lunes, 16 de marzo de 2015

Reseña: Un gran descubrimiento

Un gran descubrimiento.
Doce cuentos japoneses.

Varios autores.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Quaterni. Madrid, 2015. Traducción: Isami Romero Hoshino / JuanAntonio Yáñez / Juan Luis Perelló. 232 páginas.

La editorial Quaterni presenta en una bella edición, cuidada desde la preciosa portada hasta unas ajustadas traducciones directas del japonés, un volumen con doce cuentos de ocho autores japoneses publicados en la primera mitad del siglo XX, dando cuenta de una gran variedad de temáticas y géneros, aunque primando en casi todos un mensaje moral intrínseco al relato. Se trata de historias que quieren mostrar de alguna manera facetas de la cultura oriental tanto desde una postura ejemplarizante como, sobre todo, crítica, dando cuenta de ciertas actuaciones, asumidas por cualquier habitante del país del sol naciente de la época y chocantes para el lector occidental, que no por habituales debían de ser dadas por norma, llegando algunos de ellos incluso a resultar escandalosos para la mentalidad japonesa del momento. Relatos que tanto cuestionaban las diferencias entre oriente y occidente como la idealización del pasado y las costumbres tradicionales del propio Japón, que de alguna manera colocaban un espejo ante los lectores japoneses llevándoles a preguntarse por unas actuaciones y unos valores generalmente asumidos y difundidos como ideales pero que desde la óptica del momento en que se escribieron ya no lo parecían tanto a pesar de seguir gozando de gran predicamento.

Antes que los cuentos en sí, la edición presenta un ilustrativo Prólogo, presentando a los autores que componen la antología, y una Notas de traducción que «justifican» el trabajo —magnífico se diría— realizado y la razón de algunas decisiones tomadas, como en tono «arcaico» o el mantenimiento de ciertos términos en su japonés original. Siempre es de agradecer este tipo de material de apoyo en obras como esta.

Abre propiamente el volumen Sōseki Natsume con Diario de un hombre en bicicleta. En el otoño de 1902, un joven japonés residente en Inglaterra relata sus infructuosos intentos de aprender a montar en bicicleta, derivando en una divertida crítica social a través de un acto tan sencillo y habitual en la sociedad británica de la época y que, no obstante, se le atraganta al autor y narrador del diario. Resalta la simpleza y cotidianidad de la prosa, haciendo que resulte muy cercana al lector.

A continuación El gran descubrimiento, de Ōgai Mori es una nueva, irónica y divertida muestra del «supuesto» choque cultural entre oriente y occidente, tanto en la forma de enfrentar las diferencias lingüísticas como las de sus costumbres. Una historia de mocos —literalmente— en que el narrador describe su periplo por Europa, enviado por su empresa, y su casi maniática búsqueda del que habría de ser su gran descubrimiento a través de las diferencias de costumbres, que separan las culturas, pero que a la postre terminan por manifestar una cercanía mayor de la que podría esperarse.

Le sigue La historia de una anciana geisha, en la que Kanoko Okamoto hace una remembranza de algunos de los recuerdos de una anciana geisha ya retirada, centrándose poco a poco en las vivencias de su joven protegido Yuki y de su hija adoptiva Michiko. La única autora de la antología muestra una especial sensibilidad, dotando a su relato de un toque triste y nostálgico, que no evita la crítica a ciertas costumbres tradicionales japonesas y a la forma de entender el mundo y las relaciones de sus compatriotas. Okamoto da cuenta de un mundo que estaba cambiando, introduciendo la electricidad en las casas y creando ciertos inventos relacionados que «traicionaban» el inmovilismo de la sociedad. Ciertamente resulta de gran interés.

Casi de corte occidental, pero con amplias raíces orientales, Magia, de Ryūnosuke Akutagawa, presenta a un reputado mago representante de una magia nueva y fascinante, proveniente de la India. Una magia que se encuentra al alcance de cualquier individuo que sea capaz de renunciar a utilizarla por ambición. Irónico y entretenido muestra un lado «racional» de la magia, que quizá no sea sino mero mesmerismo.

Con un radical cambio respecto a todo lo anterior El robot y el peso de la cama, de Sanjūgo Naoki, es un estupendo cuento sobre un hombre que en el lecho de muerte le regala a su esposa un robot de aspecto humano y plenamente «funcional» para que la complazca cuando él ya se haya ido. Sólo existe una condición y es muy sencilla de respetar. A través de un cuento ciertamente impresionante por la época en que fue escrito, Naoki plantea interesantes cuestiones sobre la naturaleza humana, del peligro de los adelantos científicos y del riesgo de burlarse del amor. Divertido y brillante.

Dotada de un tono triste y oscuro, casi rabioso, Una carta de protesta, de Kan Kikuchin, es precisamente la carta que un hombre escribe al Ministro de Justicia para exponerle su trágica historia, de cómo su hermana y el marido de ésta fueron cruelmente asesinados durante un robo e, incapaz de asumir el sentido de su pérdida, pasa a mostrarle su indignación ante el destino del asesino. Se trata de una curiosa manera de reflejar el choque de culturas entre las creencias propias del país y otras «importadas» como un, erróneamente interpretado, uso del cristianismo. Se podría estar un buen rato discutiendo sobre la idea, equivocada, que el autor tiene del Cielo y el Infierno cristianos, que parece la de quien ha oído campanas pero no sabe de donde suenan, pero no es ese el tema más importante en el relato, sino el de la imperiosa necesidad de venganza y retribución para poder pasar página, las verdaderas consecuencias de un crimen de semejante cariz, la imposibilidad de superar una gran pérdida o el sentido del arrepentimiento para la obtención del perdón. Reflexiones de calado sin duda.

En La luna sobre la montaña, de Atsushi Nakajima, un erudito insatisfecho con su vida y con la escasa recompensa que alcanzan sus dones literarios, desaparece sin dejar rastro. Un tiempo después un amigo lo «encontrará», pero mucho ha cambiado. El lector se encuentra ante una fábula moralizante sobre el buen uso del talento, el desperdiciar las oportunidades o sobre esa «bestia» interior que lleva a tomar decisiones equivocadas. Precioso y profundo.

El hombre toro, de Atsushi Nakajima, es otra historia de corte feudal japonés con la irónica y dura historia de un hombre que acoge bajo su ala, como un fiel sirviente, al hijo que ni siquiera sabía haber tenido, fruto de un breve escarceo amoroso en una noche de huida. Una historia de amor y rencor, de maldad y crueldad que oculta poca moraleja, pero mucho mensaje.

A continuación Sushi, de Kanoko Okamoto, presenta una historia de corte costumbrista que gira en torno al Fukuzushi, un restaurante de sushi, de sus clientes y propietarios, y en especial de la historia de Minato, un distinguido y algo mayor caballero, uno de los «habituales» en el restaurante que narrará a Tomoyo, la hija del dueño del lugar, una conmovedora historia sobre un chico al que el sushi le cambió la vida. Al lector al que ya le guste este tipo de comida le abrirá el apetito y al que no lo haya probado le dejará con ganas de hacerlo. En todo caso, su lectura da hambre, y viene acompañada al final de una tabla con los diferentes tipos de pescados, con sus nombres en español y en japonés, con los que es factible preparar este tipo de platos.

Jirokichi, el Ratón Rapaz, de Ryūnosuke Akutagawa es un relato sobre el famoso ladrón llamado Ratón Rapaz que esconde toda una lección, no demasiado moral, detrás de sus palabras. Narrado con ironía, el cuento se convierte en una advertencia contra querer simular ser lo que no se es y el riesgo de asumir posiciones que no corresponden, reflejando un supuesto episodio adjudicado a uno de los ladrones más peculiares del periodo Edo.

Basada en leyendas antiguas y en un poema de Schiller, ¡Corre, Melos!, de Osamu Dazai, es el único relato del volumen cuya acción se sitúa fuera de Japón, en Siracusa en concreto, y versa sobre un rey que ha perdido toda la confianza en los seres humanos, castigándoles con arbitraria severidad, y de un pastor que quiere remediar la injusticia y mostrarle el valor de la palabra dada, de la auténtica amistad y de la bondad que reside en su interior. Tan intenso como breve, refleja a la perfección el debate interno de Melos, y encierra una profundidad moral y ética muy a tener en cuenta.

Y cierra el volumen El fin de Uemon Miura, de Kan Kikuchi, donde un joven samurai, con un gran amor por la vida, se ve enfrentado a la toma de ciertas decisiones que «chocan» con los ideales de honor y sacrificio de la época, pues entonces no era lo habitual el apego a seguir viviendo, sino la renuncia a la vida como algo asumido. El autor plantea la percepción de cómo a lo largo del tiempo los códigos de valores pueden ir cambiando y lo que antaño se daba como ideal ahora puede estar no solo desfasado sino incluso visto como algo un tanto negativo.

Un gran descubrimiento, a través de estos doce cuentos, se convierte en una amplia muestra de la variedad crítica, temática y estilística de las letras japonesas de principios del siglo XX, con historias que abarcan desde el costumbrismo a la proto ciencia ficción pasando por la fábula moral, el thriller o la aventura, y que sirven para documentar un cambio de mentalidad en algunos de los autores de la época respecto a sus predecesores de no muchos años atrás. Interesante, esclarecedor, educativo e ilustrativo.

2 comentarios:

Verónica Gómez dijo...

Buena reseña. Has hecho que sienta curiosidad por este libro. Aun no he leido nada de la cultura japonesa, así que quizás me anime. Me quedo por aquí. Un besito

Santiago dijo...

Muchas gracias por pasarte por aquí y por el comentario.

Me alegro de que la reseña te haya motivado para leer algo de literatura japonesa. Al principio puede resultar algo chocante, con una forma de narrar algo distinta a lo que estamos acostumbrados por aquí, peros seguro que merece la pena el ampliar horizontes.

¡Siéntete aquí como en tu casa! ;-)

Saludos
Santi