miércoles, 21 de marzo de 2012

Reseña: El camino de los reyes

El camino de los reyes.
La Guerra de las Tormentas I.

Brandon Sanderson.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Ediciones B. Col. Nova. Barcelona, 2012. Título original: The Way of Kings. Traducción: Rafael Marín Trechera. 1198 páginas.

Después de ocuparse de finalizar la serie de La rueda del Tiempo tras el fallecimiento de su autor Robert Jordan, Sanderson ha decidido embarcarse en la escritura de su propia y monumental saga de fantasía épica, con 10 entregas previstas, siendo esta que nos ocupa la primera de todas ellas. Escritor enormemente imaginativo, rápido y prolífico sin merma en su calidad, cabe sin embargo preguntarse si podrá mantener el ritmo prometido de una novela por año, sobre todo si cada una de ellas ocupa, como esta, casi 1200 páginas. Como es de esperar dada la longitud del volumen, El camino de los reyes —y por ende es de suponer que el conjunto de La Guerra de las Tormentas— se presenta como una obra coral, con tres personajes principales que destacan sobre los muchos secundarios, y varias líneas argumentales que aunque evidentemente estén destinadas a confluir en algún momento futuro —y ciertos contactos ya se produzcan aquí— por el momento permanecen independientes.

La novela se abre con un preludio al total de la saga 4.500 años antes de la fecha de la historia principal, para a continuación narrar en un prólogo el asesinato del rey Gavilar Kholin de Alezkar por un misterioso personaje vestido de blanco y dotado de sorprendentes poderes que deja traslucir la existencia de una insidiosa conspiración tras el magnicidio. Tras ello, Sanderson se mete de lleno en faena, situando el relato pocos años después de la muerte del rey y siguiendo las vivencias de los tres protagonistas principales y aquellos que los rodean: el amargado soldado, y luego esclavo, Kaladin, quien carga con el peso de unas decisiones en su vida pasada que tuvieron resultados funestos; la aspirante a erudita, Shallan, quien busca en su asociación con la estudiosa hereje Jasnah una fórmula para sacar a su familia de las deudas y la ruina a la que parece abocada tras la muerte de su padre; y el atormentado Dalinar, un veterano alto príncipe alezi acosado por una serie de visiones que le plantean la duda de si se está volviendo loco o si son proféticas de alguna manera.

A través de sus ojos, Sanderson va a ofrecer la historia de un mundo que se encuentra sin saberlo al borde de un cambio radical y traumático, con el regreso de ciertas amenazas del pasado lejano convertidas en mitos y cuentos de viejas, meros pies de página en los ajados libros de Historia. Un relato situado en el continente de Roshar, un mundo en guerra, y que versa sobre los efectos de la misma sobre sus distintas sociedades, centrado principalmente en la de Alezkar y sus diez principados, embarcados en una larga contienda en busca de venganza contra los parshendi, autodeclarados culpables de la muerte de su rey.

A lo largo de 1200 páginas el relato mantiene el pulso narrativo de forma efectiva, sin llegar a decaer realmente a pesar de la longitud, incluyendo suficientes momentos emotivos y emocionantes, puntos álgidos y muy diversos giros según la ocasión lo requiera para no perder la atención, dosificando las revelaciones, acudiendo a esclarecedores —aunque en ocasiones no tanto— flash backs que van completando el cuadro de la historia para poder comprender mejor cómo se ha llegado a esa situación y el porqué de las reacciones de los implicados. Épica y erudita según la línea argumental en que se encuentre inmersa la narración, con Kaladin y Dalinar, cada uno en su muy diferente puesto en las Llanuras Quebradas, en primera línea de combate, y Shalan en la ciudad independiente de Kharbranth ocupada en sus estudios que buscan arrojar cierta luz sobre el pasado. Las escenas de combate están tan bien narradas como las de más recogimiento, con una prosa que no se hace notar, sin artificios ni embellecimientos, siempre supeditada a la narración, permitiendo así una rápida lectura —a pesar de ciertos defectos de la edición española en los que más adelante entraré y que cortan esa rápida progresión de forma algo brusca y desconcertante—.

Uno de los principales atractivos del libro es, sin duda, el propio mundo en que se desarrolla la acción, Roshar, que se va desvelando poco a poco a través de las observaciones de los propios protagonistas. Construye el autor con mimo toda una ecología supeditada a las grandes tormentas que golpean con dura regularidad el continente isleño. Presenta ecosistemas completos, una flora y una fauna adaptadas a los fuertes vientos y a las trombas de agua, que enseguida muestran un mundo duro, pétreo, donde las plantas deben protegerse, integrarse prácticamente en la piedra del suelo, ya que no existe el mantillo o la tierra, para poder sobrevivir. Apoyándose en escenarios sorprendentes, en ciudades y sociedades descritas con minuciosidad, llenas de detalles heterogéneos, en muy diferentes razas entre sus pobladores, es este un mundo de presagios, de antiguas leyendas mezcla de mitos y realidad histórica difuminada por el tiempo, de crónicas con fuentes contradictorias y de tradiciones comúnmente aceptadas, pero que chocan de un lugar a otro en muchas en ocasiones.

Y sobre ese mundo duro, cruel en muchas ocasiones, coloca Sanderson unos personajes completos y complejos, con alma, con firmes convicciones y terribles  dudas, que encuentran en la larga longitud del volumen el tiempo justo para desarrollarse y adquirir profundidad. Personajes atormentados por sucesos del pasado, en busca de unos objetivos que solo tras ser alcanzados van a desvelarse como algo que no era lo que de verdad deseaban.

Como ya se ha convertido en marca de la casa, la historia viene acompañada de un sistema de magia imaginativo y atractivo, basado en el uso de diferentes piedras preciosas engarzadas en ciertos cristales, y en la luz tormentosa que las «carga» de energía que puede ser utilizada posteriormente para diversas tareas. Aplicado con eficaz coherencia, se muestra sutilmente hermanado en algunos momentos al de la trilogía de Nacidos de la Bruma, aunque con una originalidad inherente que lo diferencias suficientemente de aquel. Una magia acompañada de valiosos objetos provenientes de ese mítico pasado como los fabriales que permiten transformar unas materias en otras o esas armaduras y espadas esquirladas por las que tantos hombres suspiran y sueñan, y que tanto poder otorgan a sus poseedores.

La edición incluye un buen número de ilustraciones, desde los mapas iniciales y los iconos usados para abrir cada capítulo —y que identifican al protagonista principal de cada uno—, a los dibujos intercalados del cuaderno de bocetos de Shallan, de las páginas de ciertos códices o de otras que ilustran zonas geográficas lugar de ciertas batallas. Es de agradecer que se hayan mantenido todos ellos, ya que ayudan y apoyan a la hora de recrear en la mente del lector el mundo en que se desarrolla la historia. Al contrario, cabe lamentar los demasiado abundantes defectos tipográficos que lastran el texto, principalmente el baile de nombres que intercambia de repente por otro al sujeto de una acción o diálogo, o varía la denominación de una ciudad; pero también el baile de letras, o su desaparición, dentro de ciertas palabras que trasforman totalmente así su significado o simplemente lo pierden —Ese El honor a muerto en el título del segundo capítulo duele de verdad al leerlo—. Es comprensible que en un volumen de este tamaño se escapen ciertos gazapos y erratas —los duendes de la imprenta siempre se encuentran al acecho, ya se sabe—, pero aquí se antojan un poco demasiado por encima de la media. Detalles que debieran ser cuidados con algo más de cariño y cuidado.

A nivel general, y estando prevista La Guerra de las Tormentas como una serie de diez libros, solo cabe rogar que el autor no se canse del tema, que consiga terminarla sin contratiempos, que la editorial española siga publicándolos sin demasiada dilatación temporal encargándole el trabajo al mismo traductor —cuya buena labor está fuera de duda por otra parte— para mantener la coherencia, la unidad de términos y la voz «narradora». El camino de los reyes es un emocionante e intenso inicio para una saga que promete largos ratos de entretenimiento en el futuro, aunque sea previsible, y algo frustrante, cerrar el libro con más preguntas que respuestas, sabiendo además que habrá que esperar todavía un cierto tiempo para la siguiente entrega.

Como colofón surgen un par de preguntas de forma casi inevitable al sostener el peso del volumen en las manos y enfrentarse a su lectura: ¿Tiene El camino de los reyes demasiadas páginas? Seguramente sí. ¿Sobran muchas de ellas? La verdad es que no. Sanderson, sin duda, podría haber podado algo el relato, sobre todo en los capítulos dedicados a los hombres de los puentes, pero en ningún momento se siente que el texto se encuentro artificialmente hinchado o que se esté perdiendo el tiempo al leerlo. Todo lo narrado aporta algo y merece la pena de ser leído. Sanderson ha vuelto a conseguirlo.

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Reseña de otras obras del autor:

    Elantris.
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