domingo, 11 de septiembre de 2016

Reseña: Penny Dreadful

Penny Dreadful.

John Logan.

Reseña de: Amandil.

Desert Wolf Productions / Neal Street Productions 2014-2016, Irlanda / Reino Unido / Estados Unidos.

En una época como la actual, televisivamente hablando, en la que campan a sus anchas por múltiples series zombis, vampiros y fantasmas, el creador John Logan (guionista de películas como Spectre, Skyfall, La invención de Hugo, El aviador o El último samurai) nos ha ofrecido un retorno a los orígenes del género del misterio y el terror. Con unos medios técnicos justos pero bien empleados (similares a los de la primera temporada de Juego de Tronos o los de El Ministerio del Tiempo) el espectáculo opta por dar mayor importancia a las tramas de los personajes, la magnífica interpretación del elenco de actores y actrices, y el muy bien conseguido ambiente gótico y crepuscular. Sin embargo, al terminar de ver la tercera y última temporada queda la sensación de que la idea es muy buena pero el desarrollo general podía haber sido más interesante y equilibrado. Aún así, nos encontramos ante un producto hecho con mimo, casi pareciendo más una elegante obra de teatro que una serie de televisión. Veamos todo esto con un poco más de detalle.

Penny Dreadful bucea en el ambiente victoriano del que surgieron los grandes mitos del terror que aún hoy siguen presentes entre nosotros. Drácula, Frankenstein, el Hombre Lobo o el Dr, Jekyll & Mister Hide, se entremezclan de un modo novedoso en esta serie en la que se nos traslada al Londres de finales del siglo XIX.

Un heterogéneo grupo de personajes se reúnen en torno a la figura de la señorita Vanessa Ives (interpretada magistralmente por Eva Green). Esta misteriosa joven es acosada por fuerzas oscuras que amenazan con arrastrarla a una eternidad de sufrimiento y, en el proceso, sumir a la humanidad entera en una época de terror apocalíptico.

Grupo de Whatsapp del siglo XIX.
El explorador y aventurero sir Malcolm Murray (Timothy Dalton) y su sirviente y protector africano Sembene (Danny Sapani), el vaquero Ethan Chandler (Josh Hartnett) y el doctor Victor Frankenstein  (Harry Treadaway) unirán sus fuerzas a las de la señorita Ives para tratar de evitar que el mal triunfe y se expanda por el mundo. Sin embargo, cada uno de ellos arrastra consigo un oscuro pasado que, una y otra vez, surge a su encuentro para recordarles que su aparente bondad presente hunde sus raíces en hechos espantosos de los que quieren huir. Ese pasado terrible se personifica en el otro gran personaje y verdadero co-protagonista de la serie: John Clare (Rory Kinnear). Es, en cierto modo, el hermosamente trágico y necesario contrapunto narrativo de una serie que busca ir más allá del ámbito del entretenimiento para entrar de lleno en el de la reflexión más profunda. Volveremos sobre esto. Junto a todos ellos se podría decir que oscilan los dos últimos personajes principales, los desconcertantes y ambiguos Dorian Gray (Reev Carney) y Lily (Billie Piper).

Junto al elenco principal se moverán un grupo de secundarios recurrentes en mayor o menor medida que ayudarán a hacer avanzar la narración hasta su bastante predecible clímax final. Veremos aquí a los profesores Van Helsing (David Warner) y Lyle (Simon Russell), la psiquiatra doctora Seward (Patti Lupone, actriz que interpreta dos personajes distintos en la segunda y tercera temporadas), el doctor Sweet (Christian Camargo), madame Kali (Helen McCrory), el inspector Rusk (Douglas Hodge), el cherokee Kaetenay (Wes Studi) y la señorita Poole (Sarah Green) entre otros.

En la serie hay momento para el amor.
La serie está compuesta por tres temporadas de de ocho, diez y nueve episodios respectivamente en los que se desarrolla un hilo argumental coherente y continuo. No existen episodios sueltos ajenos a la trama principal y autoconclusivos aunque, en la tercera temporada, sí que nos encontraremos algunos centrados en sólo uno o dos de los personajes principales. Como ya se ha dicho, la narrativa gira en torno a las tribulaciones y peligros que acosan sin misericordia a Vanessa Ives. Sin embargo, a medida que se van desvelando los trasfondos de los demás personajes estos ganan peso y terminan por demandar más explicaciones y tiempo. Asimismo, es interesante el desarrollo que se hace del personaje de John Clare. Su trama se desliza en casi en paralelo a la del resto, con pocos puntos en común, convirtiéndole casi en un elemento ajeno a la historia principal.De hecho, según avanza la serie, casi todo el interés dramático recae sobre él y su permanente búsqueda del sentido profundo de su humanidad y su existencia. Es él el gran verso de la serie, el que dota al conjunto de un elemento poético, trágico y, al final, el que goza de la simpatía del espectador. Podría haberse desarrollado una muy interesante interactuación con la trama principal.

La primera temporada es la más interesante de las tres y logra inculcar en el espectador el interés por ver que sucede con los protagonistas en el futuro. Combina la idea de crear un grupo de "héroes" victorianos del estilo de La liga de los hombres extraordinarios con las novelas Drácula y Frankenstein, principalmente. De hecho, la trama principal sigue casi paso por paso algunas partes de ambas novelas aunque añadiendo novedades suficientes (y sorprendentes) como para que no sean iguales en absoluto. Este beber de las fuentes clásicas del género del terror gótico provoca que el espectador que conoce, aunque sea levemente, ambas historias quede atrapado en la maravillosa incertidumbre de comparar lo que sucede en la serie con lo que sucedió en los libros. El desarrollo de la trama es armonioso y ágil, hilvanando perfectamente las historias particulares de todos los personajes mientras estos avanzan en la resolución del misterio que acecha a la protagonista. Acción, suspense, algo de terror sobrenatural y erotismo (con peaje sexual incluido) se entremezclan en un maravilloso ambiente gótico, dominado por los grises y la noche.

Vanessa Ives en uno de sus momentos chill out.
La segunda temporada abre las puertas a un nuevo tipo de enemigo que, nuevamente, acecha a la señorita Ives, consciente ahora del terrible ser que pretende subyugarla y arrastrarla a un mundo de tinieblas. El grupo de protagonistas, unido por los vínculos forjados en la anterior temporada, trata de plantar cara al terror con la ayuda de un maravilloso personaje de ambiguo comportamiento y delicioso proceder presente en la primera temporada pero que ahora es casi uno de los protagonistas: el profesor Ferdinand Lyle.

Será ahora cuando conozcamos nuevos detalles del pasado de Vanessa que, a la postre, serán clave para el cierre de la temporada. Por su parte, el cowboy pendenciero del grupo, el señor Chandler, tendrá que hacer frente a las consecuencias de sus actos provocando la aparición en escena de Scotland Yard (qué lástima que la serie no haya tenido un hueco para Sherlock Holmes). Asistimos pues a una batalla desequilibrada entre el grupo de protagonistas y un grupo de enemigos de varios tipos y formas, no siempre malvados pero sí interesados en detener de un modo u otro sus acciones. Además irrumpirán nuevas motivaciones pasionales, sensuales, románticas que barrerán al bien y al mal. Frankenstein, Chandler, sir Malcom, John Clare, Lily, Dorian Gray todos se enfrentan a sus propios deseos y anhelos en una lucha interior que será en muchos momentos de la trama el motor de la serie.

La última temporada es a la vez la más endeble por varios motivos. Por un lado la trama principal en torno a Vanessa Ives no podía extenderse mucho más sin que se convirtiese en una parodia de sí misma. Por otra parte, los personajes principales se encuentran separados unos de otros por miles de kilómetros como consecuencia del agitado fin de la anterior temporada provocando que las subtramas sean historias casi completamente independientes hasta los dos últimos episodios. Se percibe en todo momento que estamos ante una temporada de fin de serie en la que los guionistas pretenden no dejar flecos sueltos en las historias de los personajes principales. Son clave ahora tres secundarios que ayudan a mover la narración hasta su final: el doctor Jekyll, la psiquiatra Seward y la señorita Poole.

"Tranquilo que no duele".
Sin embargo, pese a esa sensación de que la trama no está bien encajada sí que logra crecer de un modo coherente y bien estructurado el elemento dramático de la narración. La sensación de que todas las victorias son inútiles y que los protagonistas viven una eterna derrota es ahora dominante. La trama se convierte por momentos en algo poético, místico, tremendamente espiritual sin por ello entregarse a un misticismo chabacano. Los dos últimos episodios, tan apoteósicos como predecibles, llevarán a la protagonista principal hasta el extremo de su agonía y éxtasis particular. Vanessa Ives, espantosamente sola, debe enfrentarse a sí misma, a sus temores y anhelos. Es a la vez esclava y reina, demonio y ángel, rodeada en todo momento por las tinieblas, rendida a la que cree su naturaleza más profunda y viendo desvanecerse la ilusoria promesa de salvación que depositó en su fe cristiana. Junto a ella, o mejor dicho, cerca de ella, John Clare se enfrenta a una serie de eventos que le devolverán el reflejo oscurecido de un pasado al que ya no puede regresar y del que se verá expulsado.

¿Es Penny Dreadful una buena serie? Sí, lo es, sin ninguna duda. Tiene buenos intérpretes, hermosos escenarios y personajes con una profundidad más que desarrollada. La narración logra crear un magnífico ambiente crepuscular y trágico mientras aún con bastante buen resultado misterio, acción y drama. Pero podría haber sido una serie mucho mejor, más completa, mejor hilvanada, si las subtramas hubiesen estado más relacionadas entre sí. quizá con temporadas más largas y con más tiempo para desarrollarlo todo el resultado general hubiese sido más redondo. Nos quedaremos con la duda... si es que, como el creado de la serie dijo en una entrevista, no se lleva a cabo un "spin off" con alguno de los personajes principales.

Tiempo al tiempo.

 Conjuntivitis en un señor albino.

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