martes, 8 de mayo de 2018

Reseña: El colgante mágico

El colgante mágico.

Daniel Tejero y Roberto Malo.
Miguel Calero (Ilustraciones).

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Apache libros. Col. Apache Junior. Madrid, 2018. 36 páginas.

La literatura infantil debe ser, por encima de todas las cosas, entretenida. No todo vale y los más pequeños son un público exigente que no se deja engañar con facilidad. Pero también debe tenerse en cuenta que son un público en formación, auténticas esponjas que absorben y van asimilando, aunque en el mismo momento no se aprecie, todo lo que se les va inculcando incluso aunque sea de forma indirecta. Por eso el mensaje también importa. Hay que saber imbuir a la aventura de unos principios sólidos que les ayuden a crecer como personas provechosas para la sociedad en el día de mañana.

Espero que nadie se lleve una sorpresa si descubro que Tejero y Malo, apoyados por las estupendas ilustraciones de Calero, consiguen aunar ambos aspectos para ofrecer una obra muy equilibrada. Un cuento infantil que invita a usar los dones de la imaginación a la vez que «educa» en valores, en tolerancia, respeto y apertura de miras, con un texto cercano y fácilmente asimilable para el público infantil y unos dibujos ciertamente atractivos y expresivos —y muy adecuados además al tono del relato—.

Daniel Tejero y Roberto Malo
Kiko es un niño feliz. Le encanta leer, tiene una gran imaginación y muchos amigos, una perrita llamada Frida, cuatro abuelos,, varios tíos, un montón de primos y dos mamás, Laura e Isabel. En su octavo cumpleaños recibe como regalo un colgante hecho con mucho amor, que es la auténtica magia de hoy en día, así que se trata de un colgante mágico. Al acariciarlo los deseos nacidos de la fértil imaginación de Kiko se hacen realidad.

Para Kiko su hogar es el mejor, pero no puede evitar preguntarse, sobre todo por la actitud de algunos niños como su compañero de clase Martín, un niño un poco malhumorado y abusón que se burla de él, cómo será eso de tener un papá y una mamá, una familia como la de la mayoría de los niños con los que se cruza en el parque.

Miguel Calero
El relato hace gala de una fantasía desbordante, invitando a desarrollar la imaginación, a no ponerle trabas, a dejarla desbordarse y volar. Kiko crea su propio mundo, no como evasión, sino como sana diversión, como una forma más de jugar, a veces con un puntito de maldad, pero generalmente como una desbordante fuente de sucesos maravillosos. La historia avanza modulando su tono desde la desbordante felicidad al momento de duda, de tristeza y un poquito de oscuridad del que surge de nuevo la luz y una bella resolución. Un canto a no dejar de imaginar.

Y a su vez el cuento tiene esa vertiente educativa, de mensaje que aboga por la tolerancia, por la apertura de miras y por saber que un hogar no lo es menos por que no esté compuesto exactamente como lo que se ha venido llamando tradicional. Al final lo importante son las personas y el amor que entregan. Un hermoso mensaje transmitido mediante un libro de bella factura y cuidada elaboración. Una esperada edición que viene completada, además de con las magníficas ilustraciones de Calero, alguna de las cuales pueden verse acompañando esta reseña, con unas últimas páginas que incluyen unas pocas preguntas de «comprensión lectora» que ayudan a fijar lo leído en la mente infantil y de un par de pasatiempos que sirven de cierre perfecto. Quizá no sean sólo los niños quienes debieran leerlo y asimilar su contenido.

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