lunes, 29 de abril de 2013

El Hobbit: un viaje inesperado

El Hobbit: un viaje inesperado.

Peter Jackson.

Reseña de: Amandil.

Metro-Goldwyn-Mayer, New Line Cinema, WingNut Films. 2012. Título original: The Hobbit: Un unexpected journey. Duración: 169 minutos.

Tras ver tres veces la película (en versión original pero pantalla pequeña, en 3D, 48fps y toda la pesca en español y ahora en el DVD) tengo una buena sensación.

Lo primero que hay que tener claro es que esta película NO es una "adaptación" de la novela El Hobbit ni pretende serlo realmente, es una precuela de las películas de El Señor de los Anillos. Para verla como realmente ha sido planteada por Peter Jackson hay que olvidarse por completo del libro y dejarse llevar. Sólo así es posible disfrutar por completo de las casi tres horas de metraje.

Uno de los puntos comunes de la crítica literaria es el que afirma que El Hobbit tiene un estilo literario, una público y una ambientación muy distintas de los que Tolkien presentó en El Señor de los Anillos. Por lo tanto, a la hora de dar el salto al lenguaje cinematográfico sería imposible vincular ambas tramas sin que las películas quedasen raras o pareciesen no tener realmente nada en común más allá de los personajes y el paisaje. Esta dificultad parece ser la que provocó en su momento, por ejemplo, que en la película La comunidad del Anillo se eliminase toda referencia a Tom Bombadil. Peter Jackson tuvo claro desde el principio que El Hobbit se movería en el mismo nivel de épica que la Trilogía.

¡Corre Bilbo, corre!
A modo de resumen se puede decir que la película de El Hobbit, como precuela, es estupenda. Introduce los elementos principales de El Señor de los Anillos (la naturaleza de los hobbits, el Anillo Único, el retorno de Sauron, la figura de Gollum, la figura de Saruman, la desconfianza entre elfos y enanos, etc.) de manera comprensible. A fin de cuentas Peter Jackson lo que pretende es que cuando la "nueva trilogía" este terminada empalme perfectamente con la de El Señor de los Anillos, sin contradicciones. Y que, tal y como ya hizo George Lucas con La Guerra de las Galaxias, se puedan ver seguidas las seis películas atendiendo a una coherencia argumental que conviertan toda la saga en una "serie". Sin duda, es ahí a dónde quiere llegar el director neozelandés y, por lo tanto, es este el ángulo con el que hay que abordar esta nueva incursión en la obra de Tolkien.

Bien, dicho todo esto, se puede afirmar con rotundidad que esta nueva película no aporta nada nuevo u original. Quitando la chorrada del rodaje en 48 fotogramas por segundo (que apesta a campaña publicitaria) en El Hobbit asistimos a la repetición casi exacta de planos, escenas, gestos y trucos que Peter Jackson desplegó en la trilogía de El Señor de los Anillos. Como guiño estaría bien sino fuese porque hay momentos en que llegas a preguntarte si este señor sabe hacer algo más que travelings a la "compañía" en las montañas, por los campos y por las praderas. O si, por ejemplo, se ha percatado que la "derrota" de Azog en la batalla de Azanulbizar (Thorin, caído, pega un tajo al aire y ¡zas! el brazo del orco a volar) parece una fotocopia de la de Sauron en la introducción (Isildur, caído, pega un tajo al aire y ¡zas! los deditos del Señor Oscuro a volar). Y así bastantes cosas más que repiten una y otra vez escenas ya vistas y que, al final, quitan originalidad a esta película si ya has visto la Trilogía. Incluso es excesivo el nuevo uso de las Águilas como deus ex machina sin aportar una justificación más que "Gandalf las llama usando una polilla que pasaba por allí... ¡de nuevo!". 

El Concilio Blanco
Asimismo, es destacable la caracterización de los personajes que en esta ocasión une unos nuevos y otros ya conocidos. Uno de los problemas de rodar DIEZ años después con los mismos actores es que a fuerza de gravedad se les tiene que notar el paso del tiempo. Y eso, si tienes fresca la trilogía original, se nota muchísimo en todos los personajes no digitales. Iam Holm (Bilbo "viejuno") y Cristopher Lee (Saruman, el Mago Blanco), por ejemplo, están bastante más mayores, y aunque mediante maquillaje se intentan arreglar las cosas, se les nota demasiado el retoque en la piel y el paso de una década en actores que sobrepasan los 80 años de edad. Al menos son personajes muy secundarios en la trama. Ian McKellen es distinto ya que su personaje, Gandalf, es central en esta película y aparece con mucha frecuencia en primeros planos. En este caso se han esmerado mucho más y salvo los primeros minutos (dónde se nota también la edad) al final consigue ser el mismo Peregrino Gris de la Trilogía. Los otros personajes que repiten también están un poco más desgastados pero no se les nota tanto, Elijah Wood (Frodo), Hugo Weaving (Elrond) y Cate Blanchett (Galadriel) casi están exactamente igual, lo cual se agradece. Por cierto, las escenas de Galadriel hablando con Gandalf son, a mi juicio, excesivamente "posturistas". Se han pasado un poco con la manera de mostrar su majestuosidad y más bien termina por parecer que la dama elfa parece que está en un pase de modelos.

En lo concerniente a los nuevos fichajes, Martin Freeman (el joven Bilbo) consigue que su personaje se mueva entre lo cómico y lo épico sin desentonar mucho. Su trabajo se ajusta bastante a lo que se espera de él que, básicamente, consiste en imprimir un toque "inglés" al personaje. De los enanos destacan principalmente dos de ellos, Thorin, interpretado muy correctamente por Richard Armitage, y Balin, papel de Ken Stott, que logra agrandar su papel por medio de una interpretación magistral. Del resto de los enanos poco se puede decir salvo que cumplen con su función de comparsa sin chirriar. Es de suponer que en las dos películas siguientes destacarán mucho más. Y, finalmente, Radagast el Pardo, encarnado por Sylvester McCoy, se convierte un poco en el típico personaje encargado de dotar a la trama de un momento de descanso por medio de sus histriónicas actuaciones. Nada grave.


Recibiendo instrucciones del director

Sin embargo, en lo tocante a los personajes, hay un PERO bastante importante. El director ha abusado excesivamente de los personajes generados por ordenador. Al esperado Gollum (nuevamente articulado en torno a Andy Serkis) se han añadido ahora Azog, el Gran Goblin, los Tres Trolls y el rey Brujo. La calidad del conjunto no es mala, pero en el caso del orco blanco (el malo de esta primera película y, probablemente, de parte de la segunda) si se acaba por notar que es un personaje digital, lo cual le resta en cierto modo credibilidad a su "actuación".

En lo referido a la ambientación, Peter Jackson ha optado por mantener la misma apariencia general de los escenarios del trasfondo. A los lugares ya conocidos como la Comarca y Rivendel (ahora con muchas más localizaciones) se une la grandiosa Erebor (que, casi empequeñece a Khazad-dûm). Y entre todos estos lugares el director vuelve a mostrar sin complejo alguno una sucesión de impactantes y hermosas imágenes de exteriores neozelandeses, al más puro estilo de una campaña turística. Desde luego la fotografía no falla en esta película.


Uno de los "posados" de Galadriel.
La banda sonora, de nuevo en manos de Howard Shore, bebe de la música que ya compuso en su día para la Trilogía, retomando temas y añadiendo otro (centrado especialmente en la canción Misty Mountains que Thorin y los enanos cantan en Bolsón Cerrado). La música encaja en todo el metraje y vuelve a demostrar que las bandas sonoras de calidad mejoran una película cuando debe ser mejorada. Los temas como "An Ancient Enemy" (el que suena cuando Balin recuerda la terrible batalla de Azanulbizar, en la que Thorin "derrota" a Azog) te hacen vibrar en el asiento.

En resumen, El Hobbit: un viaje inesperado vuelve a transportarnos a a Tierra Media de Peter Jackson diez años después del estreno de la Trilogía de El Señor de los Anillos. Si disfrutaste entonces lo volverás a hacer ahora siempre y cuando dejes de lado lo que hayas podido leer y optes por aceptar la visión personal del director. Hay que reconocer que, hasta dónde puede, se ciñe bastante bien a la obra de Tolkien y lograr una película entretenida. Por supuesto, dentro de dos años, cuando ya se hayan estrenado las dos partes que faltan, habrá que juzgar esta nueva saga en su conjunto. Confiemos que la cosa no se desvíe mucho de un relato suficientemente entretenido y rico sin que haya que añadir mucha parafernalia exterior. Ahora a por El Hobbit: la desolación de Smaug.
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