sábado, 8 de julio de 2017

Reseña: Sortilegio

Sortilegio.

María Zaragoza.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Minotauro. Col. Fantasía. Barcelona, 2017. 559 páginas.

Magia. Mucha magia. Brujería. Una chica «que sobrevivió». Compañeras molonas. Muchachos enigmáticos. Una residencia universitaria peculiar. Profecías y maldiciones ancestrales. Romances a varias bandas. Sentimientos a flor de piel. Feminismo y matriarcado. Un revuelto de mitología aplicada. Y el destino del mundo mágico, y de todo el mundo por ende, en juego. Todo con un envoltorio de literatura para adultos-jóvenes (Young-Adults) de nueva hornada, cómplice con su público, fiel a la diversidad, a la tolerancia o a la sexualidad; y una prosa envolvente a pesar de algunos momentos de excesiva exposición informativa. Sortilegio encierra una historia de amistad, de descubrimiento, de entrega y sacrificio, de apuesta por el perdón, de búsqueda de venganza, de crueldad, de eterna lucha no entre el Bien y el mal, sino entre la bondad y la maldad que anidan en el corazón humano. Una aventura de iniciación mágica y confrontación con mensaje.

Circe Darcal, o Ce a secas, ha vivido desde los tres años en el muy aislado, y aburrido, pueblo de Valdaya, desde el momento en que sus padres fueron asesinados y a ella la encontrarán inmóvil sobre un charco de sangre. Acogida por su abuela Encina su vida ha transcurrido monótona, aunque siempre se haya sentido un poco como el «bicho raro» del pueblo. Además está el «detalle» de que la joven al contemplar una imagen, una foto o un cuadro, puede acceder a las historias que se estaban desarrollando en el momento de ser tomadas o plasmadas. Puede «entrar» en la imagen y revivir ese momento, conocer las circunstancias históricas o la personalidad de los retratados… Ahora, al alcanzar la mayoría de edad, ha llegado el momento de dejar la tranquilidad de Valdaya y desplazarse a estudiar a la Universidad de Ochoa, la población —ficticia pero con reminiscencias a unas cuantas ciudades reales— donde fueron asesinados sus padres. Está nerviosa, por supuesto, ante el fuerte cambio que supone para su vida, pero eso no le va a impedir ir descubriendo extraños comportamientos, actitudes y sucesos a su alrededor. Los secretos van a salirle al paso, y muy posiblemente no se encuentre preparada en absoluto para lo que va a descubrir sobre ella, sobre su familia y sobre su pasado. Las sospechas y hechos insólitos se van a ir acumulando hasta que todo estalle en pleno baile de disfraces del solsticio de invierno.

Rivalidades adolescentes, enamoramientos, sueños premonitorios, amistades inquebrantables, equívocos desdichados, bailes de gala y de disfraces, lecciones mágicas, antagonistas misteriosos que permanecen hasta el final en las sombras, aceptación casi inmediata del hecho sobrenatural… Zaragoza no rehuye las características más destacables del género, sino que incluso se atreve a potenciar algunas de ellas, jugando con los clichés y trascendiendo su significado. Circe reúne unas cuantas características de la «elegida», la persona sobre la que, sin saberlo ni realmente quererlo, recae la responsabilidad, involuntaria o no, de configurar el destino. La pieza clave en movimientos seculares, perseguida por unos, protegida por otros, en el foco de todos para inclinar a su favor el fiel de la balanza, ya sea para preservar el futuro o para que se cumpla la profecía. En su ignorancia ejerce un papel de desencadenante involuntaria de eventos trascendentales que nunca podría haber imaginado. La joven irá conociendo de manera paulatina detalles de su pasado, de sus padres, de las circunstancias y avatares que han modelado su vida, incluida una enigmática profecía que parece el origen de muchos males. Conocimientos que se van entrelazando con los descubrimientos en torno a la historia del lugar y de la de la familia prominente del lugar, los Blackwell, de la Suprema, los cazadores y su milenaria lucha con las brujas, de la Luna Azul y otros organismos del mundo oculto...

En la Residencia de la Salud, una especie de singular Colegio Mayor universitario edificado sobre las ruinas de un antiguo Hospital, bombardeado por las fuerzas de la Legión Condor durante la Guerra Civil, que a su vez había sido levantado sobre los cimientos de una fortaleza de inquietante recuerdo, Circe va a compartir cuarto con la pizpireta Rebeka, una pelirroja que siempre parece vestir de verde, y por sus pasillos se va a cruzar con algunos residentes de lo más singular, desde la directora, Matilda Nubla, o el bibliotecario, Lope, hasta alguna de las internas que van a levantar sus sospechas, como cierta sweet Lolita que parece acecharla o vigilarla donde vaya, allí y en la universidad. Pronto su círculo social se irá ampliando, con amigos, conocidos y antagonistas.

A la amistad de Rebeka se unirá la de la alegre, aunque a veces preocupada, Casandra, y la de Arturo, un joven de apabullante olor a cedro por el que sentirá una atracción incompatible con el hecho de que él ya tenga novia, Patricia, una de las chicas Blackwell, una familia que viene a ser lo más parecido a la nobleza del lugar. Atracción que se verá cuestionada cuando conozca al mellizo de Patricia, Narciso, un misterioso muchacho que siempre oculta la mitad de su rostro bajo una máscara y que apenas sale de la mansión familiar. Los personajes peculiares se van sucediendo, como la directora Nubla, o Sibila, la hermana ciega de Casandra. La prestidigitadora Venezia Corvo, su maravilloso espectáculo y su pareja. La profesora Pietra Galvani y su triste historia. Julia Expósito y sus peculiares clases. Y Rosa, la amiga de infancia y juventud que ha quedado atrás, en Valdaya, que tantas lecciones puede enseñarle sin embargo...

La autora introduce el romance sin forzarlo, estableciendo un cuarteto de atracciones —y enfrentamientos— que le va a dar bastante juego dentro del relato. No hay arrebatadores «amores instantáneos»..., bueno, quizá sí, pero están justificados por la propia trama. A través de Circe el lector puede sentir el sentimiento de enajenación, de no encajar entre aquellos que la rodean, hasta que de repente las circunstancias cambian, algo hace clic, y su vida adquiere una dirección insospechada que, sin embargo, parece extrañamente adecuada. Cada cual debe encontrar su lugar en el mundo, su camarilla, incluso su amor, y sobre todo, debe sentirse a gusto consigo mismo.

Sin ningún tipo de cortapisa o rubor, la autora mezcla gran cantidad de leyendas y fuentes clásicas, mitológicas e históricas, tergiversándolas incluso a su gusto para hacerlas encajar en su tesis —¿hasta cuando la Leyenda Negra y el recurso fácil de culpar a la religión de todos los males habidos y por haber?—. Un exceso que hace que a la altura de la segunda parte del relato, Solsticio de invierno, se produzca un empacho de información que la autora introduce en el texto con algo de precipitación, de manera demasiado directa, explicitando tanto la estructura del mundo mágico, como su historia o las diferentes tipos de magia, brujerías, invocaciones en una saturación abrumadora de datos, comunicados casi todos por diálogos y exposición directa rompiendo en ocasiones el ritmo del relato. Algo que no impide que el mensaje se transmita alto y claro.

Una lucha entre el principio femenino y el principio masculino, con un cierto maniqueísmo condescendiente, y muy posiblemente inconsciente, pero también necesario hoy en día. Una reivindicación del papel de la mujer en la sociedad, de la imperiosa necesidad de igualdad de trato y de oportunidades, de la discriminación sufrida a lo largo de la historia, del oscurecimiento de sus aportaciones, del revisionismo negativo, de la indefensión, el maltrato y la violencia de género que hace que sea la víctima la que tenga que esconderse y rehacer su vida lejos de lo que siempre ha conocido… Aún en su carácter juvenil, no es una novela dogmática ni de «tesis», pero la reflexión es de lo más adecuada.

Nota aparte merece la cuidada edición de la novela, llena de esos pequeños detalles que hacen más agradable y atractivo un libro y su lectura, como las letras capitulares o las pequeñas ilustraciones de cierre de capítulo y apertura de cada «parte» que acompañan al texto, algunas de las cuales acompañan esta reseña. Todo un acierto.

Tras ir construyendo con mimo la trama, el misterio e ir dosificando las revelaciones, llega un momento en que el final se precipita, pero no de una manera forzada, hacia su conclusión. Quizá se hubiera agradecido algo más de ¿qué pasó después?, pero no se antoja imprescindible. Sortilegio, con el final tan bien atado, se revela como novela autoconclusiva e independiente que no necesita de nada más para ser disfrutado. ¿Podría haber una continuación? Por supuesto que sí, hay algún hilo que queda acertadamente en el aire, algún personaje con cuestiones no resueltas y deudas pendientes, el escenario se antoja sugerente y el Conventículo ya se ha formado… Pero, ¿se antoja necesario? No, en absoluto. la historia está muy bien como está. Sin embargo, si alguien se queda con ganas siempre puede echar mano del contenido extra en torno a la novela que se puede encontrar pinchando aquí: El significado de los nombres, curiosidades históricas o sobre objetos que aparecen en la trama, referencias a los personajes reales que se nombran, bibliografía real y fantástica, referencias cinematográficas y literarias…
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