miércoles, 5 de mayo de 2010

Reseña: Intrépido

Intrépido.
La flota perdida 1.

Jack Campbell.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

La Factoría. Col. Ventana abierta # 31. Madrid, 2009. Título original: Dauntless. Traducción: Roberto Gelado Marcos. 320 páginas.

Jack Campbell es un seudónimo utilizado por el autor de space opera militarista John G. Hemry, quien con su auténtico nombre ya había publicado varias series de ciencia ficción bélica; antes de dedicarse a la escritura, fue oficial de la marina norteamericana y su padre también perteneció a las Fuerzas Armadas estadounidenses. Con tales antecedentes es normal que en la mayoría de sus series saque a pasear su vena marcial y sus conocimientos de la vida militar para situar la acción. En Intrépido, el lector, lanzado casi sin introducción a la vorágine del combate, se va a encontrar con un hombre que debe luchar por hacerse tan grande como lo ha hecho su propia leyenda a pesar de saber que la misma se basa en premisas equivocadas o no totalmente ciertas.

El capitán John “Black Jack” Geary, después de permanecer alrededor de un siglo a la deriva en una cápsula criogénica de salvamento tras una gran batalla espacial, es recogido por una flota de la Alianza que se encuentra en precaria situación tras ser emboscada. Dado por muerto durante todo ese tiempo, el revivido Geary pronto descubrirá, muy a su pesar, que se ha convertido en un héroe de guerra para las generaciones posteriores por sus hazañas y decisiones legendarias en el campo de batalla, aunque él sabe que la historia que le ha llevado a esa posición no es exactamente tal y como se ha trasmitido. Cuando inesperadamente el mando de toda la flota recaiga en sus manos, deberá luchar para salvar al mayor número de subordinados que le sea posible, enfrentándose a los prejuicios, admiración desmedida, malentendidos y cambios en la disciplina que se han producido en esos cien años, al tiempo que debe adaptarse él mismo a su nueva situación: vivir en un mundo en el que debería estar muerto, en el que es más joven que sus nietos, donde todos sus amigos y todo lo que conocía han desaparecido, y donde el sentimiento de honor, justicia y disciplina se han relajado de manera alarmante para conformar una nueva idea donde lo importante es no dar tregua al enemigo mediante el sacrificio personal.

De esta manera empieza el largo camino de retorno a casa de la flota, aislados de los mundos de la Alianza por una emboscada en el espacio profundo, siempre perseguidos por el enemigo, ―los síndicos―, jugando al gato y al ratón tratando de adivinar las rutas y saltos que les permitirán escapar de la encerrona. Geary debe poner a punto una armada que ya no está acostumbrada a su forma de hacer las cosas, al tiempo que debe ganarse el respeto de gran parte de sus subordinados que ven con recelo el ascenso del «héroe» venido del pasado, cuestionando alguno de ellos su derecho a ostentar el mando en las circunstancias actuales. Todo ello implica un buen número de maniobras políticas añadida a las acciones militares.

El autor intenta dar verosimilitud a las batallas espaciales, creando a su vez una tensión y emoción realmente atractivas mediante precisas y satisfactorias explicaciones de las tácticas empleadas, de los golpes causados y recibidos, de las bajas, de las acciones evasivas, de las predicciones de rutas y de las razones para hacer las cosas tal y como se supone se harían en una nave espacial sujeta a la física relativista. Y es que la física real toma parte en las variables de las batallas ―aunque el autor eche mano de los socorridos agujeros de gusano o puntos de salto para justificar el viaje entre sistemas estelares lejanos mediante la llamada hipernet―, la relatividad, la velocidad de la luz, lo incierto de dónde se encuentra situados los objetivos cuando su señal tarda en viajar por el espacio y cuando se recibe la nave en cuestión ya ha podido cambiar su vector de dirección.

Lo cierto que el trasfondo general de la historia, todo el enfrentamiento entre la Alianza y los síndicos queda quizá algo cojo, poco desarrollado, visto que está tratado desde la distancia de la flota aislada y de los cien años de sueño criogénico del protagonista. Al ser una primera novela y tener que explicar la situación general de una contienda que dura ya décadas, se antoja que el autor pasa algo rápido sobre sus orígenes y motivos, sobre las sociedades que hay detrás de cada uno de los dos bandos ―que se presentan un tanto desdibujadas o inconsistentes―, aunque aún así se demora en ocasiones en exceso haciendo a los personajes discutir la política interna de la propia flota, un juego de poderes ―a veces soterrado a veces a plena vista― que se va a interponer en el mando de Geary dando coherencia y profundidad a las reacciones de los protagonistas.

En Intrépido el autor ofrece a su vez una reflexión sobre las leyendas, sobre el culto al héroe, sobre cómo el paso del tiempo puede ir modificando lo que realmente ocurrió en un determinado momento pasado acomodándolo a lo que las nuevas generaciones desean escuchar para sentirse respaldados por la Historia y justificados así en sus actos. Geary se descubre consternado y agobiado al descubrir la exagerada imagen que sobre él se ha creado, como se ha convertido en el ideal del valor y la entrega al que las nuevas generaciones de combatientes deben aspirar a alcanzar, una imagen de la que es casi imposible mantenerse a la altura y que no coincide con la realidad. La leyenda en este caso se usa como estímulo para el ardor guerrero, para la exaltación de los valores propios frente a los del enemigo, encontrándose el protagonista con una reputación a la que no puede hacer frente sin defraudar a gran número de personas. Y si no está a la altura de las expectativas eso podría significar el desmembramiento de la flota y la muerte de la gran mayoría de las tripulaciones de sus naves. Debe enfrentarse así tanto a la desmesurada admiración de algunos de sus subalternos como al escepticismo burlón de una buena parte de sus oficiales, intentando por el camino que la flota trabaje como una unidad y no como un montón de desperdigadas unidades individuales que buscan su propia gloria dejando a los rezagados en la estacada. Y la tarea no es sencilla en absoluto. Geary es un hombre que, ante todo, siempre cumple su deber y hará todo lo necesario, dentro de un rígido código de conducta, por terminar la misión que ha heredado sin desearlo y de la que depende en buena manera la victoria y el final de la guerra.

Pero tampoco hay que engañarse, Intrépido es pura aventura; como en toda buena space opera militarista la acción comienza casi de inmediato, mientras el protagonista aún se siente confuso con su nueva situación, y a partir de ahí el ritmo no va a decaer, aunque la tensión dramática tarde algo más en comenzar dado que el lector, al no estar emocionalmente implicado en la suerte de unos personajes que todavía no conoce, no se siente partícipe de los sucesos como sí lo hará en batallas posteriores preocupándose por la suerte que corran unos y otros. Conforme avanza el libro la tensión y el drama se van acentuando, cuando realmente se siente que la acción y la flota están yendo hacia algún sitio, tomando de alguna forma la iniciativa, en vez de simplemente defenderse de una emboscada, jugando un retorcido juego del escondite con los síndicos al tiempo que Geary intenta contrarreloj reeducar a la flota ―dada la aparente indisciplina de la mayoría de sus naves― en una serie de maniobras conjuntas olvidadas desde hace tiempo que pueden significar el éxito y por tanto el mantenimiento de sus vidas de realizarse correctamente o el fracaso más estrepitoso y la muerte de todos ellos si cada uno actúa por su cuenta. Para un lector con los parámetros de hoy día es un poco difícil de aceptar el absurdo nivel de desidia y el deterioro de la disciplina en que ha caído la Flota, el que cada cual prefiera hacer la guerra por su cuenta en vez de tomar en consideración las tácticas coordinadas mucho más efectivas y con menos bajas, pero las explicaciones de Campbell, justificando la inexperiencia de las tripulaciones y de los mandos, la idea de una religión vinculada al culto a los antepasados, el desgaste de la moral, las largas distancias con los planetas maternos, el odio acumulado al enemigo... sirven de contrapeso para que la trama no chirríe en exceso.

Se permite entonces el autor mostrar los horrores de la deshumanización que produce un largo periodo de guerra, la pérdida de honor cuando las vidas del enemigo dejan de tener ninguna importancia, cuando las reglas de la guerra son dejadas de lado y las convenciones más elementales son pisoteadas sin compasión, cuando los soldados se convierten en una parte más de la máquina bélica, sin alma, sin más sentimientos que el odio, la aversión y el deseo de aniquilar a cualquier precio al adversario. El lector es capaz de sentir el horror del propio Geary al descubrir que las gentes de la Alianza se han convertido en alguien tan malvado y sin escrúpulos como achacan ser a los Síndicos, desechando la moral por el cansancio que produce una campaña que dura ya décadas y décadas.

Conforme avanza la trama, conforme vamos conociendo sus fallos, sus dudas, la presión con la que viven, las decisiones a que se ven abocados, y los personajes van haciéndose más humanos, van despertando más simpatías e interés en el lector, implicándolo emocionalmente en la narración y deseando que encuentren de alguna manera, aunque sea casi milagrosa, el difícil camino de regreso a casa ―cosa que no será en este volumen, por cierto―. La acción no está exenta de ciertos requiebros traídos un tanto por los pelos, de situaciones desesperadas que requieren una salvación in extremis, pero eso forma parte de la creación de la tensión y el ambiente necesarios para que el lector quede atrapado en la red y esté deseando continuar la lectura.

Pierde sin embargo el autor una gran ocasión de mantener una importante cuota de misterio al desvelar un secreto esbozado que apunta a una tercera parte implicada en el conflicto mostrando demasiado pronto sus cartas. Si lo que quería era sorprender, quizá no debiera haber dado tantas pistas inequívocas y no mostrar la evidente solución todavía. Pero, desde luego, es algo que supongo que puede dar mucho más juego en las posteriores entregas. Intrépido es, desde luego, una ciencia ficción recomendable para el público que disfruta con la acción y las batallas espaciales, con la space opera más militarista con todas sus virtudes y supuestos defectos; sin duda, se encuentra a la altura de las novelas de la Honor Harrington de Weber o del Seafort de Feintuch. Aventuras entretenidas y bien narradas, con un rico trasfondo más intuido que descrito, y las explosiones garantizadas. No es poco.

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Reseña de otras obras del autor:


Impávido. La flota perdida 2.