lunes, 22 de agosto de 2016

Reseña: A mi no me engañas

A mí no me engañas.

Kelly Link.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Seix Barral. Col. Biblioteca Formentor. Barcelona, 2015. Título original: Get in Trouble. Traducción: Maia Figueroa. 349 páginas.

Cotidianidad mágica, el día a día de lo más normal y mundano subvertido por un elemento ajeno y fantástico que trastoca toda la realidad. Una mirada límpida que transforma nuestro mundo en algo extraño, aunque permanezca cercano, reflejando situaciones habituales bajo un nuevo prisma y una nueva lectura. En los mundos de Link la magia o los superpoderes existen, pero no es en ellos en los que va a detenerse la autora, sino en los efectos que su «roce» inusual deja en las vidas de la gente. La importancia no se encuentra en el escenario, sino en lo que le sucede a sus personajes. Una joven que se encarga de cuidar las casas de veraneo de sus vecinos en el medio oeste rural estadounidense. Otra que acude a un hotel a conocer en persona a su «amor», un hombre a quien ha conocido previamente por internet, mientras en el establecimiento se celebran un par de congresos. Una pareja charlando sobre la posibilidad de que los protagonistas de los cuentos clásicos fueran superhéroes o no en el sugerente escenario de un parque de atracciones temático abandonado. Una muchacha celosa del regalo que ha recibido su mejor amiga por su cumpleaños. Un actor maduro enamorado secretamente de la compañera de su primer éxito cinematográfico, con la que mantiene una buena amistad y a la que acude como refugio ante algunos problemas. Una mujer hastiada de su trabajo… Historias cotidianas, con situaciones en apariencia de lo más normal, pero con unas circunstancias o características especiales que bajo la imaginativa mirada de Link, a través de esos pequeños detalles que pueblan de fantasía sus mundos —unos mundos que no son sino el nuestro bajo un prisma de un color ligeramente diferente—, las tornan en fuente de fascinación. Cuentos que no pueden ser explicados, porque deben ser experimentados.

Abre las puertas de lo extraño Los del verano, donde la joven Fran se despierta una mañana con gripe, pero su un tanto disfuncional padre no va a permitirle descansar. Él emprende un viaje —una huida más bien— y ella tiene que encargarse de su trabajo, limpiar las casas de veraneo de sus vecinos. Sin tiempo para curarse la muchacha va a requerir la ayuda de Ophelia, una compañera de instituto que tiene la «suerte» de encontrarse a mano. El lector pronto descubrirá que una de las casas que tienen que limpiar no es exactamente como las demás, pues sus habitantes son un tanto especiales, algo de lo que perfectamente podrían dar cuenta los extraordinarios juguetes que han ido regalado a lo largo del tiempo a la protagonista. Una delicia de cuento de hadas, donde la autora introduce el elemento sobrenatural con mimo y altas dosis de misterio, y en el que es una pena que Link, habiéndose tomado su tiempo para construir una magnífica atmósfera, parezca que tiene prisa por cerrarlo y deje el destino de una de las protagonistas totalmente en las sombras. Los relatos de la autora se caracterizan en cierta forma por los finales abiertos, pero más que abierto este se antoja inacabado. Siendo excelente, no llega a perfecto, pero tiene grandes aciertos.

A continuación A mi no me engañas es uno de los más «realistas» de todos los cuentos del volumen. Es la historia, un tanto crepuscular, del amademonios —personaje cinematográfico de una saga para adolescentes interpretada siempre por un mismo actor, protagonista del relato y que sólo recibirá tal apelativo, sin que el lector llegue a conocer su nombre real—, un intérprete que está haciéndose mayor para el personaje y además pasando una mala racha, de la que cierto video de contenido sexual tiene buena parte de culpa. Ahora tan sólo quiere huir un tanto del mundo y apoyarse en la inquebrantable amistad de Meggie, co-intérprete de la primera película de la saga. Pero esta vez el reencuentro, en medio del rodaje de un reportaje a cargo de la antaño actriz sobre la desaparición años ha de todos los integrantes de una colonia nudista, desenterrará sentimientos quizá reprimidos y siempre negados. Los problemas del compromiso, las promesas de la vida fácil, de la satisfacción más rápida pero no siempre realmente gratificante, el peso de lo madurez, la nostalgia de una época mitificada por el paso del tiempo, los celos que no se tiene derecho a sentir y la carga evidente de ironía con la que la autora enfoca el tema de los reality shows convierten una historia con trasfondo romántico en algo de lo más mordaz.

En Identidad secreta Billie Faggart, una joven menor de edad viaja a la gran ciudad, Nueva York, para conocer en persona a Paul Zell, el hombre de treinta y cuatro años del que se ha enamorado, con sentimientos en principio correspondidos, a través de Tierra Lejana, un juego de rol interactivo por internet. El problema es que en realidad ella le ha engañado sobre su edad, y alguno de los detalles de su vida, haciéndose pasar por su hermana mayor, pero espera poder solucionarlo. En el hotel en el que han quedado se están celebrando dos congresos, uno de dentistas y otro de superhéroes, entre los que además hay un concurso para elegir a nuevos ayudantes y compañeros. Ricos herederos que se creen con derecho a todo, recepcionistas celosas que no dudan en marcar su territorio, cocineros que crean estatuas de supervillanos a tamaño natural talladas en mantequilla, personajes con increíbles superpoderes que tan sólo sirven de escenario —Link no está interesada en contar una historia de superhéroes, sino de gente normal enfrentada a problemas de lo más común y de cómo reaccionan ante la adversidad—, hombres misteriosos con conciencia…, y todo a través de una narrativa extraordinaria, mediante la carta que Billie le escribe al hombre al que ama, a veces en primera persona, a veces en tercera para distanciarse del dolor —y la vergüenza— de lo escrito, para justificar lo fallido de la experiencia. Un relato cargado de amor, de esperanza, de luz entre la oscuridad. Un tema en realidad muy conflictivo, las relaciones cibernéticas y la huida de casa de una adolescente, tratado con enorme ternura y cariño por parte de la autora. Increíble.

También cargado de ternura, pero a su vez de horror, es La moraleja, donde Thanh y Harper, una pareja gay envuelta últimamente en una oleada de discusiones, acude a la boda de una amiga que va a celebrarse en una pequeña isla privada, sólo conectada por barco una vez al día con el continente. Están nerviosos y susceptibles, entre otras cosas porque en casa han dejado a la madre de vientre de alquiler de su futuro hijo, y hay cierto sentimiento de culpabilidad en su decisión de pasárselo bien ese fin de semana. Esa culpabilidad imposible de hacer a un lado aunque no haya motivos reales para aceptarla, esa culpabilidad que tiñe todos los actos e impide disfrutar de la vida, esa culpabilidad inhabilitadora, amarga, ruin, que parece, como las profecías autocumplidas, destinada a engendrar sus propios motivos. Un relato hermoso y triste sobre la contraposición entre la vida y la muerte, sobre las decisiones, sobre el amor y los deseos solicitados.

Con un tono, de inicio, más divertido y desenfadado, en El valle de las chicas el lector asiste a una variante de mundo donde entre las familias más escandalosamente ricas se ha puesto de moda construirse pirámides para reposar cuando fallezcan. Link ofrece una irónica visión donde los jóvenes millonarios —o más bien sus padres— echan mano de otras personas para convertirse en su imagen pública, su Rostro, en una suerte de dobles que les permitan a ellos llegar a la madurez libres de escándalos y con una imagen limpia —¿alguien está pensando en Paris Hilton, Lindsay Lohan y otros famosos similares?—. Sin embargo, esa protección es algo que no les libra de la competencia entre ellos, ni de la envidia o de la ineptitud social. Un relato muy entretenido que va adquiriendo una atmósfera cada vez más oscura y que encierra una crítica y una reflexión realmente de calado, y donde la autora da cuenta una vez más de su buen hacer literario, con una apuesta por la innovación y el riesgo en la forma de narrarlo.

En Orígenes una pareja de amigos con derecho a roce mantienen una conversación nocturna y bien regada de cerveza en el escenario del parque de atracciones Lanz of Oz, ahora abandonado, sobre la posibilidad de que personajes de la literatura, los cuentos populares o las películas sean o no superhéroes, y de cuáles serían entonces sus superpoderes y sus debilidades —su kriptonita—. Una historia que avanza adelante y atrás, que se demora sin prisas a lo largo de la noche, dosificando las revelaciones, el estado de la relación y termina con un secreto que desarma al lector. Una conversación de apariencia de lo más intrascendente, juguetona, pero que encierra muchas lecciones para seguir sobreviviendo en el día a día, sobre la responsabilidad y sobre las palabras nunca dichas.

Cargado de ironía El nuevo novio es un relato donde una chica, Immy, se encuentra un tanto celosa de su mejor amiga, Ainslie, porque esta ha recibido en su cumpleaños como regalo un nuevo Novio, en este caso un Fantasma, cuando ya tenía otros dos, un Novio Vampiro y un Novio Hombre Lobo. Y además este era el que Immy siempre había deseado... El romántico paranormal llevado a un nuevo nivel, con un toque de ciencia ficción, y a la vez un enternecedor relato sobre los problemas de la adolescencia y la confusa mezcla de sentimientos enfrentados que empiezan a aflorar a esa edad. De la amistad entregada sin reservas y de los contradictorios celos por los bienes recibidos por la mejor amiga. El deseo irrefrenable, los sentimientos conflictivos, la envidia, la amistad sincera, el amor entregado, y la culpabilidad de los secretos. Y sobre la esperanza…, porque siempre hay esperanza.

A continuación viene el relato que más se sale de la línea «común» —si se puede calificar así a un conjunto de relatos tan eclécticos— de la recopilación: Dos casas. Se trata de un relato espacial que encierra un evidente homenaje bradburyano a través de las vivencias e historias de miedo que se cuentan entre sí los tripulantes de una nave llamada La casa de los secretos que ha perdido a su «gemela», La casa del misterio —bautizadas inicialmente como Rastreadora y como Mensajera en realidad—, y que se enfrentan a lo incierto de su destino. Unas historias «potenciadas» hasta que pudieran confundirse con la propia realidad por Maureen, la IA de a bordo, la propia nave: la casa y la guardiana de sus secretos. Evocadora y extraordinaria, en realidad es toda una imaginativa historia de fantasmas de las que se cuentan a la luz de la fogata de campamento. Con intriga y nostalgia, tirando una vez más de historias dentro de la historia a modo de muñeca rusa, mezcla de forma magistral la aventura espacial con los cuentos «de miedo» que tanto gustaban a Ray Bradbury.

Cierra el volumen Luz, otro de esos relatos totalmente inclasificables, un puzzle caleidoscópico donde Lindsey, cuidadora de un depósito de «durmientes», enfrenta de forma expeditiva los problemas de su vida en un mundo donde ciertas personas proyectan dos sombras, pudiendo una de ellas dar lugar a un hermano de carne y hueso, donde el ligue de una noche puede resultar ser un hombre lobo y donde los universos de bolsillo son una opción de lo más apetecible para tomarse unas vacaciones temáticas. Lindsey no es perfecta, ni lo intenta, y su vida es tan fragmentaria como el propio relato, una vida como la de cualquiera, con problemas como los de cualquiera, con amoríos, líos de bar, un trabajo estresante y compañeros de lo más peculiar. Sugerente y divertido, es una forma excelente de pasar a los agradecimientos con una sonrisa satisfecha.

A mi o me engañas se compone de un conjunto de cuentos enigmáticos, durante y aún más tras su lectura, y en ocasiones hasta desconcertantes; con una narrativa muy inteligente, aunque también extraña —algo que puede llegar a echar para atrás a cierto tipo de lectores que prefieren las cosas claras y definidas—, de alto valor literario —y una buena y agradable traducción— concisos y directos, sofisticados, sutiles, con mucho mensaje, aunque ninguno evidente, y con unas tramas que encierran decisiones morales de gran importancia y valor humano. Cuentos acronológicos, que mezclan el orden de los sucesos para guardar y potenciar el misterio, la tensión y la resolución. La sorprendente mirada de Link da la vuelta a las vivencias comunes y las convierte en extraordinarias, encontrando sugerentes ideas en las más corrientes de las situaciones. Misteriosos, divertidos, fascinantes, cargados de ironía, divertidos hasta que causan un escalofrío de horror, cautivadores y adictivos. Protagonizados por muchachas al límite de la adolescencia, muchas veces con problemas que se les antojan irresolubles, madurando por las experiencias, en ese punto de equilibrio en que todavía su desarrollo emocional y su identidad están por definirse, y el amor y los celos son montañas insalvables. O por hombres que lo tienen todo y no saben qué hacer con su vida, por vecinos anónimos algo más raros de lo que suele resultar habitual, por adultos que no quieren haber crecido, por personas en busca de su identidad y por mujeres que lidian valientemente con lo que la vida les lanza. Historias de campamento, a la luz de la lumbre, llevadas al límite. Confesiones dolorosas. Lo imposible dentro de lo cotidiano, la fantasía más «mundana», lo extraño como lo más normal… Me encanta.
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