
Némesis.
Juan Miguel Aguilera y Javier Redal.
Reseña de: Santiago Gª Soláns.
Sportula. Gijón, 2013. Edición digital (epub). 408 páginas.
Nos encontramos ante la reedición ampliamente corregida de la novela El Refugio publicada originalmente por Ediciones B en su colección Nova en 1994. Plantea en una nota final el interesante «debate» sobre si las obras deben ser retocadas para su reedición o deben permanecer inalterables, entre ser fieles al original o ser muy posiblemente acusadas de “haber envejecido mal”. Es obvio que Aguilera, autoconfeso principal responsable de la corrección, se alinea con George Lucas y reconoce haber introducido un buen número de cambios en el texto. Esta reseña, en todo caso, se centra en la nueva novela, publicada por Grupo AJEC en 2011, obviando cualquier comparación con su antecesora.
En un futuro cercano —quizá se antoja que demasiado cercano— la Humanidad, tras pasar por una periodo de fuerte inestabilidad en la Tierra, se ha extendido por el sistema Solar, estableciendo estaciones orbitales en torno a nuestro planeta y colonias tanto en la Luna como en Marte. Y precisamente en el planeta rojo el jesuita Jacobo Kramer, después de soñar con ello durante toda su vida, va a realizar un descubrimiento arqueológico de inmensa importancia. Un descubrimiento que a un mismo tiempo abre las puertas del futuro con un legado insospechado mientras parece provocar un cataclismo de proporciones tales que termina con toda la vida en la Tierra y sus satélites, dejando muy diezmada la vida en Marte. Los supervivientes deberán hacer frente a la nueva situación, planteándose cómo mantener en pie lo que queda de la Humanidad e, incluso, cómo se puede devolver el golpe. Y aquí entran en juego ciertas tecnologías alienígenas que pueden ayudarles en la tarea; pero para ello primero tendrán que comprenderlas y, a la vez, poner orden en los enfrentamientos que empiezan a surgir entre las diferentes facciones marcianas y sus casi antagónicos modos de entender cómo hay que construir el futuro.
Es cuestionable el calendario que maneja para situar ese futuro apocalítico y todos los sucesos que han tenido lugar en el Sistema Solar hasta llegar a ese momento, pues se antoja un poco precipitado que en cincuenta años tengamos bases en la Luna y asentamientos permanentes en Marte. Y, a pesar de la interesante explicación, se antoja también un tanto rara la elección de las órdenes religiosas implicadas en la acción —los jesuitas no son precisamente el mejor ejemplo de orden monástica y ascética— y falta una explicación en profundidad y verosímil de cómo se ha llegado a la situación en que la Iglesia Católica, tan abiertamente en retroceso en la actualidad al menos en Occidente, esté en posición de comandar las principales ramas de la exploración científica.
Es cuestionable el calendario que maneja para situar ese futuro apocalítico y todos los sucesos que han tenido lugar en el Sistema Solar hasta llegar a ese momento, pues se antoja un poco precipitado que en cincuenta años tengamos bases en la Luna y asentamientos permanentes en Marte. Y, a pesar de la interesante explicación, se antoja también un tanto rara la elección de las órdenes religiosas implicadas en la acción —los jesuitas no son precisamente el mejor ejemplo de orden monástica y ascética— y falta una explicación en profundidad y verosímil de cómo se ha llegado a la situación en que la Iglesia Católica, tan abiertamente en retroceso en la actualidad al menos en Occidente, esté en posición de comandar las principales ramas de la exploración científica.

Hay temas que sin duda deberían haber sido desarrollados más ampliamente, con más profundidad, sobre todo en la parte más «social» de la novela, como la situación de Marte, con Churl el Tuerto, el nuevo papado, la falta de mujeres, las tensiones entre la población religiosa y los laicos, la revolución... situaciones que dan una impresión fragmentada de la trama, de carácter episódico, casi sin conexión. La novela peca de excesiva rapidez en algunos momentos, pasando casi de puntillas sobre algunos detalles que hubieran merecido un mayor desarrollo e iniciando otros que no parecen conducir a ningún sitio, sirviendo tan solo de trasfondo sin una auténtica implicación en la trama principal y que provoca que en muchos casos no exista una construcción en profundidad de muchos de los personajes. Es algo frustrante estar disfrutando tanto de algo y quedarse con la miel en los labios, con la duda en la mente de por dónde podrían haber continuado las cosas.
Una trama principal, no obstante, la del intento de plantar cara a los desconocidos extraterrestres que casi han conseguido extinguir la vida humana, llena de sentido de la maravilla, de ideas fascinantes, de descubrimientos, de grandes escenarios, de viajes maravillosos, de reflexiones morales y filosóficas... Con un sabor clásico y un enfoque actual que consigue evitar además de un plumazo uno de los problemas planteados por la más reciente ciencia ficción: la tan traída «singularidad», con una explicación simple, sorprendente y eficaz —que habrá que leer en el libro para conocerla—.
Némesis es una novela magníficamente escrita, llena de grandes ideas y de avances tecnológicos de proporciones colosales, con un abundante y de agradecer dominio del lenguaje, que se lee con el mayor agrado incluso en medio de las explicaciones más hard del texto —centradas sobre todo en cuestiones de especulación biológica, nada que deba preocupar ni asustar a los profanos—, y con un final relativamente abierto que, publicada la novela a modo de «precuela», conecta en la distancia temporal con Mundos en el abismo e Hijos de la eternidad —o su reescritura y refundición en un solo voloumen como Mundos en la eternidad—. Da gusto leer este tipo de ciencia ficción.
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(...) Si me permites voy a aprovechar para comentar algo que me parece curioso. La novela "El Refugio" original se publicó en 1994, y el futuro que se planteaba era el del año 2020 (creo recordar), y a nadie le pareció extraño. Era una especulación aceptable en aquel momento. Tanto como la de Joe Haldeman en "La Guerra Interminable", que sitúa naves interestelares a finales de los noventa.
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(...) Si me permites voy a aprovechar para comentar algo que me parece curioso. La novela "El Refugio" original se publicó en 1994, y el futuro que se planteaba era el del año 2020 (creo recordar), y a nadie le pareció extraño. Era una especulación aceptable en aquel momento. Tanto como la de Joe Haldeman en "La Guerra Interminable", que sitúa naves interestelares a finales de los noventa.
En la reescritura retrasé las fechas de "Némesis" y situé la acción en el año 2060, y a todo el mundo le parece precipitado.
Creo que esto dice mucho de cómo ha cambiado nuestra percepción del futuro.
Y con toda la razón, debo añadir, si ni siquiera tenemos ya un transbordador espacial en condiciones. Es deprimente y explica en parte por qué la ciencia ficción de este tipo no está en su mejor momento.
Pero como yo soy un optimista, confío en que algún día las cosas cambiarán de nuevo y se volverá a mirar hacia el espacio, y en una especulación de medio siglo podrá suceder de nuevo cualquier cosa.
Juan Miguel Aguilera.
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