viernes, 18 de noviembre de 2016

Reseña: El dirigible

El dirigible.

Joseph Remesar.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Dlorean ediciones. Salamanca, 2013. Edición digital (epub). 190 páginas.

Algo tiene el Londres victoriano que despierta la imaginación, y si en la ecuación se cruza la ucronía, difuminando en nubes de vapor mecánico la ya neblinosa atmósfera, el steampunk está servido, siendo uno de sus más reconocibles «símbolos» el surcar de los cielos de los dirigibles. No hay máquina más unida a la imaginería de este género que estos ingenios voladores, así que el título de este libro ya encierra en sí toda una promesa de intenciones. El volumen se compone en realidad de dos novelas cortas ligadas por el protagonismo en ambos del inspector de Scotland Yard James Usera-Brackpool, quien se verá envuelto en diversas investigaciones de lo más aventureras, dándole así un tono decididamente policiaco a la estética steampunk. Unos relatos repletos de detalles llamativos como la presencia de autogiros personales, de carruajes a vapor, de autómatas asistentes o de pistolas de rayos de enorme poder asesino perfectamente integrados en la narración —algo que también se hubiera agradecido para ciertas explicaciones insertadas entre paréntesis, que se sienten forzadas e interrumpen el ritmo—.

La primera aventura, El dirigible, implica el asesinato de un desconocido inventor norteamericano en la residencia particular del embajador de España en las afueras de Londres en el invierno de 1876. Un incidente que podría convertirse en todo un incidente diplomático. Así que en Scotland Yard, conscientes de la escasa implicación en asuntos políticos del inspector Usera-Brackpool, y de su dominio de ambas lenguas, inglés y español, debido a su que su padre era oriundo de la Provincia Argentina del Imperio y su madre irlandesa, le encargarán encargarse del caso.  Asume así una complicada investigación que le obligará a embarcarse en el dirigible Los Ángeles, uno de los más grandes y lujosos del mundo, rumbo a los EE.UU., y que implica grandes intereses comerciales, tensiones diplomáticas, tráfico de armamento, espionaje industrial y grandes dosis de geopolítica. En el navío viajará también la intrépida, pizpireta y liberal reportera Bernadett Birke, a quien Usera-Brackpool parece conocer sin demasiada simpatía, y en quien no sabe si puede confiar como aliada o debe desconfiar como parte interesada.

Muy posiblemente algo de lo mejor del libro es la situación geopolítica del mundo, muy diferente a la que nuestra Historia nos muestra: Una Iberoamérica en que una parte pertenece todavía al Imperio Español, pero otras regiones se han independizado bajo la bandera de las Repúblicas Sudamericanas Bolivarianas; una Norteamérica donde México mantiene una enorme tensión con su vecino del Norte, al punto de poder estallar en cualquier momento una contienda que implicaría de forma inevitable a las grandes potencias desencadenando una Guerra Mundial; una Alemania que permanece al acecho, buscando su oportunidad y sacando provecho con la venta de tecnología armamentística...

El periplo del dirigible se desarrolla con grandes dosis de aventura, peripecias extraordinarias y arriesgadas, un tanto de ingenuidad, algo de intriga y unas cuantas sorpresas, la trama se encuentra narrada prácticamente de forma lineal —con algún flashback para complementar la información que se va conociendo—, mediante una escritura muy dinámica que se encuentra en todo momento al servicio de la historia, sin permitirse grandes artificios ni excesos literarios, y con unos diálogos algo engolados, que se supone imitan la educada y manierista forma de hablar victoriana, pero que no dejan de resultar en ocasiones algo artificiales. Y aunque al final el caso puede darse por resuelto, lo cierto es que quedan muchos cabos sueltos que deberían ser retomados en futuras ocasiones para considerarlo auténticamente cerrado.

Más satisfactoria, aunque también desconcertante es la segunda historia, Nicole y la máquina, que se muestra mucho más trabajada y elaborada, implicando tres líneas diferentes y dos momentos temporales distintos. Por un lado, en el Londres de la actualidad, Nicole LLorca, una acaudalada —por parte de su padre— joven de ascendencia española, compra una casa victoriana para reformarla y dejarla tal y como fuera en sus mejores tiempos, algo que va a depararle una inquietante sorpresa. Por otro, en 1877 el inspector Usera-Brackpool se verá envuelto en una nueva investigación, que implica el tráfico de opio a gran escala y le obligará a sumergirse en lo más oscuro del Chinatown londinense. En un tercer apartado, también en 1877, Amy y George son un matrimonio «liberal» que vive en la casa comprada tiempo después por Nicole, y en la que el hombre emprenderá una importante obra en el sótano, dando explicación de alguna manera circular a los extraños misterios con que la joven española va a encontrarse al reformar la mansión en el presente, que no son sino la consecuencia derivada de la propia reforma que George ha emprendido.

Las tres líneas van a irse intercalando, saltando de una a otra cuando el relato lo precisa para mantener misterio y tensión, aunque lo cierto es que mientras las historias de Nicole en el presente y de Amy y George en el pasado «casan» a la perfección, matizándose la una a la otra —la primera no deja de ser continuación de la segunda bastantes años después—, la del inspector Usera-Brackpool va bastante por su cuenta, coincidiendo con las otras de forma muy subsidiaria y casual apenas en dos momentos determinados —aunque también de forma clave para cierto evento decisivo—, antojándose dos relatos independientes fusionados con una leve excusa para la ocasión. Algo que tampoco le resta mérito al conjunto, pero que sí llama la atención. Un conjunto que encierra, nunca mejor dicho, un sincero homenaje a uno de los grandes clásicos de la ciencia ficción de todos los tiempos.

Dentro del tono general, contrasta poderosamente la diferencia de un Londres actual muy parecido al nuestro, con móviles, internet, cámaras digitales y demás, y sin rastro de evoluciones de la tecnología vista en el Londres victoriano de 1877, donde se muestran entre otras megamáquinas que nunca llegaron a existir en nuestra línea temporal. Dentro de la construcción geopolítica de esa realidad, con importantes influencias pulp, las miradas en esta ocasión se dirigen a la amenaza amarilla que se infiltra en el submundo londinense. No faltan las menciones a un terrible asesino que llevaba a cabo sus obscenos crímenes por aquel entonces, destripando a sus víctimas con singular crueldad.

Como parte del sabor de la ucronía que da soporte a ambas aventuras son diversos los personajes históricos, como Thomas A. Edison, Juan de la Cierva o H.G. Wells, que con una biografía un tanto «modificada» el lector va a ver mencionados o directamente participando en estas páginas. En ambas destaca también la presencia de un personaje secundario llamado Bernon Kell a quien conviene seguirle la pista. Son estas unas aventuras ágiles y disfrutables, a lcuyo formato le hubiera venido bien una somera corrección para eliminar unos cuantos errores de maquetación —como cuando el autor parece ofrecer dos opciones verbales, una entre paréntesis, sin llegar a eliminar ninguna del texto definitivo—, o de estilo, como el abuso intempestivo de onomatopeyas que no aportan disfrute a la lectura. Anunciada está ya una segunda entrega, El sumergible, que espero leer en breve.
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