martes, 17 de enero de 2012

Reseña: Acosado

Acosado.
Crónicas del Druida de Hierro 1.

Kevin Hearne.

Reseña de: Jamie M.

Timunmas. Barcelona, 2011. Título original: Hounded. Traducción: Rocío Monasterio Briansó. 286 páginas.

Se inicia con la publicación de este título una nueva serie de fantasía paranormal mitológica compuesta hasta el momento por tres libros ya publicados en inglés y un cuarto anunciado para abril de 2012. Es de remarcar, para los indecisos a afrontar la lectura sin saber el número total de entregas que puede tener la serie, que Acosado ofrece una aventura completa y totalmente autoconclusiva (aunque como es habitual el autor deje en el aire unas cuantas briznas sobre por dónde podrían desenvolverse las continuaciones), con un final cerrado para la trama general que dejando perfectamente atado todo el argumento que se ha ido planteando a lo largo de sus paginas.

Un argumento en el cual Hearne parece haber decidido incluir todos los recursos que la fantasía urbana (que no romántica paranormal en este caso) le permite. El autor se ha dedicado a mezclar sin rubor los panteones de cuantas mitologías y religiones han existido sobre la Tierra desde tiempos inmemoriales, dando preferencia, dada la cualidad de druida irlandés del protagonista, a la parafernalia céltica, pero haciendo hueco para incluir referencias de importancia a dioses nórdicos, olímpicos, eslavos, indígena-americanos y otros junto a la presencia de todo tipo de seres sobrenaturales como criaturas feéricas (los Tuatha Dé Danann), elementales de la naturaleza, licántropos, brujas, demonios o vampiros.

El protagonista de la historia, Atticus O’Sullivan, antes conocido como Siodhachan Ó Suileabháin, es un poderoso druida (uno de los últimos) que carga a su espalda con un par de siglos de edad y que se “oculta” con una apariencia de jovencito veinteañero en Tempe, Arizona, del implacable Aenghus Óg, el dios celta del amor (aunque su definición del “amor” difícilmente encajaría en la que se maneja hoy día) quien le reclama desde hace siglos la posesión de la espada Fragarach, la que responde, que afirma que el druida le robó hace mucho tiempo. En la árida y desértica región, con una baja densidad de dioses y donde apenas existen pasos a Tír na nÓg, la tierra de la eterna juventud donde residen los Fae, sus días se suceden tranquilos mientras regenta una librería de ocultismo, el Tercer Ojo, y dedica el tiempo libre a cazar en las montañas con Oberón su lebrel irlandés, un enorme perro al que ha enseñado a comunicarse con él mentalmente. Para su desgracia, alguien ha descubierto su rastro y la paz está a punto de terminar. Avisado por Morrigan, la diosa celta de la guerra y la muerte, deberá recurrir a todos sus poderes y a sus especiales aliados (un hombre lobo y un vampiro pertenecientes a su equipo de abogados, una mujer poseída por el espíritu de una bruja hindú...) para enfrentarse a los cada vez más peligrosos esbirros que su enemigo va a ir enviando contra él.

Narrando la historia en primera persona, Atticus se presenta como un atractivo personaje que navega entre la modernidad (al contrario que algunos de los seres inmortales que van apareciendo, él ha sido perfectamente capaz de adaptarse al mundo de la informática) y el gusto y cierta añoranza por lo antiguo (que no anticuado). Fuerte, decidido, adorable, encantador y letal, y a veces un tanto socarrón, se muestra siempre en busca de paz y tranquilidad aún sabiendo que muy posiblemente en sus circunstancias sea un imposible. A pesar de su voluntario aislamiento es alguien que sabe buscar ayuda cuando se ve superado por las circunstancias y los adversarios (de hecho en muchas ocasiones parece decidido a que otros le saquen las castañas del fuego). Sin embargo, su arrolladora personalidad se ve lastrada por una especie de síndrome de Peter Pan que hace que a pesar de sus más de veinte siglos de edad tenga comportamientos que en ocasiones se asociarían más con un adolescente, realizando ciertas “travesuras” en momentos dramáticos realmente fuera de lugar que, si bien pueden resultar divertidas para el lector, sin duda no se encuentran acordes a la supuesta sabiduría que más de 2000 años de existencia hubieran debido imprimir en él (aunque también se podría interpretar como una forma de reacción frente a la acumulación de amenazas, a la tensión del combate o al aburrimiento de la inmortalidad).  

Dentro del dramatismo de los hechos que se están narrando, los constantes toques de humor que el autor va intercalando (sobre todo a través de las conversaciones entre Atticus y Oberón, aunque también en las relaciones con otros personajes como cuando una diosa intenta hacerse un batido de fresas) sirven como eficaz desahogo a la tensión generada.

Como, por otra parte, suele ser costumbre en este género, es de remarcar lo fácil y rápidamente que los “ajenos” al mundo mágico aceptan su existencia y sus reglas una vez les es desvelado. Sintomática es aquí la presencia de la viuda MacDonagh, una anciana que ha vivido en primera persona los conflictos religiosos irlandeses y con la que Atticus ha hecho amistad sin que ella sepa realmente quién es él. Obviamente, en un momento dado la tapadera del druida va a saltar, literalmente, por los aires, y la anciana, lejos de horrorizarse va a … (bueno, es mejor que cada uno lo lea). O el tema de que el protagonista se pasee un buen rato de la novela con la espada a la espalda, a veces “oculta”, muchas veces no, y a pocos parece resultarle algo chocante o amenazador. Resulta algo incongruente, cierto, pero supongo que es algo con lo que es inevitable convivir si disfrutas del género.

La fusión de los distintos panteones y corrientes mitológicas se encuentra muy conseguido, mezclando los ritos druídicos con los brujeriles sin fisuras, potenciando la presencia de diversas representaciones de dioses similares, como los que encarnan a la muerte, y dotando a cada cuál de una personalidad atractiva e interesante acorde a sus poderes, intereses y designios. Es de lamentar, sin embargo, la presencia de algunos detalles que lastran el disfrute de la lectura, como la presencia dentro de un ejército celta de dos mil “españoles” (sic) en una época anterior a Cristo. ¿Falta de documentación? ¿Mala traducción (aunque no lo parece)? Lo cierto es que es un detalle que llama, al menos desde nuestra particular óptica histórica, demasiado la atención como para pasarlo por alto.

Acosado es una sucesión de enfrentamientos de ritmo rápido, con una trama atractiva llena de giros interesantes (a pesar de una evidente linealidad que no llega a romper ni los flash back “históricos” de la vida anterior de Atticus) que hacen difícil anticipar cómo va a salir el protagonista del inmenso lío en que se encuentra metido, dotada de una hábil fusión de elementos sobrenaturales que deja a un lado el romance para centrarse en la intriga y en la acción (algo que ofrece en abundancia) de cuenta de un  buen número de elementos dispares que terminan conjuntando sorprendentemente bien. Entretenida y divertida, buen comienzo de serie.

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