domingo, 2 de enero de 2011

Reseña: La era de Drácula

La era de Drácula.

Kim Newman.

Reseña de: Alb Oliver.

Alamut. Serie Fantástica. Madrid, 2010. Título original: Anno Dracula. Traducción: Jaume de Marcos Andreu. 319 páginas.

Anteriormente publicado en España por Timun Mas bajo el título de El año de Drácula, creo que la palabra que mejor lo define es curiosidad. Kim Newman tiende a crear historias de ¿y si…? y esta vez nos presenta una continuación alternativa a la novela Drácula de Bram Stoker.

La era de Drácula, nos relata un futuro hipotético a la historia original cambiando el hecho de que el famoso Conde rumano hubiese sido derrotado por el grupo del profesor Van Helsing, y nos revela los planes que tenía para Gran Bretaña.

Con Van Helsing derrotado (y su cabeza expuesta en una pica como demostración de poder), Drácula se convierte en príncipe consorte de la reina Victoria y se nombra Lord Protector (título que se da en Inglaterra y otorga por así decirlo el control del estado, ejemplo de ello Oliver Cromwell), instaurando su propia sociedad en la que los vampiros salen a la luz pública.

Lógicamente esto crea una nueva situación, en la que se empiezan a diferenciar castas vampíricas (diferenciadas en casi todos los casos por ser ancianos o neonatos) y algún enfrentamiento entre detractores de los vampiros y los propios descendientes de Drácula.

En cierto modo, la sociedad sufre una regresión, a pesar de que en la historia real comienza a haber adelantos, la del libro nos muestra cómo se va regresando a una institución medieval, mostrando una crueldad desmesurada con los enemigos de Drácula, casi siempre ejecutada por su guardia, traída de los Cárpatos.

Esto lleva a lo que sorprendentemente para mí se convierte en la trama principal. Varias vampiras prostitutas aparecen asesinadas en Whitechapel, por obra de un asesino al que se bautiza como “Cuchillo de plata” para más tarde y basándose en los hechos reales sobre las notas mandadas a Scotland Yard, revelarse como Jack el destripador.

Muchos de los personajes que aparecen a lo largo de la novela son fácilmente reconocibles dentro de la novela de Bram Stoker, como puedan ser Mina Murray o Jonathan Harker, pero a su vez les sigue un elenco de otros personajes clásicos de la época victoriana, ya sean reales o ficticios, como los inspectores Lestrade y Abberline, Mycroft Holmes, cierto famoso asesino oriental que tenía su residencia en Limehouse, y otros tantos sobre los que cualquier lector puede tener conocimiento.

Esto hace que el Club Diógenes, una sociedad secreta al servicio de la corona (creada por Arthur Conan Doyle en las novelas de Sherlock Holmes), mande a investigar a Charles Beauregard, joven viudo y encargado de misiones sobre el terreno del club. Junto a él, tenemos a Geneviève Dieudonné, una vampira de más de 400 años con la apariencia de una doncella de dieciséis, que pertenece a un linaje distinto al de Drácula.

A lo largo del libro, se teoriza sobre aspectos médicos, como la posibilidad de que haya distintos tipos de sangre, o que algunos neonatos muestren deformidades (cosa por la que se interesan varios doctores famosos, como Jeckill o Moreau). Principalmente el libro nos presenta una historia detectivesca, pero como suele pasar en las novelas basadas en Jack el destripador, no aporta ninguna innovación, sino que los personajes se limitan a seguir pequeñas pistas tras cada crimen, sin apenas levantar teorías sobre el caso.

Al ir leyendo el libro, descubrí algunas similitudes con From Hell de Alan Moore, (incluso se nombra al doctor William Gull, para luego descubrir que en los agradecimientos consultó varias obras que también reseñaba Moore, así como utiliza personajes de la época victoriana, que también aparecen en La Liga de los Caballeros Extraordinarios.

Es una lectura que recomendaría a gente habituada a novelas ambientadas en la época, simplemente por las numerosas referencias con las que seguramente disfrutarán. La narración en sí, tiene partes bastante cuidadas, como las descripciones de la sensación que produce el vampirismo en algunos personajes o los dilemas a los que se enfrentan, también cuidando las normas de etiqueta de la época.

¿Cuál fue mi mayor sorpresa? Que el príncipe consorte no aparece hasta el último capítulo del libro, a pesar de haber sido nombrado continuamente a lo largo de la historia. Para los que puedan pensar que es predecible, solo voy a decir que no nos encontramos con un enfrentamiento mortal entre Drácula y un grupo de opositores, aunque tal vez tampoco veamos una victoria por parte de Vlad el empalador