viernes, 23 de noviembre de 2012

Reseña: Victorioso

Victorioso.
La flota perdida 6.

Jack Campbell.

La Factoría. Col. Ventana abierta # 49. Título original: Victorious. Traducción: Raúl García Campos. 319 páginas.

El cierre del círculo. Y si no se han leído las anteriores entregas, es muy posible que la lectura de esta reseña pueda desvelar algunos acontecimientos previos, sobre todo porque el camino ha sido largo y los hechos que se van a relatar en la presente novela son consecuencia directa de muchas cosas que se han ido narrando previamente. Tras ser rescatado de cien años de criogenización, John «Black Jack» Geary, y tener que asumir el mando en un momento crítico de la mermada flota de la Alianza en pleno corazón del sistema capital de los Mundos Síndicos, su forzado «repliegue» hacia territorio amigo, sembrando el caos allá por donde pasan, ha dado sus frutos. Contra todo esperanza, las nuevas / antiguas formas de encarar la guerra de Geary ha conseguido sorprender a los síndicos y hacer avanzar a la flota más allá de lo que cualquiera hubiera podido imaginar. Llegado a un punto en que la serie amenazaba con alargarse en demasía, el final de la anterior abría en realidad un nuevo escenario que hace de la presente entrega una novela mucho más satisfactoria de lo que podría aventurarse.

Después de la larga huida hacia adelante, Geary ha conseguido devolver a una buena parte de la flota al espacio de la Alianza, ha habido muchos combates, muchas traiciones, muchas dificultades, muchas bajas, muchas pérdidas, pero ahora toca descubrir que ahí no han terminado sus problemas ni sus retos. Queda mucho trabajo por hacer y un objetivo vital que cumplir para poder vivir en paz. Ante el recelo de los políticos a los que el capitán debe dar cuentas, el logro de su misión no va a traer el descanso, sino nuevos quebraderos de cabeza. Los mundos síndicos, muy debilitados, no están derrotados ni rendidos; y descollando en el futuro se intuye la gran amenaza que representa la misteriosa raza alienígena que tantas trampas ha intentado poner en su camino. Antes o después, deberán hacerle frente y descubrir cuáles son sus intenciones, aún a riesgo de embarcarse en una nueva guerra sin haber puesto final a las hostilidades con los síndicos..

De alguna manera se podría argumentar que esta sexta entrega de la saga es un poco «más de lo mismo», pero en este caso habría que despojar a tal afirmación de significado peyorativo. Es cierto que no ofrece temas que no estuvieran ya presentes en lo anterior, y todo lo que había allí vuelve a estar aquí: la entretenida space opera militar —no militarista—, rápida de leer y digerir, amena, dinámica y ligera; ciencia ficción de aventuras, sin apenas especulación científica, pero que sigue incluyendo los demorados, aunque emocionantes —tan solo sea por la tensión generada—, combates espaciales que intentan reflejar las limitaciones de las leyes físicas y de la relatividad sobre las naves y los armamentos, con un segundo de acción directa precedida de horas de tenso acercamiento. Las tácticas bélicas que obligan a anticipar las intenciones del enemigo. La crítica social. El repudio de las maniobras y subterfugios de ciertos estamentos gobernantes, anquilosados en su preocupación de mantener su estatus antes de mejorar la calidad de vida de los ciudadanos a su cuidado; la recíproca desconfianza entre políticos y militares, enfrentados en la visión de cómo asegurar sus prebendas y privilegios, sin ceder un ápice de su poder. La tácita condena de la guerra; el choque entre la ética de Geary, atado a conceptos como el honor o el respeto por el enemigo vencido, y la que se ha venido desarrollando a lo largo de cien años de deshumanizadores combates...

Y también los personajes unidimensionales, poco desarrollados fuera del trío Geary - Desjany - Rione; personajes secundarios que sirven para dar el contrapunto o la réplica, aparecer en las conferencias de la flota y apoyar a su capitán o conspirar contra él, sin profundizar realmente en las causas de las actuaciones de unos y otros, sirviéndo más para caracterizar al propio Geary a través de sus diferentes formas de mirarlo —Duellos, Badaya, Tulev...—  que para tener auténtica profundidad en sí mismos —y eso los «mandos», que la tropa es que ni se encuentra reflejada en forma alguna—. El sentimiento de pérdida tanto familiar como de referentes, el horror de un conflicto tan dilatado en el tiempo que los inmersos en él no conocen otra cosa ni saben desenvolverse en otro escenario que no implique el combate...

Y no es nada que no se pudiera esperar e incluso que no se le pidiese a la misma. Esta es una novela, una serie de hecho, de acción y aventuras, épica incluso, para leer con fruición, entretenimiento y diversión, sin dobleces, que, sin buscar demasiada introspección, invita sin embargo a la reflexión sobre temas tan importantes como la lealtad, el honor, el respeto, el amor a la familia, el buen gobierno, la amistad, la compasión...

Mostrando presentes entonces las mismas  virtudes y problemas que sus novelas anteriores, lo cierto es que Campbell intenta imprimir nuevos giros, hacia detalles que ya habían venido desarrollándose de fondo como la presencia de los alienígenas, de sus intenciones y motivaciones, o como la relación sentimental del propio Geary con su capitana Tanya Desjani, una atracción que los reglamentos militares prohíben y el honor de los implicados convierte en imposible si las circunstancias de ambos no cambian radicalmente.

Aunque quizá se antoje que el ritmo de esta entrega en particular es algo acelerado, pues pasan casi tantas cosas como en las cinco anteriores juntas —aunque también se podría argumentar que un par de los volúmenes anteriores se podrían haber condensado en uno solo sin causar problemas—, lo cierto es que se trata del colofón ideal a la historia, sin intentar alargar esta trama en particular innecesariamente y llevándola a un cierre que no decepciona a pesar de lo previsible del mismo —o quizá precisamente por eso mismo—, que no engaña, y que resulta emocionante y emotivo a un tiempo. Es cierto que las maniobras, los combates, el recuento de bajas o de daños parece demasiado concentrado, pero ¿no hemos tenido bastante de ello ya con anterioridad? Al menos yo agradezco que Campbell no se demore de nuevo en temas ya muy visitados y vaya directo al grano, centrándose en lo importante y haciendo que la resolución de la acción sea rauda y satisfactoria —a la vez que plantea de forma muy efectiva el nuevo escenario que se abre ante los protagonistas—.

Resulta obvio que para sacarle todo el «jugo» a la lectura debe llegarse a Victorioso pasando por todas las etapas —novelas— anteriores, ya que no se trata de un relato independiente, sino de una porción de una historia mucho mayor. Desde luego, este no es el fin del camino, sino el prefacio de una nueva serie, The Lost Fleet: Beyond the Frontier, que ya lleva dos novelas publicadas en inglés con una tercera en camino para 2013, a la que se une una saga paralela a la misma, Lost Stars, que se ha iniciado este año con Tarnished Knight narrando hechos posteriores desde la óptica de los ciudadanos de los mundos síndicos. Queda aventura para rato.

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