viernes, 2 de febrero de 2018

Reseña: Binti

Binti.

Nnedi Okorafor.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Crononauta. Sevilla, 2018. Título original: Binti. Traducción: Carla Bataller Estruch. 115 páginas.

La editorial Crononauta inicia su andadura con toda una declaración de intenciones mediante su primera publicación. Una novela corta tan rápida y agradable de leer como intensa y llena de mensaje. Una historia que, sin ningún tipo de romance, habla de amor, de entrega, de comprensión y de pasión. Hay dolor, hay sufrimiento, hay desarraigo, hay discriminación, hay prejuicios, hay muertes —abundantes—, pero, finalmente, también hay esperanza. Es una historia traumática, con un mazazo, dos en realidad, para la protagonista de esos de los que cuesta sobreponerse; pero es también una historia de diálogo, de comunicarse y alcanzar a comprender al diferente por encima de todas las diferencias. Okorafor aboga por construir puentes y de perdonar las ofensas, incluso en medio de diferencias extremas, en vez de reclamar inútiles venganzas que sólo llevan a espirales de violencia imposibles de dejar atrás. Con todas las armas y recursos que el uso de la ciencia ficción le permite a la autora, es esta una historia hermosa, tan breve como intensa, que invita a mirar de frente al «otro», a ponerse en su lugar, para enriquecer el mundo con la unión en vez de empobrecerlo con el enfrentamiento. Es también una denuncia, una mirada en diferido a nuestro propio mundo y sus injusticias históricas.

Binti es una adolescente himba que decide abandonar la Tierra dejando atrás todas su raíces al ser aceptada, gracias a sus dotes para las matemáticas más complejas, en Oomza Uni, una institución académica de educación superior situada en un planeta remoto. Acudir allí supone romper todo vínculo con lo que ha conocido hasta el momento: su familia, su tierra, sus costumbres…, e internarse en un mundo de gentes, muchos de ellos alienígenas, que no comparten su acervo y que la juzgan desde su imaginario púlpito de superioridad. Como posesión más preciada lleva un edan, un pequeño cubo estrellado forjado en un metal desconocido y que la joven encontrase en el desierto. Un objeto que tendrá gran importancia en fechas posteriores. Pues, por si el cambio no fuera suficiente traumático, una inmisericorde especie alienígena, las medusas, va a interrumpir su viaje dando un nuevo vuelco a su ya revuelta existencia. Y el edan va a demostrar ser algo más que el objeto antiguo e inerte que nadie sabe qué es o qué hace, el mero abalorio que ella tenía en mente.

El gran acierto y punto focal de la novela es su protagonista, sobre la que se sustenta el peso absoluto de la narración. Binti es la voz narradora en primera persona a través de cuyos ojos y sentimientos el lector va a asistir a todo el relato. No hay más, ni menos. Ya de entrada es una mujer, una joven, con las ideas muy claras, llena tanto de coraje para enfrentarse al gran mundo de ahí fuera como de dudas ante lo que sus convicciones le depararán. ¿Acaso es fácil para nadie abandonar su hogar y todo y a todos los que ha conocido en su vida? ¿Intentar encajar en una sociedad que la mira con desprecio? Se requiere mucho valor. El que sea miembro de la tribu himba, oriundos de Namibia, y su casi relación de servidumbre hacia los khoushi que conforman la élite de los habitantes de la Tierra, aunque no mencionado estrictamente en la trama, sí que permite a la autora un interesante paralelismo entre la historia que está narrando y la Historia colonialista del país. El contrapunto se lo dan las medusas, unos seres satisfactoriamente alienígenas con los que Binti debe conseguir un punto de conexión —si no la historia hubiera terminado muy rápido—. Una relación que empieza con muerte, en una escena auténticamente llena de terror, y que debe encontrar un puente por el que avanzar y encontrarse, por muy imposible que parezca.

La narración tiene algunos momentos algo anticlimáticos, con la tensión creciendo inexorable hasta un punto en que parece que todo va a estallar y, no obstante, de súbito se abre una válvula de escape que pone todo en orden para seguir adelante. Es en ese sentido un relato amable, que aún mostrándola no se regodea en la violencia física ni en la muerte, aunque sí que se adentre en ciertos aspectos de la violencia psicológica, como la que encierra el trato condescendiente, despectivo, racista podría decirse, de los dominantes khoush hacia otras etnias de la Tierra, hacia las minorías. Además, la trama va dejando a su paso ciertos temas relacionados para que el lector los vaya paladeando casi sin darse cuenta, permeando la mente de forma inopinada. La guerra punitiva, que nace de la devolución de un golpe y un odio largamente enquistado. La necesidad de diálogo incluso entre las posturas más enfrentadas, de encontrar un «idioma» común para poder entenderse. La apropiación cultural, los límites éticos de los métodos de investigación, el desarraigo, la identidad, la fuerza de la diversidad, el choque de la tradición y la modernidad...

La novela habla de reconciliar partes tan contrapuestas que son aparentemente irreconciliables. La cerrazón, por imposición y por elección, imperante en la cultura de Binti, los himba, fuerza a la joven a tomar una decisión imposible. Para seguir sus sueños y estudiar con las mejores mentes en la mejor institución de la galaxia debe abandonar, casi seguro que para siempre, todas sus raíces. Una vez que abandone su pueblo es muy difícil que la acepten de vuelta. Se habrá convertido de facto en una extranjera. Es así también la narración de una derrota, de la constatación de que para las minorías la aceptación en el conjunto pasa por la renuncia, por convertirse en una parte de los otros, en diluirse en el grupo, perdiendo algo por el camino mientras se intenta retener lo más posible, integrar una cultura en otra, esperando, quizá sin mucha esperanza, mejorar ambas.

La prosa de Okorafor se ciñe a una apariencia de engañosa sencillez que esconde un elaborado ejercicio estilístico, sobrio pero llena de significados, que hace que la lectura discurra con rapidez y eficacia, algo a lo que sin duda contribuye su breve longitud y la acertada traducción que consigue transmitir a la perfección el texto de la autora al lector español. La trama lineal también contribuye a esa sensación de sencillez, que no simpleza, que consigue que la historia se desenvuelva de manera fluida y fácil de aprehender. Esta primera entrega de la novela se revela como autoconclusiva, perfecta y satisfactoriamente cerrada, aunque con un sabor un tanto agridulce. Lo que ciertamente no evita que deje con ganas de poder echarle mano a la siguiente.
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