viernes, 14 de julio de 2017

Reseña: El demonio de las sombras

El demonio de las sombras.
El Imperio de las Tormentas 2.

Jon Skovron.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Minotauro. Col. Fantasía.  Barcelona, 2017. Título original: Bane and Shadow. The Empire of Storms: Book Two. Traducción: Manuel Mata Álvarez-Santullano y Juan Pascual Martínez. 492 páginas.

La segunda entrega de la trilogía El Imperio de las Tormentas empieza con un despliegue de acción naval. La fragata imperial Guardiana, una de las naves de guerra más grandes y poderosos de su flota, es asaltada por unos sanguinarios piratas bajo el mando de Bane el Osado. Gracias a una inesperada y original maniobra la exigua tripulación del barco asaltante logra sorprender a los imperiales, despojándoles de su mayor poderío artillero y de la superioridad numérica de su dotación de combatientes. Con el cruento combate dan comienzo, o continúan en todo caso, unas aventuras que implican a buena parte de los actores ya conocidos y a unos cuantos nuevos, que se convierten, alguno de ellos al menos, en grandes aciertos dentro de las líneas que los implican. [Como siempre advierto, la lectura de esta reseña puede destripar detalles relevantes de la trama de la entrega previa]. Skovron hace discurrir el relato por una fantasía refrescante y desinhibida, con un toque oscuro, violento y duro, con abundante acción y personajes que cumplen su definida función dentro de la historia. El relato se revela como bastante característico de un libro de enmedio de una trilogía, con mucho movimiento de piezas y nuevos planteamientos antes que resoluciones reales, pero no deja por ello en absoluto de resultar tan entretenido como satisfactorio, a la par que el relato se siente más consistente, en la prosa y la trama, que el anterior. Fintas diplomáticas, conspiraciones, piratería, sangrientas batallas, crueles experimentos biománticos, pecados del pasado que vuelven para atormentar el presente, asesinatos despiadados, deudas que deben ser pagadas con sangre… No hay descanso.

Ha discurrido un año desde los eventos narrados al final del anterior volumen y es el momento de ver qué consecuencias tuvieron las decisiones tomadas allí. Ahora, la separación a que las circunstancias obligaron se mantiene. Hope, en su nuevo papel de capitana pirata, navega con sus extraños compañeros intentando ponerles las cosas difíciles y causar el mayor daño posible a los biomantes, sin renunciar en absoluto por ello a su intención de encontrar la manera de recuperar a Red por mucho que le cueste. Mientras tanto, lejos de ella, en Pico de Piedra, la isla capital del Imperio, el joven de ojos rojos se ha asentado de forma reticente a su nuevo papel como Lord Pastinas, acompañante del príncipe Leston, al tiempo que es entrenado en secreto en sus especiales habilidades, desde puntería con armas de fuego a combate cuerpo a cuerpo, por varios biomantes, en su proceso de convertirlo en alguien mucho más letal de lo que ya era.

La novela se encuentra así narrada en dos líneas estrictamente separadas, aunque la de Hope a su vez se dividirá en el relato de las aventuras particulares de alguno de sus acompañantes. La acción se encuentra mucho más repartida que en el volumen anterior, con gran cantidad de escenarios y localizaciones diferentes, tanto en las islas como en el mar. Se suceden combates navales de lo más dispares, intrigas políticas no exentas de enredos, conspiraciones en las sombras de los muchos pisos del Palacio Imperial donde no todo es lo que parece, nuevas incursiones en Nueva Laven sumergiendo la acción en los bajos fondos de la ciudad y sus luchas de bandas… Y siempre la lucha soterrada de clases, de fulanos y petimetres, de criminales y nobles —aunque a veces la definición no esté tan clara—, con un decidido protagonismo femenino muy de agradecer.

Los biomantes, escudados por el convencimiento de la inevitable amenaza de guerra que para el Imperio supone Aukbontar, se aferran al poder y mantienen un control de hierro sobre el emperador. Dedicados a sus macabros experimentos realizados en remotas islas en busca del arma definitiva, requieren cada vez más «materia prima», creando como respuesta un creciente sentimiento de indignación entre el pueblo, dentro del cual incluso llega a nacer un movimiento secreto, los Naturalistas de Dios, que conspira para intentar cambiar el estado de las cosas. Pero contra este movimiento los biomantes desatan de forma muy efectiva a un misterioso asesino, a quien el populacho denominará el demonio de las sombras, quien amparado en su sigilo deja un reguero de cadáveres a sus espaldas.

Siendo como se trata del segundo volumen de una trilogía, o sea, el que suele sufrir el llamado «síndrome del libro de enmedio», lo cierto es que Skovron hace más hincapié en construir a sus personajes, en darles motivos para su crecimiento, que en presentar la sociedad o la geografía de su mundo. Y sin embargo, también hay mucho de eso, pues el foco de la aventura se amplía a nuevas islas, como la propia Pico de Piedra, Luz del Amanecer o los Acantilados Desiertos, y se habla, aunque no se visiten, de otros territorios más allá del Mar Oscuro. Pero lo importante, se antoja, son los personajes, no sólo Hope y Red, sino todos los que les acompañan en sus particulares peripecias, «robándoles» incluso en bastantes momentos los focos y el centro del escenario. Todos y cada uno de ellos debe enfrentarse a sus propios dilemas emocionales, consiguiendo salir unos airosos y otros fracasando en sus propósitos vitales, aunque al final quizá no fueran lo que ninguno de ellos esperaba. Algunos van a descubrir dentro de sí mucho más de lo que esperaban, no siempre precisamente en un buen sentido, debiendo lidiar con decisiones que hubieran deseado no tener que tomar. A veces no es suficiente con intentarlo,  no vale con buenas intenciones, y el precio del fracaso siempre es demasiado alto. Capas y giros se añaden continuamente a las tramas, haciendo la lectura amena y entretenida, aunque no precisamente agradable para los implicados.

Y es que el autor no duda en dispensar la muerte, algunas horribles y realmente de lo más gráficas y desagradables, otras heroicas y grandilocuentes, a alguno de sus personajes principales. En ocasiones la descripción de experimentos y torturas se adentran incluso en lo gore con intensidad perturbadora. La violencia y las referencias sexuales son una constante, alejándose decididamente de las reminiscencias juveniles que todavía podían rastrearse en el anterior libro.

Los papeles se han invertido. La solitaria Hope ahora se encuentra rodeada de compañeros fieles, que la apoyan y la ayudan en sus objetivos, y que le llevan a cuestionar su vida anterior y sus convicciones. La venganza como único objetivo termina por no ser suficiente, debe haber algo más en una vida si está merece la pena de ser vivida. Brigga Lin, Alash, Finn, Sadie, Ortiga, Filler comparten su destino y combaten a su lado, cada uno por sus propios motivos, siendo la simple amistad uno de ellos tan bueno como cualquier otro. Todos van a tener su momento, cada uno va a aportar su parte al conjunto. Rixidenteron, Red, sin embargo, se encuentra solo en el Palacio Imperial, lejos de todos los que conociera, rodeado de gente a la que no respeta y que no gozan de su presencia más que de forma reticente, sin compañeros en que apoyarse para poder seguir adelante. Sigue siendo el carismático vividor caradura de la entrega anterior, pero ahora se enfrenta a decisiones cada vez más difíciles sin un respaldo que le pueda sacar de apuros. Y la política imperial puede resultar mucho más letal de lo que sospechaba.

Atrapado en medio de los entresijos de la política palaciega y convertido en amigo y confidente del príncipe, y por tanto un objetivo de los más apetecible, Red tendrá por ejemplo que lidiar con las muy insistentes atenciones de Lady Hempist, uno de los más interesantes y logrados personajes de la novela, mientras se debate contra su naturaleza e intenta aferrarse al recuerdo y la promesa de Hope. A la vez tendrá que ayudar al príncipe a lidiar con la presencia de la embajadora de Aukbontar, la Ciudadana Nea Omnipora, enviada en una misión diplomática para establecer relaciones con el Imperio que cuenta con una enconada, aunque subterránea, oposición por parte de los biomantes.

El autor ha construido un mundo realmente curioso, inspirado en diversos periodos de nuestra propia Historia, en una mezcla de agradables «anacronismos» —en realidad no son tales, pues se trata de un mundo subcreado— que resultan tan chocantes como bien integrados en el relato. Llama poderosamente la atención la gran diferencia de sistemas políticos que rigen las naciones implicadas y otras que son nombradas. Desde el Imperio absolutista en las islas hasta una democracia socialista e igualitaria en Aukbontar. También es destacable que mientras el Imperio se encuentra en el equivalente a nuestro siglo XVII o XVIII, con navíos de vela cargados de cañones, Aukbontar, mucho más adelantado en cuanto a tecnología, se habría adentrado ya en el XIX casi al nivel victoriano de la Revolución Industrial. La habilidad de Skovron es conseguir amalgamarlo y explicarlo todo de manera que no resulte inverosímil.

El demonio de las sombras, como buen libro de enmedio, termina no con una enorme cliffhanger pero sí con una serie de giros que dejan todas las espadas en alto, resolviendo algunas incógnitas, dejando otras muchas a la espera, planteando nuevos retos y desafíos, y recolocando a los protagonistas en un nuevo punto de partida para el desenlace definitivo que ha de tener lugar en la anunciada Blood and Tempest, un desenlace en que deberán hacer frente a sus verdaderos intereses y sentimientos. Mucho es lo que han sacrificado, pero ¿serán capaces de entregarse hasta el final?
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