sábado, 15 de septiembre de 2018

Reseña: El secreto del orfebre

El secreto del orfebre.

Elia Barceló.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Roca editorial. Barcelona, 2017. 128 páginas.

Publicada originalmente en 2003 por Lengua de Trapo —y con varias reediciones en su haber—, Roca ha rescatado esta maravillosa novela corta añadiendo con gran acierto unas páginas inéditas del diario de una de sus protagonistas, Celia Sanjuán, mejorando aún más si cabe la que ya era una obra excelente. El secreto del orfebre encierra dos grandes historias de amor, aunque sus protagonistas sean los mismos. Una obra que habla, más que de otra cosa, de soledades y de añoranzas imposibles, pero también de atracción a través del tiempo, de deseo y pasión contenida, de amor verdadero. A través de un texto profundamente nostálgico y poético, con meticulosidad de orfebre, Barceló construye un texto tan hermoso como perfecto, con las palabras justas en el momento necesario, con la cadencia adecuada y la emoción contenida siempre a un paso de desbordarse, sobre las decisiones tomadas y las oportunidades perdidas. Una historia llena de sueños y de duras realidades, de la torpeza de la juventud y del saber estar de la madurez —que no impide seguir soñando—, de decisiones tomadas y de arrepentimientos nunca confesados, de nostalgia, dulzura y tristeza en una obra que atrapa de principio a fin.

Todo el texto es un juego temporal, con líneas cruzadas entre los años ‘50, ‘70 y finales del siglo XX que crean un rico entramado. Desde su apartamento en Nueva York, mientras nieva en la calle, un exitoso orfebre rememora primero el que había de ser el inicio de su viaje a los EE.UU., dando paso a una intensa revisión de su pasado. Embarcado en el tren que ha de llevarle a la ciudad para partir hacia el nuevo continente, en un impulso repentino decide bajarse en la estación de Villasanta, el pueblo de su infancia al que había prometido nunca volver, enclavado en la muy bien nominada región de Umbría, el «país de las leyendas». Y allí, por un inesperado desvío del tiempo, revivirá una historia que creía enterrada para siempre. Mientras vive una experiencia para la que no tiene explicación afloran los recuerdos de su juventud, con especial hincapié en el arrebatador y apasionado amor que su joven yo va a mantener de forma indeleble con una mujer bastante mayor que él, Celia, a la que todos en el pueblo conocían con maledicencia como la «Viuda negra» debido a un triste episodio de su pasado.

Barceló se sirve de este amor imposible, no aceptado por la sociedad del momento, para reflejar su pasión por los territorios perdidos del pasado, por épocas que no han de volver, como la adolescencia, pero también la madurez, con un encanto que siempre se echa de menos. Épocas llenas de futuro, de planes y donde el mundo era mucho más grande de lo que luego uno descubriría.

Escrita en la distancia justa —más páginas no hubieran aportado gran cosa y hubiesen lastrado su desarrollo— la autora hace gala una prosa preciosa sin ser preciosista, de enorme delicadeza, íntima, cadenciosa e hipnótica, emocional sin caer en ñoñerías ni excesos románticos, amable con aristas, con un estilo hermoso donde cada palabra encaja en su sitio, haciendo que la narración fluya de forma incontenible. Alargarla hubiera sido diluir parte de su esencia. Si bien la historia no deja de ser predecible en su giro argumental, parece evidente que no es la mera sorpresa lo que busca Barceló, sino entregar un relato que atrapa por su sentimiento y profundidad.

En ningún momento juega al despiste o a esconder lo que de buen principio se intuye buscando la emoción gratuita, no hay una trama compleja en sí misma, aunque sí una intrincada composición en la que, como el mencionado orfebre, la autora factura una obra cuyas piezas van encajando como una elaborada pieza de joyería, mucho más bella que sus partes. Cada detalle se antoja muy meditado, componiendo un puzzle cuatridimensional donde pasado y presente se solapan siendo el tiempo uno de los factores principales a tener en cuenta, consiguiendo de manera magistral transportar al lector al color sepia de sus recuerdos más añejos —y, de alguna manera, más queridos—.

Además, con toda la historia narrada desde la primera persona de los recuerdos del orfebre, el añadido en esta edición del otro punto de vista, el de las páginas donde Celia vierte la ilusión y dolor de su propia experiencia, de su juventud quebrada, complementa, matiza y hace crecer de forma magnífica el relato anterior, dotándolo de un enfoque que permite conocer el «otro lado», el anhelo, incomprensión y sufrimiento de quien queda atrás, y hace mucho más grande la obra.

El secreto del orfebre es una obra tan hermosa como de alguna manera triste y melancólica, donde amor y desamor van de la mano de las oportunidades perdidas, de las palabras que nunca se dijeron por puro desconocimiento, donde los sentimientos a flor de piel chocan con los prejuicios de la época y el qué dirán pesa más que lo que dicta el corazón. Una historia de desencuentros, de estar en el sitio justo pero no en el momento preciso. Melancólica y triste, no deja de tener su poso de esperanza, o al menos de aceptación. Hay personas que marcan de forma indeleble, que nunca se olvidan, aunque en el mismo momento de conocerlas uno no sea consciente de lo que van a suponer en su futuro devenir. Por ello, la vida hay que vivirla y no dejar que el anhelo imposible por tiempos pasados o por sueños de lo que ha de venir impida disfrutar de lo que sí se tiene en el presente. La obra es así una invitación a no dejar pasar las oportunidades, a no renunciar a lo que dictan los sentimientos por presiones ajenas, a aceptar los impulsos inexplicables y bajarse del tren cuando se siente que es necesario, abriéndose a las posibilidades que ello presenta. A no renunciar a vivir, aunque el recuerdo de lo que pudo ser duela como el infierno. Haceos un favor, leed la novela. Es tan sólo un momento y perdura mucho, mucho tiempo en la memoria.
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