sábado, 8 de marzo de 2014

Reseña: Víbora

Víbora.

Andrzej Sapkowski.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Artifex. Madrid, 2013. Título original: Zmija. Traducción: José María Faraldo. 211 páginas.

Conocido sobre todo, al menos en nuestro país, por la saga de Geralt de Rivia, Luis G. Prado editor permite ahora a sus lectores, a través de su nuevo sello Artifex ―que vienen a sumarse a Bibliópolis y Alamut―, paliar la espera de la conclusión de sus Guerras Husitas con la edición de una de sus más recientes obras: Una novela corta autoconclusiva ―apenas 180 páginas― radicalmente diferente de la fantasía desbordante de la serie del brujo albino, mucho más «realista» y ambientada en nuestro propio mundo, mayoritariamente en la «ocupación» soviética de Afganistán en la década de los 80 del siglo pasado. Una obra que, sin embargo, no deja de guardar cierta semejanza en su sustrato anti belicista y en el muy personal y reconocible estilo del autor polaco. De hecho, se trata de un muy interesante texto, intenso, duro, violento y esclarecedor…, más lo cierto es que quién acuda buscando tan sólo «más Geralt» quizá pueda verse, sin duda, un tanto «defraudado». Víbora es otra cosa, otra liga temática. Ni peor ni mejor por eso, pero sí muy diferente ―algo de agradecer por otra parte―.

Desde el mismo principio, absolutamente frenético y explosivo, Sapkowski sumerge la narración directamente en el conflicto bélico. Pavel Levart, praporshchik ―una suerte de alferez― del ejército rojo, contempla desde su posición fortificada el acercamiento de un convoy por los sinuosos caminos de montaña en el Hindukush. Poco después habrá de convertirse en uno de los escasos supervivientes de una emboscada afgana, descrita gráficamente de forma brutal y sangrienta. La confusión, el miedo, las explosiones, el tableteo de las armas derramando muerte… introducen al lector de lleno en la historia de forma impactante. Destinado a una nueva posición, un en principio mínimo elemento de corte fantástico irá introduciéndose sutilmente en el relato de lo que no deja de ser una narración de historia bélica. Una serpiente dorada de ojos de oro, una víbora que todo el mundo parece estar convencido de que no puede existir, se muestra ante los ojos del praporshchik. Según descubrirá, dicen las leyendas que se trata de un ser sobrenatural que custodia un inmenso tesoro escondido en las montañas. Un elemento fantástico que, en realidad, queda casi reducido a una anécdota dentro del juego temporal del autor que aprovecha el conflicto afgano para abrir ciertas ventanas a tiempos anteriores mostrando que los humanos tampoco es que hayamos cambiado tanto a lo largo de las épocas, a través de los errores repetidos a lo largo de los tiempos al albur del sentido del deber, de la patria, de la nación, de la ideología, dejando atrás lo que de verdad debiera importar: hogar, familia, amor… Un elemento fantástico, además, que el autor se cuida de dejar a elección de sus lectores si creer o no, entregando incluso una justificación sobre el terreno para los más incrédulos.

Fotografía: Stefan Maszewski
La narración se adentra en la vida cotidiana de los combatientes. Sus anhelos y tristezas, sus pequeñas miserias y mezquindades, sus diminutos triunfos y sus grandes tragedias. Con la visión centrada en un conflicto narrado en toda su crudeza, el foco se sitúa sobre unos soldados soviéticos desmotivados, obligados a combatir por algo en lo que realmente han dejado de creer; mientras los señores afganos están más interesados en poder dar salida a los frutos de sus plantaciones opiáceas frente al fanatismo de los muyahidines. No es éste un relato de grandes ejércitos o épicas batallas, sino de la supervivencia del día a día de los combatientes, de pequeños enfrentamientos absurdos en casi todos los casos, de horrores apenas susurrados, de luchas enquistadas, de venganzas irracionales. Se junta en la región un microcosmos de intereses cruzados tanto políticos como religiosos que hacen muy difícil alcanzar una paz duradera.

Sapkowski muestra la «realidad» de la soldadesca alejada del gran teatro de operaciones, un tanto abandonada a su propia suerte. La picaresca que se extiende entre las tropas, con el estraperlo y el contrabando. La desidia. la desmotivación, la caída hacia la crueldad gratuita. La deshumanización. No hay ética ni moral, ni apenas amistad, en la guerra, cuando lo más importante es sobrevivir ―el precio, realmente, no importa―. No hay épica, ni gloria, ni razón en la matanza, sólo sangre. Y el heroísmo se convierte simplemente en otra cara de la desesperación. Pavel Levart no es ningún héroe, ni reticente ni decidido, pero trata de hacer las cosas lo mejor posible. Tiene ciertas dotes psíquicas que decidió «enterrar» en el pasado, pero que de vez en cuando hace que le asalten premoniciones, sobre todo cuando se acerca algún peligro. Esta sensibilidad, seguramente, es la que le hace tan receptivo al «hechizo» de la víbora, deudora de la mística de las serpientes desde tiempos inmemoriales.

En un relato continuo, sin capítulos ni altos en el camino, el autor se permite ciertos requiebro temporales, ciertas miradas al pasado que consiguen que en el texto resuenen los pasos de los ejércitos de antiguos imperios a lo largo de la Historia por las quebradas de Afganistán: los persas, los macedonios de Alejandro magno, los británicos o los soviéticos ―e ìncluso los estadounidenses―, enfrentados todos a la aridez del terreno, al viento, al polvo, al frío y al silencio. Las grandes ambiciones de poderes lejanos enfrentados a una tierra y unas gentes que han derrotado una y otra vez a quienes desearon subyugarlas y dominarlas, demostrando que la Historia no son más que son ciclos que la humanidad parece condenada a repetir una y otra vez con terca estupidez y futilidad.

El acierto del estilo de Sapkowski ―y por ende de la magnífica traducción― es el desenvuelto estilo coloquial, campechano y socarrón, de la narración, que hace que se antoje estar asistiendo directamente al relato de los hechos por parte de los soldados soviéticos en torno a la lumbre, con sus particulares giros y habla llana. Un tono que se modifica, haciéndose más «culto» o elevado, cuando cambia el foco y los protagonistas son los soldados británicos o macedónicos. Fiel a sí mismo, el autor incluye en el texto coloridas pinceladas de un humor franco no exento de cinismo, unos diálogos contundentes ―y un tanto sentenciosos―, unas descripciones brutalmente realistas y unos personajes cargados de humanidad ―aunque se encuentren precisamente en el filo de perderla―. Da rienda suelta a su erudición dando muestra de grandes conocimientos sobre los muchos conflictos que han tenido lugar en tierras afganas, sobre el armamento soviético ―y del resto de actores que toman parte, aunque sea indirectamente, en la contienda―, sobre la organización del ejército, su jerarquía, su estada de ánimo o el desarrollo de los combates.

De hecho, dado el exceso de argot y de nomenclatura militar «extraña» al lector, que puede resultar desconcertante de inicio, es muy de agradecer que la edición de Artifex incluya un ―muy necesario― «Diccionario de los “afganos”», con muestras de la jerga utilizados por los combatientes de ambos bandos o con términos técnicos en torno a las armas, instalaciones, estamentos y mandos de los ejércitos, entre otros.

Complementando la brevedad de la novela, el volumen se cierra con un apéndice titulado «Historia y literatura fantástica», que recoge diversas preguntas y respuestas extraídas de diversas entrevistas de Stanislaw Beres, historiador, crítico y poeta polaco, a Sapkowski, en las que se desvela gran parte de la filosofía vital del autor polaco en cuestiones tan interesantes como sus opiniones sobre la guerra, los estamentos militares, su afiliación al género fantástico...

Víbora es un buen «entretenimiento» para los seguidores del autor polaco, y una perfecta carta de presentación para el lector que desee acercarse al estilo y, un poco más de lejos, a los temas de Sapkoski. Un canto antibelicista que hace de mostrar el horror de la guerra en toda su magnitud y estupidez su virtud, uniéndolo a una pequeña vertiente fantástica que sirve para diseccionar el alma de los hombres y sus tristes pasiones y ambiciones. Que nadie se lleve a equivoco por el número de páginas, pues se trata de una lectura intensa, liosa en ocasiones, pero narrada en su justa medida y satisfactoria en su final.

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