lunes, 27 de julio de 2009

Reseña: Vampire Academy

Vampire Academy.

Richelle Mead.

Reseña de: Jamie M.

Alfaguara. Madrid, 2009. Título original: Vampire Academy. Traducción: José Miguel Pallarés y Mª Jesús Sánchez. 391 páginas.

Richelle Mead acomete en Vampire Academy un enésimo intento de reinventar o remozar los mitos vampíricos (o de darles una ligera capa nueva de barniz) dentro de la corriente que ya han dado en llamar «fantasía urbana» y que mezcla adecuadamente seres sobrenaturales (vampiros, sobre todo), aventuras con un toque violento y unas buenas dosis de romance, erotismo y deseo sexual.

Hay que señalar que en este campo está ya todo muy trillado y encontrar alguna dosis de originalidad es ciertamente difícil. Richelle Mead intenta transitar por el camino de en medio, por un lado mostrándonos un tipo de vampiro más cercano a los humanos, con sus debilidades y dudas morales, que pueda justificar la empatía con ellos en el lector; y por otro, postulando en el bando de los «malos» unos seres mucho más cercanos, por sus características y crueldad, al vampiro clásico.

Para ello a lo largo de la novela nos vamos a encontrar con una «nueva» clasificación para estos seres paranormales. A saber:

  • Los moroi son básicamente vampiros, aunque vivos y mortales. Cada uno de ellos tiene un poder mágico relacionado con uno de los cuatro elementos (aire, tierra, agua y fuego). Son moralmente «buenos», tratando de vivir en paz con el mundo, aunque entre ellos haya tantas diferentes mentalidades como entre los humanos comunes. El sol les debilita, aunque lo soportan brevemente. Tienen que beber sangre, pero lo hacen de individuos que se han ofrecido para ello, dado el carácter adictivo que tiene el placer que el mordisco —las sustancias químicas que el moroi introduce en el torrente sanguíneo de la «víctima»— produce en los humanos.
  • Los strigoi son moroi que han cruzado la línea de matar al alimentarse. Se convierten en lo que habitualmente conocemos como el vampiro tradicional: no muertos e inmortales. Al convertirse pierden la magia, pero adquieren a cambio otras habilidades y fuerzas, al tiempo que se deshacen de cualquier escrúpulo moral a la hora de alimentarse. Crueles y violentos, son enemigos mortales de los moroi, de los que sin embargo proceden.
  • Los dhampir son los guardianes de los moroi, una especie de gualdaespaldas personales. Hijos de uno de ellos y una dhampir son muy escasos dado lo extraño de estas uniones. Dotados de una fuerza extraordinaria y otras dotes naturales, se entrenan duramente para estar a la altura de sus objetivos. Tradicionalmente en el folklore balcánico un «dhampir» —o «dhampyr» o «dhampiro»— era el hijo de un vampiro y una humana, dotado con sus poderes pero sin sus limitaciones (soportan la luz solar y todo eso), siendo quizá el más conocido de sus representaciones el personaje de la Marvel, Blade.

Al comienzo de la novela nos encontramos con dos adolescentes fugadas que son obligadas a volver a la Academia St. Vladimir y pronto intuimos que ni una ni otra, ni el internado al que las llevan, son personas normales en absoluto. En efecto, ellas son Lissa Dragomir, una princesa moroi, y Rose Hathaway, la dhampir que estaba —y sigue estando— llamada a convertirse en su guardiana y que por causas todavía desconocidas la ayudó a escapar de la Academia. De vuelta a la misma, la narración nos muestra como retoman sus estudios y entrenamientos, bajo férrea vigilancia, sobre todo por parte de Dimitri Belikov, el dhampir que se había encargado de la misión de traerlas de vuelta y por el que Rose pronto empezará a sentir una fuerte atracción sexual (aunque sin que al principio se le pueda considerar enamoramiento, sino un calentón mayúsculo). De algún modo las referencias de corte sexual van a ser continuas a lo largo de toda la narración, tanto por parte de ambas protagonistas como de la mayor parte de los compañeros que comparten estudios con ellas. Cualquiera que haya residido en un Colegio Mayor se podrá hacer una idea del ambiente, de los piques, las fiestas privadas, los ligoteos, los grupúsculos y relaciones, todo llevado un tanto al extremo dadas las especiales características de los jóvenes internos.

Vampire Academy tiene el handicap de que es una novela claramente de presentación de personajes y escenario, donde lo que prima es el interés por la «construcción» del mundo en el que van a desenvolverse las protagonistas y en definir las personalidades de estas. Pero, por fortuna, no se priva de incluir una trama movida con buenas dosis de acción y misterio; y con una resolución final realmente sorprendente en torno a la identidad de los sujetos que se encuentran tras las amenazas contra la persona de Lissa. En su afán de protegerla, Rose se encontrará en el centro de una conspiración que puede desembocar en fatales resultados y que le llevará a investigar la extraña falta de poderes de su amiga y el poco común lazo psíquico que la une con ella. Una investigación cuyas revelaciones, sin duda, darán mucho juego en las siguientes entregas —este mismo año sale la quinta, hasta el momento—. A su vez, el carácter de «marcadas», de un tanto apartadas del resto de estudiantes, como si de parias dentro de la Academia se tratase —aunque es una situación también buscada por decisión suya— les llevará a relacionarse con otro «apestado» social del lugar, Christian Ozzera, cuyos padres se convirtieron voluntariamente en strigoi y sobre quien pesa el rechazo del terrible pecado de sus progenitores. Se establece una tensión triangular entre la atracción entre Lissa y Christian y el intento de Rose de torpedear la incipiente relación para apartar a su amiga de malas influencias.

Es Vampire Academy una novela, por planteamiento, desarrollo y escritura, claramente destinada a un público que se encuentra en el apogeo o saliendo de la adolescencia, muy en la línea de los libros de La Casa de la Noche de P.C. Cast y Kristin Cast o los de Crepúsculo de Stephenie Meyer, aunque sin duda puede ser disfrutada por cualquier amante de este subgénero tan en boga en la actualidad con multitud de títulos entre los que elegir. De lectura muy rápida y sin ningún tipo de complicaciones «literarias», se trata de un entretenimiento algo «descerebrado», en el sentido de que no busca la reflexión en absoluto, sino un simple y digno esparcimiento, un rato de diversión y distracción, con su toque picante y su cuota de acción y romance. Desde luego, los que no gusten del «romance paranormal» se pueden abstener directamente.

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