viernes, 4 de noviembre de 2016

Reseña: El problema de los tres cuerpos

El problema de los tres cuerpos.
Primer volumen de la Trilogía de los Tres Cuerpos.

Cixin Liu.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Ediciones B. Col. Nova. Barcelona, 2016. Título original: 三体. Traducción: Javier Altayó. 410 páginas.

Tomando el título de uno de los problemas «clásicos» planteados por la física y la mecánica orbital y publicada en origen en 2006 El problema de los tres cuerpos inicia una trilogía de alto contenido en especulación tanto científica como social —y filosófica—. Traducida de forma magnífica directamente del original chino, el relato encierra tanto contenido geopolítico como profundas inmersiones en la física teórica. Partiendo de una crítica visión, en cuanto a su fanática entrega a la causa de alguno de sus seguidores, de la Revolución Cultural china, Liu construye la fascinante historia de una elaborada, aunque también en cierto modo casual, «venganza» envuelta en las más interesantes teorías científicas y avances tecnológicos, y con el planteamiento de la remota posibilidad de un primer contacto alienígena tan atractivo como aterrador. La vieja búsqueda de vida en otros planetas, el anhelo de sabernos acompañados en el universo, se ve complementada por la también clásica pregunta de quién debería gestionar ese posible primer contacto aún en la distancia. Ciencia ficción hard con profundidad social, histórica y ecológica. El que además se desarrolle en China en los años del comunismo, con unos referentes históricos y culturales poco habituales en la ciencia ficción europea o norteamericana, no hace sino ofrecer un mayor aliciente para el lector occidental.

En lo álgido de la Revolución Cultural china el profesor Ye Zhetai, un profesor de Física en la Universidad de Tsinghua,  es condenado por sus «reaccionarias» ideas científicas sobre la relatividad o la mecánica cuántica y golpeado hasta la muerte bajo la mirada de su hija Ye Wenjie, astrofísica y por tanto sospechosa de contrarrevolucionaria como tantos intelectuales del momento. Años después, exiliada al mundo rural, viviendo bajo una coraza emocional y siempre repudiada por la sospecha de sus inadecuadas lealtades políticas heredadas de su padre —ya que ella no ha dado muestra de discrepancia alguna, a pesar de un desgraciado equívoco motivado por la traición de un compañero que sólo añadirá más hiel a su vida— trabaja en una cuadrilla de trabajo forestal cuando es reclutada para un proyecto ultrasecreto llamado Costa Roja. Mientras tanto, en la actualidad, el experto en nanomateriales Wang Miao, después de descubrir que diversos científicos de renombre mundial han fallecido mediante sospechosos suicidios, habiendo dejado una de ellos un críptico mensaje de despedida: «Todas las pruebas apuntan a una única conclusión: la física nunca ha existido y nunca existirá», se va a ver inmerso en un extraño juego de realidad virtual, de alto contenido metafísico, donde los jugadores deben resolver el problema de un planeta con «estaciones» sumamente volatiles y aleatorias que lo hacen en muchas ocasiones incluso inhabitable al alternar periodos de relativa estabilidad con otros totalmente caóticos.

Narrada en un tono decididamente «clásico» y dividida en tres secciones: Primavera silenciosa, Tres cuerpos y El ocaso de la humanidad, la novela es un compendio de narración en el presente junto a grandes flashbacks que van situando la acción en su contexto. Ciertos detalles y afirmaciones, como que en la actualidad del relato, que estaría entorno al año 2010 o 2011 —aunque existe un pequeño desfase temporal que, como se ha comentado en las redes, se ha subsanado en la edición norteamericana, pero no en el original chino del que procede la traducción, que situaría la acción en 2007-08—, el mundo se encuentra inmerso en su periodo más largo de paz sin conflictos significativos —debe ser que allí no tuvieron lugar la crisis de los Balcanes, el 11-S o toda la problemática de Oriente Próximo y Medio…—  pueden llevar al lector a cuestionarse si el mundo de la narración es nuestro propio mundo o una realidad alternativa enormemente parecida. Algo que a los efectos del relato es totalmente indiferente.

En un desafío para la ciencia y todos los científicos Wang Miao se va a encontrar con la palpable constatación de que las inamovibles leyes de la física conocida han dejado de ser tales, no son fijas, y la realidad deja de tener sentido, ofreciendo los experimentos científicos resultados contradictorios fruto aparentemente de un imposible azar. El modelo establecido por la ciencia sobre el funcionamiento del universo ha dejado de ser fiable. Ante ciertas evidencias que se le presentan su universo se tambalea y debe cuestionarse todo lo que daba por sentado, descubriendo que aquello que le parecía imposible ahora quizá no lo sea tanto. Una circunstancia que, dejando vacío de sentido su trabajo, llevará a diversos estudiosos incluso al suicidio, muertes que tal vez no sean tan voluntarias como inicialmente pudiera pensarse.

Con una visión desalentadora de a dónde está conduciendo a la Tierra la actual sobreexplotación de los recursos, la industrialización salvaje o los extremismos políticos, surge la posibilidad de que la alienación del mundo actual haga considerar a muchas personas a la propia Humanidad como una plaga a eliminar de la faz del planeta. Con un alto componente ecológico, el autor muestra, a través de la propia Historia de la China reciente, cómo el «progreso» y la tecnificación desatada lleva a la deforestación, a la contaminación y a la deshumanización del orbe. Además, en el mundo del relato, que refleja fielmente mucho de lo que ha sucedido o está sucediendo en el nuestro, para mucha gente, huérfana de las creencias tradicionales, la ciencia es una auténtica y nueva religión, al extremo de crearse auténticas «sectas» en torno a alguno de sus postulados. Así, los protagonistas deberán enfrentar diversos dilemas éticos y morales, y de sus muy divergentes respuestas podría depender el rumbo futuro del planeta.

La alternancia de protagonistas en diferentes momentos temporales y en muy distintas actividades, como cuando Wang Miao se encuentra inmerso en la realidad virtual del juego Tres cuerpos con episodios muy expositivos, y la necesidad de introducir en la trama gran número de especulaciones tecnológicas y científicas, motiva algunas descompensaciones en el ritmo de la historia, con parones y acelerones que pueden afectar al seguimiento del conjunto. Sin embargo, conforme se van desvelando las claves y circunstancias de la situación, conforme la acción se va sumergiendo en un mundo inmerso en una guerra secreta, conforme el autor va dejando caer en la historia teoría tras teoría cual certeras cargas de profundidad…, el sentido de la maravilla atrapa de forma fascinante a un lector que no puede evitar pensar que se encuentra ante el grandioso espectáculo de un maestro prestidigitador, y que mientras se encuentra mirando para un lado, donde le señala el autor, justo en el otro extremo del escenario se está gestando un truco a plena vista listo para deslumbrar a su público.

Y eso que, como quizá corresponda a una novela que basa buena parte de su interés en las ideas y el desarrollo de la historia, y significando por ello todavía más la figura de Ye Wenjie quien deja su impronta a lo largo de todo el texto, la caracterización de gran parte de los personajes es bastante débil —algunos se antojan auténticos robots en su forma de actuar—, suficientemente dibujados como para llevar adelante su papel pero poco más. También es cierto que la actuación de alguno de ellos se encuentra muy marcada por las diferencias culturales con lo acostumbrado en occidente, como el comportamiento ciertamente chocante del desabrido, soez y maleducado inspector Shi Quiang, con acciones y respuestas que pueden resultar algo desconcertantes desde la óptica occidental. Así que queda la duda de si esa «escasa» profundidad tan sólo se produce desde nuestra propia óptica marcada por el choque cultural.

El problema de los tres cuerpos encierra buena parte de exposición científica, en la mejor tradición de la ciencia ficción hard, que igual sumerge al lector en mecánica cuántica o teorías astronómicas como en la fabricación de nanomateriales que posibiliten, por ejemplo, la fabricación de ascensores espaciales.. Y es muestra de la habilidad del autor —y de su traductor al español, Javier Altayó, encargado de una tarea que no se antoja sencilla— que la enorme cantidad de información científica, las especulaciones y teorías, sean debidamente accesibles para el lector lego en la materia, quien, aún requiriendo de cierta implicación y atención, puede seguir el desarrollo de la novela sin perder el hilo en momento alguno, incluso ante la presencia de algunos elementos que pudieran haber resultado realmente desconcertantes. El alto componente sociológico e histórico no hacen sino aportar un mayor valor a la obra, postulando cuestiones que siempre está bien plantearse de cara al futuro del planeta. Y aunque el principal arco argumental de la novela quede de alguna manera debidamente completo —que no cerrado— la sugerente inmensidad de las apuestas planteadas para el futuro de la humanidad deja en el lector una enorme necesidad de saber cómo continúa la historia, algo para lo que habrá que esperar a 2017 cuando se publicarán los dos libros restantes de la trilogía.

4 comentarios:

Javi R dijo...

Un gran libro, en el que los protagonistas son lo de menos. De todos modos, muy disfrutable.

Santiago dijo...

Desde luego ;-)

No sé si los personajes son "lo de menos", pero sí que no son el centro de la historia ni lo más importante para Liu, que los derroteros van por otro lado.

Y la novela es de las que dejan huella. De las que las terminas y siguen dándote vueltas en la cabeza con todas las enormes sugerencias de lo que has leído.

Saludos

Javier Altayó dijo...

Gracias por la parte que me toca. Ah, y el nombre del poli malhablado es Shi Qiang.

Santiago dijo...

Gracias a ti, Javier, por la parte que nos toca a los lectores en el disfrute de tu estupenda labor. Sin tener ni idea del original no se antoja una traducción precisamente sencilla entre tantas teorísa y terminología científica.

Y queda corregido el fallo del nombre. ¡Gracias por indicarlo! ;-)

Saludos