sábado, 24 de febrero de 2018

Reseña: Nueva Amazonia

Nueva Amazonia.

Elizabeth Burgoyne Cotbett.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Defausta editorial. Col. Otros mundos. Madrid, 2018. Título original: New Amazonia. A Foretaste of the Future. Traducción: Susana Prieto Mori. 185 páginas.

Publicada en 1889 y enclavable dentro del género de fantasías utópicas al que diera lugar la novela de Tomás Moro, resulta inquietante lo actual que resultan algunos de sus postulados y lo ingenuo de otros. Es triste, pero, aunque es evidente que lo hemos hecho, hemos avanzado menos de lo que pudiera pensarse. En plena era victoriana la autora especula con un futuro en que, en determinada sociedad, los derechos de las mujeres han avanzado hacia un ideal igualitario, con cierta inclinación positiva hacia el gobierno de las mujeres. Nueva Amazonia se puede considerar, así lo hace la editora-traductora de la novela en su muy interesante introducción, como un ensayo novelado, una obra que se sirve de la ficción para presentar el mundo ideal al que aspirar; eso sí, según una óptica femenina muy imbuida del reduccionismo y clasismo británico de la época, finales del siglo XIX nada menos, donde el necesario cambio de modelo en los roles de género se ve contrastada por la búsqueda de una perfección blanco-anglosajona. Presenta una muy interesante serie de cuestiones sobre las que reflexionar, invitando todavía hoy a cuestionarse el actual estado de las relaciones y los derechos entre hombres y mujeres.

La protagonista, a la sazón la propia autora dirigiéndose a sus lectores en primera persona, tras indignarse y lanzar una diatriba contra un artículo firmado por diversas mujeres que hablan contra el movimiento sufragista, una carta abierta en la que estas «ingenuas» abogan por que todo permanezca como siempre ha sido, y después de ver que todavía queda esperanza, incluso entre el género masculino, al leer una «contraprotesta» que llena de esperanza su ánimo, entra en un sueño profundo y despierta, al parecer, pasados seiscientos años, entre unas mujeres espectaculares que le darán cuenta de su nueva ubicación y del mundo al que ha llegado, Nueva amazonia. Una república igualitaria dentro de una sociedad matriarcal situada en la isla que solía ser Irlanda y en que la muchos ideales, no sólo paritarios, han sido alcanzados.

Escrita, como ya he indicado, en 1889, resulta muy curiosa la especulación del futuro histórico que presenta la autora para dar lugar a su utopía. Todo los sucesos del siglo XX, obviamente, no han tenido lugar todavía, así que esa historia del futuro —pasado para el lector— resulta en una muy curiosa ucronía en la que ciertos sucesos decisivos han llevado a una situación socio-política divergente de la real, pero al tiempo también con ciertas similitudes extrapoladas, es de suponer, de la situación que ya se vivía en la Europa de finales del XIX. De hecho, llega a haber una Gran Guerra, aunque sea menor que la que tendría lugar en nuestra realidad, que tiene como una de sus consecuencias que Irlanda quedase semi desierta, teniendo que ser repoblada con mujeres británicas que llegarían a dominar y dictar las directrices de la nueva sociedad a la que se dio paso.

Nueva Amazonia es una novela de tesis y por lo tanto toda la «trama» está supeditada a la entrega del mensaje. La autora se muestra abiertamente descriptiva de los principales aspectos de la sociedad neoamazónica, desde la vestimenta nacional impuesta a todas las ciudadanas/os hasta el tipo de industrias, estudios, oficios, dietas alimenticias o planteamientos ético-religiosos con los que viven, permitiéndose sugerentes digresiones comparativas con la situación en la Inglaterra de su propio presente. La mayor parte del relato avanza mediante la consulta por parte de la protagonista de libros de Historia que le ayudan a hacerse una idea de cómo se ha llegado hasta allí, y, en mayor medida, de las conversaciones con sus anfitrionas, en las que les interroga sobre los más diversos aspectos de su sociedad, siendo confrontada a través de sus respuestas con lo que ella ha dejado atrás.

Sirve de cierto aligeramiento, se podría decir que incluso cómico, la presencia de un individuo, también trasladado desde la época victoriana hasta esa Nueva Amazonia del futuro, que muestra los peores aspectos de la soberbia y la autosuficiencia del hombre británico contemporáneo de la autora. Augustus Fitz-Musicus reúne en sí gran parte de los defectos machistas que la sociedad de entonces tenía tan asumidos como absolutamente normales, empezando por la consideración de las mujeres como inferiores, mental y físicamente, a sí mismo. Enfrentado a una sociedad de mujeres intelectual y esculturalmente casi perfectas, se negará a lidiar con la evidencia, enrocándose en su supuesta superioridad y dando lugar a algunos de los pasajes más deliciosos, y esclarecedores, de la novela, al tiempo que sirve de contrapunto a la sensata, combativa y abierta de mente protagonista. La ironía, incluso el sarcasmo, que la autora-narradora imbuye el texto en ciertos momentos, contribuye a hacer más atractivo un relato que de otra manera podría haber resultado algo árido.

Confieso que, por muy deseable que sea alcanzar el ideal de igualdad entre géneros, la sociedad descrita en Nueva Amazonia, tanto en su génesis, el camino recorrido para llegar hasta allí, como en su mantenimiento me producen cierto miedo. Es cierto que, en su vertiente utópica, presenta multitud de aspectos positivos a los que aspirar, desde una enorme prolongación de la longevidad, la erradicación de la mayoría de enfermedades, el sufragio universal, la igualdad de oportunidades y de derechos entre sexos, el respeto mutuo, la limpieza energética y una buena cultura ecológica, el cuidado del cuerpo —parece que la filosofía imperante es la de men sana in corpore sano— y de la alimentación…

Pero, en una vuelta de tuerca absolutamente distópica, muestra una sociedad sustentada, sí, por la igualdad entre géneros —aunque algo desequilibrada a favor de las mujeres—, pero no entre personas. Un país construido sobre la desigualdad económica en el que la entrada en el nuevo Edén que se estaba creando se compra con dinero, viendo sus puertas cerradas las mujeres que no lo poseyeran. Un lugar de gentes que aspiran a la perfección física —bajo el molde anglosajón— lograda mediante medidas eugenésicas, de erradicación de los imperfectos, de eutanasia de los mayores, los disminuidos psíquicos y los recién nacidos malformados. Prácticas disfrazadas, eso sí, bajo la apariencia de generosa liberación de la carne enferma en pos del avance del alma hacia una existencia más positiva, aunque sin connotaciones cristianas. Donde el gobierno, formado por una suerte de élite femenina célibe —las mujeres que han gestado no pueden aspirar a cargos políticos—, controla todos los aspectos de la vida de sus ciudadanos, en una suerte de comunismo capitalista tendente en cierto modo a la autarquía —aunque no ceñido a la misma—, en una benevolente aunque interesada tutela de todos los aspectos de sus vidas. Donde la inmigración está férreamente controlada, con una política de fronteras poco permeables, que la imposibilita en la práctica por muy acogedoras que sean las ciudadanas con los visitantes extranjeros —siempre que puedan demostrar su valía—... Mucho sobre lo que pensar.

Nueva Amazonia es un muy interesante documento en la lucha de las mujeres por alcanzar su plenitud en igualdad de condiciones y derechos con los hombres, cuya lectura resulta incluso dolorosa en ocasiones, porque su importancia no reside tanto en el retrato del futuro sino en el de ese pasado en el que podemos, desgraciadamente, vernos todavía reflejados. La edición de Defausta, sobre todo en la certera traducción, se muestra muy valiente, enfrentando ciertos problemas de traslación explicitados en un epígrafe titulado Particularidades de la lengua neoamazónica que dan cuenta del mimo y cuidado que se han tenido a la hora de plasmar la mejor versión posible de la obra. Una lectura francamente atractiva por su valor histórico.
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