sábado, 7 de julio de 2012

Reseña: Blancanieves y la leyenda del Cazador

Blancanieves y la Leyenda del Cazador.

Lily Blake, según el guión de Evan Daugherty, John Lee Hancock y Hossein Amini.

Reseña de: Jamie M.

Alfaguara. Madrid, 2012. Título original: Snow White and the Huntsman. Traducción: Montserrat Nieto. 261 páginas.

Vaya por delante que no he visto la película en cuyo guión se ha basado Lily Blake para escribir esta novela, una renovada versión del cuento clásico de Blancanieves desde una visión mucho menos bucólica y “disneyana” y mucho más guerrera y combativa. Así que no puedo comparar la “bondad” de una sobre la otra o lo acertado o fallido de la adaptación.

Desde luego, leyendo la novela se puede intuir a la perfección por dónde han de ir los tiros de la película, con multitud de escenas de acción que pueden quedar realmente espectaculares trasladadas a la pantalla grande, con escenarios que se intuyen espectaculares y con un ritmo rápido que no da descanso (ni tiempo para reflexionar) saltando de una frenética situación a la siguiente casi sin transición, de un riesgo a otro, de una lucha a la siguiente sin apenas un respiro para aposentar lo leído ni profundizar en los personajes y sus circunstancias.

Partiendo de un inicio similar al cuento de hadas, con algún “homenaje” incluido a la propia versión de Disney (como la escena que muestra a Blancanieves entrando por primera vez en el Bosque Oscuro), pronto el lector se va a dar cuenta de que los tiempos modernos requieren una “princesa” que tome por los cuernos todo lo que se le viene encima y empiece a resolver el conflicto por sí misma en vez de esperar a que venga el príncipe azul a sacarla del atolladero. Aquí la joven no es en absoluto la típica damisela en apuros, sino una decidida y valiente muchacha que se salva a sí misma en cuanto puede, aunque no dude de aceptar ayuda cuando la situación, o el  número de enemigos intentando capturarla, la supere ampliamente.

Pero que nadie se preocupe, que todos los detalles básicos del cuento también están aquí: la madastra malvada, el espejo mágico (¿por qué ese empeño en traducirlo “espejito” rebajando así su inquietante poder evocativo?), el Bosque Oscuro, el cazador, los “enanitos” (aunque no sean para nada tan “encantadores” como se suele pintarlos), la manzana y el beso.


Después de enamorar al rey Magnus, el padre viudo de Blancanieves, una niña de diez años por entonces, y contraer nupcias con él, Ravenna le asesina en la noche de bodas y en su propio lecho para hacerse con el trono encerrando a la princesa en una mazmorra del castillo. La nueva reina y su desequilibrado hermano Finn, su campeón y su brazo armado, a través de un hechizo legado por su madre, posee una enorme belleza que le mantiene siempre joven ella y una gran fuerza él. Pero el hechizo tiene sus contrapartidas y debe ser mantenido mediante ciertos sacrificios.

Cuando siete años después, el antaño pujante reino se encuentre en sus horas más bajas, con los campos agotados y moribundos, y el poder de Ravenna da muestras de estar menguando, el espejo mágico va a revelarle que únicamente comiéndose el corazón puro de la hermosa Blancanieves podrá ella adquirir no solo su belleza sino también la inmortalidad.

Pero, desde luego, las cosas se le van a complicar cuando la joven consiga huir al Bosque Oscuro por lo que la Reina enviará tras ella a Eric, un doliente cazador amargado por la violenta muerte de su esposa, y de quien se dice que es el único humano que ha conseguido entrar en el bosque y salir vivo y cuerdo. Sin duda es esta parte central, con las aventuras en el bosque, lo mejor de la novela.

Lejos de un cuento edulcorado, hay en el relato un buen montón de violencia, de sangre, de muertes, de traiciones y de magia negra como para marcar las diferencias con anteriores versiones de la historia. En un interesante giro a la tradición, la madastra no es malvada porque sí, sino que es tanto víctima como verdugo. Toda la historia tiene su origen en una brutal matanza, el exterminio de todo un pueblo (menos dos hermanos) acusado de brujería por parte de las tropas del rey Magnus que daría lugar a una largamente gestada venganza. No la justifica ni la redime, pero sí da una explicación a su inquina.

El libro, es cierto, se lee en un suspiro. Algo a lo que sin duda contribuyen las “engañosas” 260 páginas, ya que si se quitan páginas en blanco, de transición y de entrada de capítulos lo cierto es que se quedan en bastante menos; lo que unido a un tamaño de letra y unos márgenes generosos hacen de Blancanieves y la leyenda del Cazador una novela tirando a breve.

Esta brevedad conlleva también que los personajes estén apenas esbozados, teniendo alguno de ellos muy poca profundidad y antojándose que hubieran podido dar mucho más de sí, como el amigo de la juventud de Blancanieves, William, mera comparsa que no termina de encontrar su sitio pese a la importancia que debería adquirir por lo poco narrado. Asimismo, Eric el cazador no termina de definirse; golpeado por la tragedia, por la muerte violenta de su esposa que no puede aceptar, es tan solo una sombra de lo que podría haber sido.

Blancanieves es la única protagonista con un poquito de fondo. Una princesa que no se resigna al papel que la reina le ha reservado y lucha por volver a poner en pie el reino que ella le quitara. Valiente y con un gran corazón, no dudará en hacer todo lo que esté en su mano para ayudar a sus “súbditos” (unos súbditos que hace siete años que no la ven, ni saben cómo es, pero sin embargo siguen amándola y sacrificándose por ella).


A fuerza de rapidez, de hacer avanzar la historia de forma muy acelerada, las emociones, las introspecciones, los pensamientos, los sentimientos... están apenas trabajados, casi dejados de lado. La autora se dedica casi en exclusiva a relatar los hechos, sin profundizar en el trasfondo ni en las personalidades de los implicados. Así, el entrenamiento bélico de la princesa es demasiado celérico. El cazador le enseña apenas un par de movimientos y ya parece toda una experta. Y lo mismo se puede decir del camino que lleva a la batalla final, que a fuerza de estar apenas esbozado se antoja demasiado sencillo y simple, pese a todas las calamidades que tiene que afrontar la joven princesa.

Aquellos que hayan disfrutado de la película pueden disfrutar, sin duda, del libro de cara a reforzar alguna escena o recordar ciertos detalles (la edición incluso incluye un mini poster desplegable y a todo color con el cartel y varios de los protagonistas). A los que no les haya gustado aquella, difícilmente lo hará el libro. Y a aquellos que no la hayan visto y tengan una tarde perdida y el libro a mano, pueden ponerse a leerlo con la certeza de que no están ante una lectura que vaya a sacudirles la conciencia ni a resolverles grandes cuestiones filosóficas, pero que cumple sin problemas con el entretemiento y se pasa volando.

Con aventura, acción, drama, luchas y romance Blancanieves y la leyenda del cazador es una fantasía destinada a un público adolescente que se deje arrastrar por la historia sin cuestionar su profundidad. Una lectura muy ligera, rápida y, por partes, entretenida, donde es más importante lo que está sucediendo que quien lo está viviendo. Para fans.

Por otra parte, ya se ha anunciado una segunda película, así que supongo que también habrá una segunda novela en la que sinceramente espero que se trabaje un poquito más el tema de la personalidad y profundidad de los personajes.

Publicar un comentario