Nacidos de la Bruma (Mistborn) - II.
Brandon Sanderson.
Reseña de: Santiago Gª Soláns.
Ediciones B. Col. Nova. Barcelona, 2016. Título original: The Well of Ascension: Book Two of Mistborn . Traducción: Rafael Marín Trechera [con revisión de Manuel de los Reyes]. 800 páginas.
Esta reseña fue publicada en Sagacomic el 24 de junio de 2009 con ocasión de la primera edición en España de la novela y, con algunos cambios mínimos, volvemos a traerla a portada ahora, aprovechando la recuperación de la trilogía por parte de Nova, con nuevas portadas y con la revisión de la traducción original a cargo de Manuel de los Reyes para unificar ciertos términos y situar la obra en mejor contexto dentro del Cosmere bajo la coordinación de Marina Vidal y Dídac de Prades. El Pozo de la Ascensión, volumen segundo de la trilogía Nacidos de la Bruma, bebe directamente de los sucesos acaecidos en El Imperio Final, así que si el lector todavía no ha disfrutado de esa primera entrega le sería muy recomendable no seguir leyendo estas líneas ya que sin duda es imposible hablar del que nos ocupa sin desvelar importantísimos detalles que destripan parte del argumento y las sorpresas de aquel. Advertido queda quien continúe adelante.
Ha pasado un año desde los acontecimientos que llevaron al derrocamiento del Lord Legislador y Elend Venture, con el apoyo de Vin y el resto de la Banda de Kelsier, se ha convertido en rey de la ciudad de Luthadel y ha empezado a aplicar sus peculiares ideas sobre el ejercicio del poder —igualdad y justicia para todos los súbditos— sacadas de sus muchas lecturas. Pero las cosas no son en absoluto sencillas. La guerra ha estallado por todos los territorios del Imperio Final, dos ejércitos se apresuran a sitiar Luthadel buscando el ansiado atium del antiguo tirano, los nobles complotan para poder mantener su particular parcela de poder, los antiguos esclavos skaa comienzan a cuestionarse su estatus y en remotas partes del extinto Imperio las nieblas no terminan de desaparecer al terminar la noche y, lo más terrible, aparentemente han empezado a matar personas. En este oscuro contexto, Elend y Vin mantienen una extraña relación sentimental, donde ambos, cada uno a su manera, llenos de dudas se cuestionan los sentimientos del otro y los suyos propios; y el ferruquimista Sazed hará un sorprendente descubrimiento que podría cambiar todo lo que piensan saber sobre el Lord Legislador, lo sucedido en el Pozo de la Ascensión hace ya 1000 años y la identidad y el sentido de la profecía del llamado Héroe de las Eras.
El Pozo de la Ascensión comienza de forma lenta, morosamente lenta, dando mucha predominancia a las cuestiones y discusiones políticas, al romance entre Vin y Elend, y a la investigaciones de Sazed —que por muy interesantes no dejan de ser un personaje rebuscando entre viejos legajos—. Las incursiones de vigilancia nocturna de Vin por los tejados y callejones de Luthadel animan y dan vida a la narración, aunque los enfrentamientos alománticos pueden dar una sensación de algo ya conocido, por muy espectaculares que los describa el autor, después de los de la anterior entrega. Además, el gran protagonismo adquirido por Elend, en detrimento de otros secundarios de la Banda que apenas tienen importancia en este volumen, tampoco ayuda en los primeros compases, dada la alarmante falta de carisma del personaje, sobre todo cuando se le compara con el papel jugado anteriormente por Kelsier, de quien aparentemente ha heredado el liderazgo de sus seguidores y su gente. La narración avanza despacio, no exenta de interés en absoluto, pero se hubiera agradecido algo más de emoción y tensión. Aprovecha Sanderson este inicio para explorar los papeles que desempeñan las creencias, profecías o leyendas en la creación y el destino de los reinos, de cómo las personas que adquieren el poder político en tiempos de crisis pueden ver modificadas sus intenciones —incluso convirtiéndose en malvados— por la fuerza de las circunstancias adversas o por las decisiones que deben tomar obligados por la simple y dura realidad del día a día. De cómo, en definitiva, los ideales deben adaptarse al contexto en que deben ser aplicados.

Sanderson envuelve a la historia, poco a poco, de un sentimiento de inevitable catástrofe, de un camino sin retorno hacia el abismo y la muerte, que va atrapando la atención del lector y subiendo el interés de lo narrado y la demandada tensión conforme pasan las páginas. Le cuesta entrar en materia, sí, pero cuando por fin las cosas se aceleran lo hacen a fondo. Como ya sucediera en el anterior volumen, lo que aquí se encuentra el lector es una historia de superhéroes, de una clase especial de personas con increíbles superpoderes —incluso llega a aparecer un trasunto de Hulk, pero que no cambia de personalidad ni pierde la cabeza al trasformarse— que están llamados a defender a la gente corriente, a los débiles e indefensos, de las fuerzas del mal, mientras se enfrentan a su vez a otros supervillanos. Uno casi espera oír de boca de alguno de los personajes aquello de «todo gran poder conlleva una gran responsabilidad». Si en El Imperio Final se asistía a la historia de cómo unos héroes derrocaban a un tirano, aquí de lo que se trata es de ver cómo esos mismos héroes intentan construir un reino después de su victoria, enfrentándose a cantidad de fuerzas adversas, demostrando, tal vez, que la construcción y mantenimiento de algo nuevo es una tarea mucho más complicada que la de derrocar a un enemigo, y que el trabajo y los reproches comienzan justo después de las celebraciones.

Después de un comienzo titubeante y algo lento, centrado en las tramas políticas y amorosas de los protagonistas, necesariamente «expositivo», el libro se embarca más directamente en la trama propiamente que da título al libro, la del Pozo de la Ascensión, y la narración se acelera y aumenta de interés a pasos agigantados, sumergiendo por fin al lector en la lucha por la asediada Luthadel y la búsqueda del Pozo. La terrible batalla y la traición que se avecina conducen la historia a un sorprendente —esta vez sí— final; aunque al contrario de lo que sucediera en El Imperio Final, en que todo quedaba bien atado como si de un volumen unitario se tratase, aquí quedan muchos hilos abiertos y preparados para El Héroe de las Eras. Aunque pueda ser cierto que El Pozo de la Ascensión comienza con excesiva «tranquilidad», superada apenas la mitad del libro el ritmo es tan arrollador y el final tan explosivo que su lectura bien merece la pena, viniendo además cargada de apetecibles promesas para el cierre de la trilogía.
2 comentarios:
Sí que da muchas vueltas durante el primer tercio de la novela, pero lo considero necesario para explorar a fondo el discurso de SAnderson sobre lo que pasaría después de que "el malo" ha sido derrotado. No es nada inverosímil lo que va narrando al respecto, lo que añade más capas a la obra. El Imperio Final es más adictiva, eso sí, pero El Pozo es más profunda
Sí. Sanderson toma como punto de partida algo que se había solido dejar muy de lado en la Literatura en general y en la fantástica en particular. Los "héroes" han ganado, bien, pero ¿qué pasa a partir de entonces? Quizá gobernar no sea tan sencillo, y eso es algo que el autor presenta de forma magistral.
También es cierto que esta novela es más profunda que la anterior, pero precisamente porque tiene buenos cimientos sobre los que construir o en los que profundizar ;-)
Saludos
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