domingo, 25 de junio de 2017

Reseña: Domori

Domori.

Sofía Rhei.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Editorial Cerbero. Col. Wyser # 5. Cádiz, 2017.156 páginas.

Un pequeño gran libro que encierra una historia completa que, no obstante, deja con ganas de saber más del mundo creado para la ocasión. Se lee de una sentada, pero deja un poso en torno al cual se reflexiona mucho más tiempo. Rhei empieza la historia como una ciencia ficción aventurera, con luchas tribales en un futuro se podría decir que post apocalíptico por su apariencia, con una humanidad involucionada, y entonces la autora de un giro magistral y desconcierta, para bien, al virar hacia una especulación biogenética, con un componente que no se puede adelantar para no destripar todo el meollo del relato, que encierra interesantes reflexiones al tiempo que termina por todo lo alto. ¿Cuál es la naturaleza del ser humano? ¿Qué lo hace humano? ¿Qué forja su identidad? ¿Qué importancia tiene el color de su piel? Casi una recién llegada al panorama literario español, la Editorial Cerbero se está haciendo un hueco enorme en la ciencia ficción patria gracias, irónicamente, a sus pequeños, encantadores y manejables libros, con propuestas atractivas y con un punto arriesgado como, precisamente, la noveleta que nos ocupa.

El relato de Domori empieza Mucho tiempo antes, donde a modo de prólogo un par de jóvenes marginales —o eso se supone por las referencias a la compra de costo y el lenguaje que emplean— hablan de cómo uno de ellos se «hace» un nuevo tipo de tatuaje, se pincha en cualquier parte del cuerpo y luego se aplica sobre el pinchazo una especie de pegatina negra de la que empiezan a crecer cercos y líneas doradas, con bultos 3D al final de cada línea, con una belleza, un encanto y un brillo especial...

Ilustración: Cecilia G.F.
Ahora, se supone que tiempos después, Luna Roja se encuentra embarcada en una guerra, pero no es la que ella piensa. Ella es una Domori, una humana de piel roja y cuerpo cubierto de «vulas» —¿no es maravillosa, a la par que muy representativa, la ilustración de portada de Cecilia G.F.?—, esa es su vida y su identidad, algo que no se cuestiona. «En la lengua domori, yo y rojo son la misma palabra». Su pertenencia al grupo lo es todo para ella y, como guerrera, su defensa es su mayor interés. Así que no duda en arriesgarlo todo, junto a su amante Plata Rápida, para eliminar a las insidiosas y asesinas abejas atacando su ciudad, haciendo arder sus colmenas. Pero cuando el ataque tenga consecuencias insospechadas para ella, todo su mundo dará un vuelco, llevándola a cuestionarse todas esas verdades «absolutas» que nunca había puesto en duda. ¿Qué significa en realidad ser domori? ¿Por qué esa necesidad de pertenencia, de entrega y sacrificio? ¿Puede ser ella algo más, obtener una identidad propia fuera de la tribu? Cuando sus señas de identidad desaparecen Luna Roja debe enfrentar un futuro que se presenta más incierto que nunca. Cuando empiece a descubrir la realidad de su mundo es cuando comprenderá el verdadero alcance de la contienda. Y entonces tendrá que tomar una decisión que marcará su existencia para siempre.

La guerra contra los insectos es así tan sólo el principio, y a partir de ahí, con un relato más «tranquilo» de lo que se podía intuir tras el brutal comienzo, Rhei reflexiona sobre el «yo» y el «nosotros», sobre las imposiciones sociales y aquellas cosas que modelan la personalidad en una dirección y no en otra, sobre la voluntad propia o la falta de ella en la toma de decisiones que muchas veces vienen dictadas por el entorno —por la «tribu»—, sobre todos aquellos elementos externos que si llegan a cuestionarse hacen tambalearse todo el mundo de uno, sobre la necesidad de pertenencia a un grupo incluso a costa de diluir la identidad individual —necesidad que aboca en muchas ocasiones a un racismo manifiesto, a poner a los tuyos en un plano por encima de los «otros», a justificar una superioridad que se traduce en enfrentamiento, en imposición— , y de lo que es necesario hacer o a lo que hay que renunciar para volver a reafirmarse como uno mismo, como persona.

Rhei presenta en cada domori una servidumbre satisfecha, una simbiosis en que uno de los elementos convierte la relación en parasitaria. El significado del color de la piel adquiere una inusitada importancia, demostrando a la vez que no tiene ninguna importancia en absoluto fuera del contexto de la protagonista. A veces la libertad no es sino la cadena que se pone uno mismo para sentirse satisfecho y a gusto, un cercado que ni siquiera se percibe y que acota lo que uno es y lo que puede hacer. Muchas veces abrir los ojos resulta de lo más doloroso, con lo que resulta más fácil negar la evidencia. Lo difícil es seguir luchando por la verdad, aunque sea algo que ni guste escuchar. Cuando uno se conoce a sí mismo es cuando empieza a ser libre, aunque se encuentre encerrado. Luna Roja ve como todo lo que creía conocer es puesto en duda, todas sus creencias se tambalean y el cambio en la percepción de sí misma cambia el mundo entero.

Y todo ello con una historia breve, escrita con una prosa que atrapa y deleita, con un tono de leyenda o cuento popular que lleva de la mano en una magnífica experiencia. El relato sufre, quizá, un tanto del formato. Hubiera necesitado de unas cuantas páginas más para no tener que explicar algunas cosas demasiado de corrido o dejar otras demasiado olvidadas, con situaciones no resueltas del todo o personajes cuya actuación queda demasiado en segundo plano. Y, sin embargo, su lectura sigue siendo estupenda y estimulante, y uno, atrapdo por las vicisitudes de Luna Roja, sólo se da cuenta de la enorme profundidad del mensaje cuando termina de leer y reflexiona sobre «el futuro y lo desconocido» tras haber vivido una inmersiva aventura.
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