lunes, 17 de mayo de 2010

Reseña: El dios de la lluvia llora sobre México

El dios de la lluvia llora sobre México.

László Passuth


Reseña de: Amandil

El Aleph Editores, Col. Modernos y Clásicos. Barcelona, 2008. Título original: Esöisten Siratja Mexikót. Traducción: Judit Xantus Szarvas. 718 páginas.

De entre las diversas obras que el húngaro László Passuth ambientó en algunos de los momentos más llamativos de la historia de España, sin duda alguna con la que alcanzó una mayor cuota de calidad y maestría fue con la primera de ellas, este maravilloso El dios de la lluvia llora sobre México. Quizá esa habilidad para presentar de un modo tan nítido y cercano el mutuo descubrimiento de dos mundos que hasta ese momento ignoraban la existencia el uno del otro, el europeo cristiano y el azteca, consigue que el lector, independientemente de su nacionalidad o múltiples prejuicios (y la figura de Hernán Cortés carga con muchos de ellos, me temo) acabe por descubrirse ante una narración contundente, por momentos poética y apegada a unos personajes que se mueven entre lo épico y lo trágico.

No estamos, pues, ante una de las miles de obras que en los últimos años han inundado las estanterías de las secciones llamadas de "novela histórica" con desigual calidad y fortuna (a mi juicio calidad pésima, en líneas generales, y fortuna demasiado atada a estrategias comerciales puras y duras). A fin de cuentas este libro fue escrito en 1938 (lo que le da más mérito a la re-edición que el El Aleph ha llevado a cabo) y, desde su misma aparición, supuso el reconocimiento internacional de su autor y la clara demostración de que, ciñéndose casi escrupulosamente a las fuentes históricas (en especial las Cartas de la Conquista de México que el propio Cortés escribió entre 1519 y 1526), era posible escribir una novela que plasmase con acierto, tensión dramática y un estilo arrollador, uno de los episodios más atractivos de la Historia de la humanidad.

La obra se centra principalmente en el personaje de Hernán Cortés, un joven hidalgo de una familia menor de Extremadura que, tras pasar por la universidad de Salamanca a finales del reinado de los Reyes Católicos, decide abandonar su pueblo natal, Medellín, para tratar de hacer fortuna en las recientemente descubiertas Indias. Su sueño, persistente desde su etapa salmantina, es seguir los pasos de Julio César y Alejandro Magno y lograr que su nombre quede plasmado en la Historia por medio de una campaña heroica. Pero para ello deberá medrar en una sociedad y un mundo en el que España queda muy lejos y la corrupción, la desidia, los excesos y la envidia casi logran que en Cuba, bajo el mando del gobernador Velázquez (el primer rival y enemigo del conquistador), todo su proyecto desemboque en cárcel y vergüenza. Aún así, convencido de que es posible llegar al mítico reino que los nativos de aquellas islas siempre indican que está "en el sur", se pone al frente de una expedición que le costará su fortuna, su prestigio y su honor.

Su llegada al continente y sus primeras escaramuzas con los nativos de la ciudad de Tabasco le permitirán conocer a Malinalli, la joven y hermosa india que ganará su corazón y se convertirá en su amante, traductora y guía. Igualmente, asentado ya en la costa, Cortés fundará Veracruz y firmará una alianza con los poderosos habitantes de Tlaxcala. Desde allí, acompañado por un ejército de españoles e indios, y aprovechando sabiamente la creencia de los nativos sobre su origen divino, marchará sobre Tenochtitlán, la capital mexicana, dónde se encontrará con el otro gran personaje del libro, el emperador Moctezuma. Será entonces, en el corazón del nuevo reino, cuando se desarrolle la parte más trágica de la historia al desmoronarse los sueños del conquistador por una serie de rencillas, confusiones y malentendidos, que acabarán provocando la muerte del soberano indio y el odio salvaje de los mexicas hacia Cortés y sus hombres.

La Noche Triste, la espantosa persecución posterior y la agónica llegada a Tlaxcala marcarán el punto de inflexión en la narración, dando paso a la gran campaña militar del sitio de Tenochtitlán y el sometimiento definitivo del hermoso pero sanguinario imperio mexica junto con el asentamiento permanente de España y su miríada de funcionarios, hidalgos, religiosos y aventureros. Cerrará la narración la entrevista del emperador Carlos I con Cortés en Toledo y un último y emotivo encuentro entre Malinalli, la princesa Tecuichpo y los hijos de Cortés y el caudillo indio Flor Negra buscando redimir el odio y la guerra que hicieron desaparecer el mundo antiguo y abrieron el camino al nuevo.

Aunque la novela está plagada de personajes interesantes y necesarios, toda la narración queda supeditada en realidad a la relación que desarrollan Cortés, Malinalli y Moctezuma, en tanto que los dos hombres son los lideres de sus respectivos "bandos" y la joven india es la que tiende los puentes entre españoles y nativos desde una perspectiva femenina y entrañable.

El personaje de Hernán bebe en gran medida de la figura histórica tradicional aunque Passuth opta por alejarse en cierto modo del perfil heroico para dar paso a un hombre que considera que está cumpliendo la voluntad de Dios pero que no cae en un fanatismo cegador e irreflexivo y que ama las nuevas tierras y a las gentes que se despliegan ante él considerándolas gentes sometidas a la barbarie del paganismo y de los sacrificios humanos. Será pues su misión una búsqueda de la redención de los indios por medio de su entrada en el mundo Cristiano al mismo tiempo que se benefician de la protección y auxilio del rey don Carlos. Paradójicamente no exhibe Cortés en este libro una postura hipócrita o cínica, sino que es descrito por el autor como un humanista convencido que, sin embargo, se verá abocado a luchar el resto de su vida contra los desmanes y los excesos de la mayor parte de los españoles que no comparten su visión cuasi mística de la naturaleza redentora de la Conquista.

Se nos presenta después, de un modo tan hermoso como terrible, a la que será el segundo gran personaje de la narración y al que, por una sabia mezcla de empatía, ternura y decisión, el lector descubrirá como el auténtico puente entre los españoles y los mexicas: la joven Malinalli o Marina, traductora, amante e inspiración de Cortés. Su aparición en la historia por medio de un breve relato introductorio en el que se narra su origen, permite conocer el "punto de vista" de los indios sometidos al terrible poder del Señor Iracundo y las exigencias de sacrificios humanos que les llegan desde Tenochtitlán. Además, por medio del enamoramiento y la conversión, será la joven india la que permita al autor saltar con maestría y soltura desde un mundo al otro, sin juzgar ni pretender denigrar a unos y otros.

Por último, se despliega ante el lector el punto de vista de Moctezuma, atrapado entre las tradiciones de su pueblo, en las que la figura del Emperador es eje central para la estabilidad de un sistema tan sangriento como efectivo, y las revelaciones espirituales y religiosas que le indicarán que los españoles y Cortés son los enviados del dios Quetzatcoalt y que debe someterse a ellos. Es la figura del Señor Iracundo la más trágica de toda la novela puesto que navega entre a los odios y temores que despiertan los recién llegados entre sus gentes y sus creencias más íntimas que le indican que debe unirse a aquellos hombres blancos y aceptar al "rey Carlos" como único y legítimo soberano.

Con estos tres personajes y siguiendo los acontecimientos históricos tal y como indican las crónicas, Passuth se adentra en los inevitables contrastes que se dan entre las tradiciones, las creencias, los valores y los pensamientos de ambos pueblos, descubriendo al lector de un modo sencillo y hermoso los secretos de la cultura india y las causas finales de su derrota y asimilación ante el empuje de Cortés y su visión.

Es esta, en definitiva, una obra imprescindible en el género de la novela histórica tanto por su excelente calidad literaria como por lo bien que trata y describe unos hechos que han marcado el devenir de los últimos quinientos años de Historia del mundo. Cabría pedir a los editores de El Aleph que, en posteriores ediciones, revisen en profundidad el texto ya que existe un elevado número de erratas fácilmente subsanables (repetición de preposiciones, falta de palabras que complican la comprensión de la lectura, etc.) que si bien no impiden disfrutar del libro si que, en ocasiones, llegan a romper la atmósfera que emana de algunos de los momentos más hermosos de la novela.