lunes, 14 de noviembre de 2016

Reseña: Futuros perdidos

Futuros perdidos.

Lisa Tuttle.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Gigamesh. Col. Gigamesh ficción # 60. Barcelona, 2016. Título original: Lost Futures. Traducción: Laura Martín. 210 páginas.

De forma bastante inconcebible durante muchos años la única obra traducida de Lisa Tuttle en nuestro país había sido Refugio del viento (Gigamesh), con el agravante, además, de tratarse de una novela de autoría compartida con George R.R. Martin, lo que no desmerece a la autora pero siembra la duda de a cuál de los dos se debía la decisión de publicarla en España. No obstante, de forma más reciente parece que este defecto se va corrigiendo, y a las antologías Nido de pesadillas (Nevsky Prospects) y Recuerdos del cuerpo (La Biblioteca del Laberinto) se une ahora esta novela que nos ocupa. Una novela que de alguna manera apela a un viejo anhelo de todo ser humano: poder volver atrás y elegir otra bifurcación en el camino de la vida tras una mala experiencia. ¿Cuántas veces, después de tomar una decisión y ver sus consecuencias, hubiéramos preferido haber elegido otro desvío? Navegando entre la intriga y el suspense, lo onírico, la cuántica, la metafísica y cierto terror psicológico —más angustioso que realmente aterrador— Tuttle bucea en la mente de una mujer solitaria por elección que, en efecto, sueña con haber elegido otros caminos en su vida.

Clare Beckett es una mujer soltera acomodada a una vida monótona que arrastra las cicatrices de una mala decisión juvenil. Su presente se encuentra falto de un auténtico propósito de futuro. Dotada para las matemáticas, carrera que no llegó a cursar pese a que le hubiese encantado, y conocedora por tanto de la teoría cuántica de realidades paralelas, sueña con poder escapar a un mundo donde las cosas hubieran sido diferentes; mas sus sueños son tan perfectos, tan reales y vívidos que más parecen auténticas vidas alternativas derivadas de haber tomado diferentes decisiones. Pero…, ¿y si de verdad lo son? ¿Puede Clare desplazar su mente para visitar otras existencias o tan sólo está perdiendo la cordura?

De cara al lector uno de los grandes aciertos de Tuttle es que la protagonista, a todos los efectos, es una mujer de lo más normal. Una contable con una vida bastante gris. Alguien con cuya vida es fácil empatizar y comprender los dilemas en que se debate. Sus problemas son los de cualquier persona corriente —que no vulgar—, desde los desengaños sentimentales al aburrimiento del trabajo en la oficina. Obviamente, también es alguien especial, pero eso el lector debe ir descubriéndolo poco a poco. Y es que ella, en sus «sueños», vive otros presentes, futuros que podrían haber sido si en el pasado hubiera tomado un giro distinto, hasta que llega un momento en que no sabe qué es sueño —si acaso lo es— y qué es realidad. Todas las decisiones tienen consecuencias de las que no se puede escapar, pero lo que nunca se podrá saber es si, de poder hacerlo, de poder cambiarlas, no sería mejor haberse quedado como uno estaba. Quizá las vidas derivadas no fueran tan perfectas como se esperaba.

Clare, por un motivo tan intrascendente como llevarse a un hombre a su cama en un momento un tanto depresivo, empezará a cuestionarse su actual existencia de una forma que creía olvidada desde su juventud, lo que hará que los viejos sueños donde las cosas eran diferentes, donde ella era otra Clare, vuelvan a ocupar su mente en unos desconcertantes momentos en que la misma se le queda en blanco. Revivirá viejos idilios y verá cómo podrían haber terminado; experimentará situaciones que podrían haber sido, sobre todo en su vida sentimental, pero que nunca fueron, y que, sin embargo, le resultan tan reales como la que ella recuerdo es su auténtica vida; conocerá los destinos por los que la vida podría haber llevado a su familia, a sus padres, si tan solo hubiera tomado un pequeño desvío; descubrirá qué hubiera sido de su vida si hubiera ido a estudiar matemáticas a la universidad como siempre había querido... La ambigüedad domina todo el relato, sin tomar partido sobre si lo narrado le está sucediendo realmente o si todo es fruto de la imaginación de una mujer atrapada en una vida que no disfruta.

Y es que además, entre un camino cada vez más frustrante, narrado en tercera persona, donde Clare empezará a descubrir no ya cuál es su vida real, sino cuál es su espíritu, su fortaleza, y donde tiene que luchar contra la incredulidad de los que la rodean cuando les cuenta lo que está experimentando —si es que se atreve a hacerlo, pues ella misma se da cuenta de que aquello tiene bastante de locura—, hay intercalados en el relato una serie de capítulos con otra voz, en primera persona, en los que alguien interpela directamente a la protagonista, a quien parece conocer de forma íntima, pero sin que esta parezca escucharla y sin que el lector sepa de quién se trata. ¿Es alguien que quiere ocupar su lugar en una existencia más benigna o una mera disociación de su mente que busca escapar de su vida? ¿Es «otra» Clare o tan sólo es ella misma hablándose en el interior de su cabeza? El delirio y la locura se encuentran a un solo paso, y toda respuesta conlleva ciertas preguntas. La protagonista es consciente de que no se puede cruzar «físicamente» de una realidad a otra, que no puede vivir otra vida como tal, que sólo puede atisbar tras el velo sin inmiscuirse ni participar, pero… ¿y si estuviera equivocada?

A pesar de la etiqueta con la que se le suele asociar, no es ésta en absoluto una novela de terror al uso, no hay nada que cause auténtico «miedo» o pavor, pero el agobio es creciente conforme va avanzando la trama, sobre todo cuando la protagonista se vea atrapada en un «sueño», en una vida, bastante asfixiante. Pero, a pesar de todo el sufrimiento y la frustración, también hay esperanza en el relato, también se vislumbran luces entre las sombras, también hay ternura. La autora consigue embarcar al lector en un juego para discernir si las experiencias de su protagonista son sueños o vidas alternativas. Las secuencias «oníricas» están perfectamente expuestas, mostrando sin fisuras la confusión que se instaura en el momento de duda en que la misma Clare no sabe si está despierta o dormida —o simplemente «ida»—. No hay una frontera clara entre sueño y realidad, no se sabe cuál de las posibles existencias de la protagonista es su auténtico punto de partida. Y la dura experiencia moldea a la protagonista haciéndola una persona diferente, aprendiendo, quizá, de sus errores, pero cometiendo otros nuevos.

Tuttle introduce de una forma de lo más fluida la extrañeza en medio de la cotidianidad, haciendo que el lector se vea involucrado en el drama que la protagonista está viviendo, que dude con ella, que anhele con ella, que desee con ella que otra vida fuera posible. Lanza una mirada muy humana al peso de los errores del pasado que toda persona arrastra, a los remordimientos por las cosas que se pudieron hacer y no se hicieron, o por lo que se hizo en vez de lo que se debiera haber hecho, y sobre el peso que todas esas decisiones y acciones —o inacciones— tienen sobre el futuro, cerrando caminos que podrían haber sido transitados con haber obrado de manera diferente. Una visión cercana sobre las relaciones personales, sobre la familia y sobre los sacrificios que requieren. Todo ello expuesto de una forma intrigante y cargada de suspense, no exenta de cierto melodrama. Lo importante para la autora no es la posible existencia de las realidades alternativas, sino lo que acceder a ellas podría suponer en la vida de una persona normal y corriente no demasiada contenta con su pasado y su presente. Lo que podría descubrir sobre su propia existencia e influencia, sobre su familia y amigos, sobre lo que dice de su propia personalidad. Futuros perdidos es una novela sobre elecciones, decisiones y encrucijadas vitales, sobre existencias alternativas... Pero, sobre todo, es la historia de una mujer que debe aprender a aceptarse, y perdonarse, a sí misma.
La magnífica ilustración completa de Corominas.
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