miércoles, 11 de abril de 2007

Reseña: El arca de la redención

El arca de la redención.

Alastair Reynolds.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

La Factoría de Ideas. Col. Solaris ficción # 83. Madrid, 2006. Título original: Redemption Ark. Traducción: Aitor Solar / Isabel Rosell / Marta García. 599 páginas.

Este es tanto el tercer libro escrito por Reynolds como el tercero que nos ofrece La Factoría de este autor y a su vez el tercero de la serie de los inhibidores. Se trata, siguiendo la estela de los anteriores, de una space opera aventurera, no exenta de ciertos toques “hard” y algo de política. Junto a nuevos protagonistas, Reynolds recupera para la ocasión a algunos de los personajes que ya aparecieran en las anteriores entregas, sobre todo en Espacio Revelación, novela de la que es mucho más continuación (a pesar de que fuera la primera de la serie) que de Ciudad Abismo, aunque esta también tenga su importancia e influencia en la trama de la que nos ocupa.

La amenaza de los inhibidores reaparece con todo su peligro, pudiendo llevar a la total extinción de la humanidad como ya sucediera en el remoto pasado con el resto de las culturas inteligentes que trataron de extenderse por la galaxia. Las armas que contiene la bodega de la Nostalgia por el infinito, la nave de los ultras que ya aparecieran en Espacio Revelación y que sigue orbitando el planeta Resurgam, cobran una vital importancia, hasta el punto de provocar una cruenta carrera en pos de conseguir y asegurar su posesión de cara a la lucha que se avecina. Diferentes facciones de la dividida humanidad en guerra, tratarán de asegurarse su control, lo que provocará diversos enfrentamientos espaciales donde el autor da muestras una vez más de una prodigiosa imaginación y su buen hacer en las tareas descriptivas para hacer verosímiles los combates en el espacio. Mientras tanto los inhibidores, o los lobos, como son conocidos por la facción de los combinados, emprenden en el sistema solar de Resurgam su callada tarea genocida de titánicas proporciones, lo que llevará a plantearse la evacuación del planeta, con apenas medios y con poca cooperación por parte del gobierno o la población.

El voluminoso tamaño del libro le sirve al autor para contar muchas cosas, plantear algunas nuevas preguntas y resolver, aparentemente, el misterio de los inhibidores, explicando, de forma algo peregrina quizá, la razón que empuja a estas máquinas asesinas de culturas a realizar tal tarea a lo largo de miles de años y de toda la galaxia.

Es curioso que precisamente el libro más largo de la serie, con sus casi 600 páginas de letra muy menuda, sea el que más colgado deja su final. Si en los anteriores la trama, dejando dudas y cabos sueltos en el aire, se cerraba de forma bastante aparente, por lo menos en cuanto a lo planteado en los propios libros, en esta Arca de la redención todo queda “colgado” al terminar la última página. Los protagonistas, aunque alcanzan una serie de objetivos, sobre todo en torno a la carrera por las armas de destrucción masiva, quedan desperdigados y embarcados en diversas misiones de importancia considerable en vistas de vencer la amenaza de los inhibidores y asegurar la continuidad de la existencia de la raza humana en la galaxia. El autor deja así todo preparado para Absolution Gap, novela en la que, al parecer, se cerrará la serie y, suponemos, se desvelará el destino final de la humanidad y los inhibidores.

A pesar de que, como a mí me ha pasado, cuando uno cierra un libro de este tamaño y se pregunta si de verdad la historia se merecía tantas páginas, es que algo ha fallado (en una historia “redonda” todas las páginas son pocas), lo cierto es que con sus altibajos y todo la novela es interesante, llena de acción, misterios, amenazas galácticas y hombre y mujeres (aunque algunos apenas los reconoceríamos como humanos) ¡y cerdos! dispuestos a enfrentarse al destino con las peores cartas posibles pero resueltos siempre a salvar el día. Aventura con alto contenido tecnológico, mucha especulación, y el futuro de la humanidad en juego. No da más de lo que promete, pero a veces eso no es poco.