El Profeta Blanco, III.
Robin Hobb.
Reseña de: Santiago Gª Soláns.
Fantascy. Barcelona, 2016. Título original: Fool's Fate. Traducción: Manuel de los Reyes y Raúl García Campos. 942 páginas.
Con La suerte del bufón se cierra la trilogía de El Profeta Blanco que Fantascy ha publicado en un periodo de tiempo encomiable, permitiendo la lectura continuada de toda la aventura sin excesiva demora —ahora es cuando los aficionados empezamos a preguntar cuándo publican la primera entrega de la siguiente tetralogía—. Hobb vuelve a ofrecer una fantasía muy personal, aunando el elemento mágico a una cotidianidad medieval que hace el relato muy cercano. Se trata ya del noveno y voluminoso libro con el que la autora ha ido construyendo un enorme fresco sobre la historia de los Seis Ducados y las tierras y reinos que lo rodean: el Mitonar, las Islas del Margen.... Un mundo construido a conciencia, con un estilo profuso y exhaustivo donde cualquier pequeño detalle, muchos aparentemente irrelevantes, demuestra tener su interés. El relato se desarrolla en torno a la recurrente misión o búsqueda emprendida por un grupo de heterogéneos aventureros, o más bien a las misiones, pues en la expedición que se ha de emprender varios de los participantes demuestran tener objetivos contrapuestos y nada compatibles. Un conflicto, no siempre armado y sangriento, del que surge la tensión y la fuerza de la narración llevando a la conclusión una historia capaz de cautivar y emocionar, haciendo un placer acompañar a estos personajes en su viaje vital. Una historia, como todas hasta aquí, de amistad y de entrega, de lealtad y sacrificio, de maravillas y sufrimiento, que incide en muchos aspectos de la inevitabilidad del destino y de la forma de burlarlo. Un periplo sombrío y frío que difícilmente pueda tener un final feliz.

Tom Mechatejón y compañía deben embarcarse en su periplo hacia las Islas del Margen para que el príncipe Dedicado pueda cumplir la promesa echa a la narcheska para permitirle concederle su mano. Pronto emìezan los problemas. Es un grupo de lo más diverso el que emprende la travesía con destino final en la isla de Aslevjal donde les espera la leyenda del dragón durmiente enterrado en su glaciar, Yama de Hielo, y la reticencia de los marginados a la misión emprendida. Demasiados intereses parecen encontrarse envueltos en que se corone o no su destino, demasiados secretos que entorpecen el camino, demasiados sospechas y suspicacias, demasiados malentendidos y diferencias de costumbres entre los marginados, abiertamente matriarcales, y las gentes de los Seis Ducados. Narrado, como los anteriores, desde la primera persona de Tom Mechatejón, Traspié Vatídico, el lector conoce lo que el protagonista sabe, quedando muchas cosas en sombras, y creciendo la tensión conforme se sospecha que tras la misión de ofrecer a la «novia» la cabeza del dragón se esconde mucho más, pero sin poder concretar de qué se trata, pues el propio protagonista lo desconoce. Una tensión que crece ante la profecía del bufón de que él encontrará la muerte en la isla para dar forma al futuro que ha vislumbrado. Algo que Traspíe no puede permitir y que hará todo lo posible por evitar.



La aventura se desarrolla de forma imparable, aunque le cueste entrar en faena, construyendo con mimo el escenario, las tensiones, las intrigas, y va a ir de revelación en revelación una vez que coge la marcha adecuada. El destino del mundo se encuentra en la balanza, pero no se trata tanto de ver cómo cambia el mundo en sí, sino como la búsqueda de ese cambio, sea la vertiente elegida que sea —y sí, hay como poco dos facciones con visiones antagónicas y contrapuestas—, afecta a los que se implican en la historia. De cómo sortean las dificultades, de cómo crecen y evolucionan, de cómo cambian en definitiva. Hay momentos introspectivos, momentos de reproches, enfrentamientos, alegrías y tristezas, intrigas, dudas, desafíos imposibles, decisiones impulsivas, lealtades inquebrantables, torturas y crueldades, amores más allá del romance y del sexo, y luchas desesperadas. Hay abundantes parcelas de Habilidad y de Maña, magia no falta. ¿Y dragones? Bueno, Tintaglia está ahí, sin duda.
Y cuando cualquier otro autor hubiera puesto fin a la novela y la aventura, cuando parece haberse alcanzado el clímax, Hobb empieza en las últimas doscientas o doscientas cincuenta páginas, a reunir y atar hilos que el lector ni sospechaba abiertos, cerrando el círculo con la primera trilogía de la serie, la del Vatídico, dando un satisfactorio broche a personajes secundarios que habían quedado en las sombras del desarrollo de la historia, y hermanándola muy satisfactoriamente también con la de Las leyes del mar, convirtiéndolo así en la conclusión no de una sino de tres trilogías. Algo que hace ahora todavía más recomendable —y aquí enlazo con dicho en la reseña de La misión del bufón— haberse leído con anterioridad todas las entregas previas para conocer de dónde vienen ciertas líneas que adquieren aquí su culmen. Tan sólo hay dos cosas que podrían «chirriar». Una es que se cierra un poco en falso, demasiado de pasada, un tema que aparecía tan vital como el de los picazos, pero la verdad es que se dan las explicaciones necesarias; y la otra es algo que no se puede comentar bajo el peligro de revelar detalles que no se deben conocer de antemano, pero que choca con el comportamiento que se espera de los sentimientos de alguno de los implicados —más de los ausentes que de los presentes, aunque sabiendo que quedan más novelas en perspectiva se hace más llevadero—.
La suerte del bufón presenta así un largo final, un epílogo dilatado, demorado, que va atando cabos de forma metódica, haciendo que todo encaje y lanzando guiños a los lectores que han acompañado a los protagonistas —a los que han sobrevivido— hasta aquí, lleno de reminiscencias y ecos de un pasado que va abriéndose hacia un futuro que se presenta desconocido. Un final inevitablemente emotivo, triste y agridulce como la vida misma, y que podría haber sido el perfecto cierre de toda la serie, pero que, por suerte, no lo fue. Ahora sólo falta que la autora vuelva pronto a tener presencia en nuestras librerías con la traducción de la siguiente tetralogía, cuya acción vuelve a desarrollarse principalmente en el Mitonar, y no tengamos que esperar tanto como se ha hecho esperar esta trilogía que aquí culmina. Eso sí, si no se desea destriparse a uno mismo detalles muy importantes de la presente mejor que ni se piense en buscar los títulos de todas las próximas entregas bajo riesgo de descubrir destinos que seguro que es mejor no conocer de antemano.
2 comentarios:
Friendly auto-reminder: Dani, debes leerte algo de Robin Hobb. Y es que es una de esas autoras que siempre he ido dejando pendiente, que siempre me pone los dientes largos, pero que no encontrar buenas ediciones de El Vatídico me tira para atrás. Por que soy muy metodico. O empiezo por el principio o no empiezo. Y sé que no es absolutamente necesario, pero soy incapaz. Me pasa igual con Mundodisco, por mucho que me digan que da igual el orden. Soy así. Un abrazo^^
Nota para Dani: Sí, debes leer a Robin Hobb ;-)
Mi recomendación ya la he dejado aquí arriba: empezar por El Vatídico y tira pa'lante. Lo cierto es que Hobb va puliendo detalles y mejorando a cada libro, pero lo recomendable es empezar desde el principio.
Para ello, y sin haberlas tenido en las manos, pero por los comentarios que he podido observar, las re-ediciones en DeBolsillo son bastante majas, tanto en calidad (apariencia) como en precio, además de que, al menos en la tercera de Las leyes del mar, han aprovechado para corregir alguna pequeña falta de concordancia en los términos (como el nombre de cierto barco que de forma desconcertante en ese 3º se dejó sin traducir).
En el tema de Mundodisco yo no te diré que el orden dse en absoluto igual. Son novelas independientes, pero "acumulativas", así que mi recomendación vuelve a ser empezar desde el principio y seguir hasta el final (y sí, Pratchett es un imprescindible absoluto). empieza como una cariñosa parodia y se convierte poco a poco en mucho más, en una obra con tal entidad propia que asusta comprobar todo el trasfondo que disfrazado de humor (o precisamente gracias a ello) el autor imprime en cada novela. Y creo que también están todos ya en bolsillo ;-)
Saludos
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