miércoles, 28 de junio de 2017

Reseña: Las fuentes perdidas

Las fuentes perdidas.

José Antonio Cotrina.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Alianza editorial. Col. 13/20. Madrid, 2017. 537 páginas.

Publicada por primera vez en 2003 por La Factoría de Idea en su colección Solaris Ficción, la por entonces primera novela de Cotrina, pasó en ese momento quizá un tanto desapercibida, sin recoger el interés que merecía, ya sea porque el público no estaba preparado para ella o por la colección en la que se incluyó, para ir convirtiéndose luego, poco a poco, en una obra de auténtico culto, una obra por la que aquellos seguidores del autor que no habían tenido la suerte de leerla en su momento penaban por poder hacerse con una copia. Así que la recuperación de la obra por parte de Alianza, con un texto debidamente corregido y actualizado por el autor y con el añadido del relato Entre líneas, es una magnífica ocasión que ningún aficionado al fantástico con un toque oscuro y weird, surrealista, onírico, inquietante y hermoso, no puede dejar pasar. Es este un libro que atrapa desde la primera página, gracias a una trama inmersiva, a una prosa genial y muy personal, y a una sucesión de imágenes entre lo más macabro y perturbador y lo más evocador y maravilloso que no dejan de revolotear por la mente una vez leídas. Un mestizaje de terror, fantasía oscura y ciencia ficción que cautiva mientras se resiste a cualquier clasificación canónica. Cualquier cosa que se pueda decir de ella no va a hacer justicia a la obra, así que lo mejor es que el lector acuda directamente a la fuente. Fin de la reseña…

Bueno, ya que estoy me voy a explayar un poquito más.

Délano Gris, mercenario a sueldo y guía de las sendas secretas del Otro Lado, es un aventurero vapuleado por la vida cuyo turbulento y atormentado pasado se irá desvelando a lo largo de la narración, debidamente dosificado para crear la necesaria tensión en torno al personaje, que se va a ver embarcado en una cruzada apóstata, la búsqueda de uno de los grandes Misterios Furtivos, el mayor de todos ellos: las fuentes perdidas. Aquellas de las que manan las aguas que conceden cualquier deseo soñado, bueno o malo. La vida eterna, el amor verdadero, la eterna juventud, la sabiduría, la riqueza, el dolor sin fin… Contratado por dos organizaciones con objetivos contrapuestos, pero consciente de que al final lo que primarán serán sus propios anhelos sobre cualquier otro interés, y que resultará inevitable traicionar a unos u otros, o a ambos, según las circunstancias que se presenten en última instancia, se unirá a un viaje a través de los caminos secretos de una realidad que se solapa a la nuestra escondida bajo sombras y misterios.

A lo largo del relato el propio Délano irá descubriendo unas cuantas cosas sobre sí mismo, parcelas de su vida y su pasado olvidadas por distintas razones y que va a enviar de nuevo al olvido sin que dejen de atormentarlo. Délano es un personaje en construcción para sí mismo, forjado por su pasado y con un deseo de venganza que le llena de miedos, mientras sueños y pesadillas empedran su camino. Y, aunque se revela como el protagonista único de la novela, lo acompaña un grupo de lo más singular, variopinto y extraño. Alan Rigaud, asesor fiscal y aventurero ocasional, el hombre al frente de la expedición que guarda muchos secretos, y su compañero inseparable Juan Carlos Heredia, un guerrero entregado a la violencia que sólo come lo que él mismo ha cazado —y preferiblemente crudo, sólo contenido por la presencia de su mentor. Gema Árida, una espiritista con ocultas atracciones, capaz de comunicarse efectivamente con los muertos, y que, muy posiblemente, sea uno de los personajes más desaprovechados o que más en la sombra queda, eclipsada por las acciones de sus compañeros. Alexandre, el lector atormentado por la muerte de la mujer que ama, torturador de un remedo, una inteligencia biológica artificial trastornada, en forma de osito de peluche rosa con conciencia propia al que no para de clava diminutas espadas, y protagonsita del relato Entre líneas, que cierra el volumen, y que recoge precisamente la historia de cómo llegó a convertirse en lector. Charlotte Blue, un genio —en el sentido de criatura mágica— probabilístico capaz de analizar todas las posibilidades que rodean la misión y emitir un porcentaje de éxito o fracaso dependiendo de los factores involucrados. Y Adriano Sforza, un nigromante veneciano, no especialmente cruel, pero sí indiferente a cualquier sentimiento humano. No se trata de una novela coral al uso, pero el autor consigue aún así que cada personaje esté dotado de su propio carácter e intereses, consiguiendo mantener la atención sobre todos ellos, dotándolos de una ambigüedad moral que hace consciente al lector de que en cualquier momento pueden elegir actuar en su beneficio en vez de en el del grupo. Sus historias personales, sus motivaciones para emprender el viaje, van a dar mucho juego a lo largo de la novela.

Cotrina, con una experiencia absolutamente inmersiva, estructura la novela como si de una road movie se tratará, un viaje en torno a la clásica Búsqueda, por caminos misteriosos en que los protagonistas tendrán que enfrentar los más diversos peligros, mientras van cubriendo diversas etapas, necesarias para alcanzar su objetivo. Una estructura que implica ciertos tiempos muertos en el relato, pero que también consigue, inmersos en el viaje, un ritmo trepidante, a la par que crea gran incertidumbre sobre lo que ha de venir a continuación. No hay certezas, sino muchas preguntas en el camino que emprendido. Délano y sus compañeros se embarcan en un viaje del que difícilmente saldrán indemnes y a salvo. Un viaje delirante que desciende hacia lo más oscuro del alma humana, de su rendición a los deseos y anhelos más inconfesables —los secretos ocultos dentro del grupo van a ser lo más habitual entre los viajeros—, por caminos que discurren por filos insospechados, por terrenos inhóspitos y cambiantes, por escenarios tan grandiosos como imposibles y caóticos.

Hay planos de existencia paralela, escondidos, protegidos y ocultos en las sombras para los no iniciados. La aventura se adentra en un mundo crudo y violento, insano, decadente, sádico y gore, repleto de locura lógica y de criaturas fascinantes, de magia coherente y tecnologías impredecibles. El autor muestra el abismo al borde del camino y luego hace que los protagonistas se lancen de cabeza al mismo sin dudarlo. Délano igual visita a la pitia del Oráculo de Delfos que camina en pesadillas por inquietantes cementerios o recuerda malos tiempos en la más horrible de las ciudades oscuras, Cicero. De hecho, su camino está marcado por los sueños que van adueñándose de sus momentos de descanso. Sueños que le entregan ciertas claves para adentrarse en el misterio y recorrer un camino al final del cual les espera la mayor de las recompensas o el peor de los castigos.

El mundo, los mundos, se va desenvolviendo ante los ojos del lector gracias al poder evocador de la prosa de Cotrina, sugerente y dolorosamente poética, evocadora y certera, sin que sean necesarias largas descripciones ni distracciones innecesarias. Todo surge conforme el grupo avanza, de las acciones y decisiones de los personajes, y cuando se echa la mirada atrás se ve el enorme trabajo de construcción del mundo realizado y lo fácil y natural que ha resultado asimilarlo. Cotrina es un creador de ambientes, de atmósferas, desagradables en muchas ocasiones, eso no se puede dudar, pero de las que resulta muy difícil escapar indemne. Las escenas de acción se suceden con gran dinamismo entre los momentos de exposición, manteniendo en todo momento subyugada la atención y el interés, siempre a un paso de la revelación. Para la presente edición Cotrina ha llevado a cabo una labor de pulido y limpieza que ha conseguido corregir algunos pequeños fallos achacables a una primera novela, al tiempo que la ha unificado en estilo con obras más actuales, manteniendo toda la genial esencia que ya se encontraba allí en un primer momento. Además la obra principal viene acompañada del relato Entre líneas, con la historia de Alexandre, un joven estudiante con un futuro más que prometedor, se encuentra de improviso con la magia y de cómo la misma le cambia la vida. Una historia de decisiones que muestra el funcionamiento de una de las muchas magias que rigen en las sombras. Un relato que, a la postre, daría nombre al peculiar universo que el autor se encuentra desarrollando.

Casas presentes en toda ciudad del orbe —la Casa Igual— de modo que se puede viajar de una a otra siempre que se cumplan ciertas normas, artes y ciencias secretas, donde magia y tecnología se mezclan sin rubor para dar lugar a fascinantes artefactos, criaturas sobrenaturales de poder inimaginable, muertos vivientes, cadáveres empalados por sus propias costillas y que siguen vivos, monstruos inefables, garantes y miembros del panteón oscuro, ciudades oscuras pobladas por nigromantes necesitados de un continuo caudal de esclavos… Las fuentes perdidas pertenece a ese corpus todavía en construcción en que el autor, de la forma más sutil, va situando unas cuantas de sus obras. Los que leyeran La canción secreta del mundo podrían asistir a la aparición de cierto personaje en que más de uno reconocería al protagonista de la presente. Pero también otras novelas como La casa de la Colina Negra —¿para cuándo su continuación?— pertenecen a este particular universo, mientras que Délano tiene otros cameos, como en Liilith, el juicio de la Gorgona y la sonrisa de Salgari —que la Gorgona nunca visite vuestros sueños—. El final, de quitarse el sombrero, deja con las ganas de saber un poco más allá del cierre particular de la trama, de conocer destinos no revelados, de descubrir si ciertas deudas fueron cobradas. Aún así, es el final idóneo, muy adecuado para todo lo que se ha ido narrando. Y todo lo comentado en esta reseña, ya lo había advertido, no hace en absoluto justicia a la obra. No sé si os lo he dicho, pero, si os gusta la fantasía oscura, rabiosa y original, haceos un favor y leed Las fuentes perdidas —y cualquier otra obra de Cotrina a la que podáis echarle mano—.
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