowan. 

Reseña de: Jamie M. 

Oz Editorial. Barcelona, 2013. Título original: Deviants. The Dust Chronicles book one. Traducción: María José Giménez / Sandra Sanchéz. 286 páginas.

Es esta una novela heredera de una tradición distópica que se remonta (¡como poco!), hasta “La fuga de Logan”, con una sociedad encerrada bajo una cúpula dadas las supuestas condiciones adversas e inhabitables del exterior, mientras los ciudadanos viven, o sobreviven, bajo la dirección de un “gobierno” totalitario, que domina tanto los medios de producción como los canales de información (o desinformación). La autora aprovecha todos los recursos recurrentes, clichés y tópicos del “subgénero” (e incluso afines, como el de romántica paranormal) para construir su aventura, sin dejarse ni uno, pero encajándolos de forma bastante inteligente y atractiva, con una historia muy rápida de leer (una tarde, dos a los sumo), destinada a un público eminentemente juvenil dispuesto a dejarse arrastrar por la acción y el toque romántico.

Tiempo atrás, una lluvia de meteoritos impactó contra la Tierra y no solo arrasó con la naturaleza, sino que dejó en la superficie una capa de polvo con elementos tóxicos que produce en algunas personas mutaciones de muy diverso calado al ser inhalado.

Dentro de la cúpula que encierra la ciudad de Haven esas mutaciones (así como los defectos físicos de causa natural) se condenan con el exilio, la expulsión al exterior, algo que en realidad es de facto una sentencia de muerte a manos de los trituradores (humanos transformados hasta un paroxismo salvaje y canibal) y del propio polvo. Glory, una huérfana a punto de cumplir los dieciséis años, debe cuidar de su hermano menor, Drake, lisiado y mutante, ocultándolo de aquellos que querrían expulsarlo por ambos motivos, al tiempo que ella misma debe mantener en secreto sus particulares habilidades mentales que le permiten mediante el contacto ocular causar dolor e incluso la muerte a través de sus emociones.

La novela se enclava, ya ha quedado dicho, dentro de la actual corriente de distopías post apocalípticas destinadas a un público de “adultos-jóvenes” (protagonista adolescente narrando en primera persona incluida), donde el mundo tal y como lo conocemos ha sido arrasado y convertido en inhabitable. Unos pocos supervivientes han conseguido superar el cataclismo encerrados en una cúpula a la que sus impulsores, miembros privilegiados de ciertas corporaciones empresariales, dieron el nombre de Haven (Refugio) y donde las estructuras sociales y productivas se encuentran firme y rígidamente establecidas. Las condiciones para la mayor parte de la población son paupérrimas, con grandes racionamientos, y duras condiciones de habitabilidad en minúsculos habitáculos (la protagonista reside en lo que antaño fuera el vestidor de un ático de lujo que ha sido dividido en multitud de infra alojamientos), mientras la elite gobernante goza en secreto de grandes ventajas.

Para mantenerse ella y a su hermano, Glory utiliza su mutación para cazar ratas, añadiendo algo de “carne” a la escasa dieta que le permiten sus cupones de alimentación, con el miedo continuo de ser descubiertos y expulsados de la cúpula. Y es que, pesar de lo rígido de las reglas de la sociedad en la que viven, de los sufrimientos que deben afrontar, del hacinamiento, la carestía, la poca esperanza de mejora... lo cierto es que aparentemente el exterior está mucho peor. Cubierto de polvo tóxico y habitado tan solo por los “trituradores”, humanos que han sido transformados en bestias salvajes, se ha convertido en una auténtica condena para limitar la disidencia y aplastar cualquier deseo de cambiar las cosas dentro de Haven

No creo que sorprenda a nadie si, como es costumbre en estos casos, llega un momento de la narración en que las circunstancias “obligan” a la protagonista a salir al exterior, llegando a la conclusión de que (aunque evidentemente le han mentido durante toda su vida sobre la situación fuera de la ciudad, muy diferente de lo que le habían inculcado) el peligro efectivamente se encuentra siempre a un tiro de piedra.

Las mutaciones no dejan de ser las habituales en estos casos (¿alguien ha dicho Marvel?, incluso se intuye la sombra del propio Hulk en algunas escenas importantes), pero se encuentran bien integradas dentro de la trama, resultando en ocasiones vitales para el desarrollo de la misma. El dilema de la propia Glory se encuentra perfectamente reflejado, debatiéndose con un “poder” que la asusta por lo que puede hacerles a todos aquellos que la rodean, pero que al mismo tiempo puede usar en su beneficio y sacarla de más de un apuro. Y no, es conveniente no analizar demasiado la base científica de toda la situación, resultado de la lluvia de meteoritos sobre el ecosistema de la Tierra incluido, para disfrutar a fondo.

Quizá lo peor de la novela sean precisamente los aspirantes al amor de Glory, provenientes de mundos muy diferentes y con muy diferentes personalidades, son ambos retratados de alguna manera y con poco acierto como “chicos malos” o “duros”, que parecen basar su atractivo en portarse posesiva y enigmáticamente con ella uno, Carl, y en su personalidad atormentada cargada de secretismos el otro, Burn (como digo, todas los recursos recurrentes del subgénero y afines...). Así, el romance no termina de despegar, pero es de esperar que McGowan pueda profundizar más en ello en las siguientes entregas. De hecho, es cuando el amor no entra en la ecuación cuando mejor retratados, sobre todo Burn, se encuentran sus partenaires.

Los indeseables es una novela llena de acción (casi se podría decir que tras un comienzo de presentación algo más suave, enseguida se plantea como una huida constante), rápida, concisa y directa, con pequeños descansos para tomar aliento, una pizca de romance (con un amor, por supuesto, imposible y el tímido asomo del recurrente triángulo a ser explotado en futuras entregas), mucho drama, unos cuantos equívocos, suspense, cierta intriga pronto desvelada, y un escenario devastado que da mucho juego a la autora.

Existe una tímida crítica social, incluso política, en la situación del común de la población de Haven, mantenidos bajo el yugo de un élite que ejerce sus privilegios en secreto, utilizando sistemas cuasi estalinistas como una especie de policía del pensamiento, lavados de cerebro a través de una educación dirigida, muy limitada y basada en medias o completas mentiras, emparejamientos selectivos, control de la producción y fomento del miedo “al exterior”. También en el hecho de que los impedidos, lisiados, disminuidos físicos dentro de la sociedad, al igual que los mutantes son considerados parásitos improductivos y como tales deben ser erradicados, estableciendo de facto un sistema eutanásico con los más débiles o aquellos que amenazan el status quo.

En definitiva, una novela que se lee de un tirón, con una prosa sencilla y muy fluida, abiertamente juvenil, y cuyo final deja muchas preguntas abiertas, muchos misterios sin resolver para retomarlos en el futuro de la serie manteniendo altas las expectativas para la siguiente entrega, Compliance, recientemente publicada en el mercado anglosajón.